150 años de una pasión ovalada en Argentina
La ansiedad les había ganado y el puntapié inicial se adelantó media hora de lo anunciado previamente en las convocatorias publicadas en el periódico The Standard, lectura de referencia de una comunidad británica radicada en Buenos Aires que crecía año a año, impulsada principalmente por el comercio entre ambos países y a la incipiente construcción de los ferrocarriles.
El campo de cricket de la quinta perteneciente al empresario azucarero escocés David Methven, según Víctor Raffo en el libro “El orígen británico del deportes argentino”, que ocupaba 5 hectáreas en el Municipio de San José de Flores entre las actuales Méndez de Andés, Fray Cayetano Rodríguez, Boyacá y vías del Ferrocarril, hoy barrio de Flores, fue el escenario donde 23 valientes se congregaron para dar inicio formal a un deporte que hoy se practica en más de 500 clubes dispersos en todo el país: un 14 de mayo de 1874, hace 150 años, a las 11:30 h comenzaba a disputarse el primer partido de rugby en Argentina.
Los equipos eran liderados por los señores Trench y Hogg y se encargaron de armar los conjuntos en el lugar con los hombres que se hicieron presentes, sin alcanzar el número con el que se jugaba en el ya más organizado rugby anglosajón, que disponía 20 integrantes por equipo (en 1875 pasó al actual número de 15 a nivel internacional), pero eso poco importaba cuando el espíritu de los deportistas estaba listo para la acción.
El reporte del periódico fundado por los hermanos irlandeses Mulhall, perfectamente conservado en la biblioteca de la Universidad de San Andrés, describió que “Tomkinson y Ackerley fueron incansables en sus esfuerzos por alejar el balón (de la zona de anotación)” y que Mackern estaba “siempre en los ‘scrimmages’”, término sajón con el que se llamó a las montoneras producidas para disputar la posesión de la pelota, hoy devenida en “scrum”, una de las formaciones icónicas de este juego.
Eso sucedía sin aún alterar el marcador, hasta que el balón cayó en las manos de Tyndale, quien en velocidad cruzó la línea de meta para apoyar el primer try de la historia en Argentina, aunque por la reglamentación vigente esa acción no otorgaba puntos, sino que le daba al equipo anotador la posibilidad de patear la pelota a los postes para sumar un gol, actualmente llamado “conversión”. Fue White el que, con la precisión de su pie, acertó un disparo para la posteridad.
Luego de ello, llegó el momento de un descanso para los jugadores tras el desgaste de un deporte que en ese momento tenía una alta carga de agresividad, y para la segunda etapa los de Hogg reaccionaron, teniendo a su rival acorralado en su campo, pero pese a “los 5 o 6 touch downs” (léase “tries”), la poca eficiencia en las patadas hacia los postes, sumado a las desinteligencias provocadas por la ansiedad de buscar el empate, no alteraron el marcador, dándole el triunfo a los de Trench por 1 a 0.
Esta temporada fue la primera en la que, con absoluta claridad, se comenzó la práctica de rugby, pese a que ya se llevaban muchos años de un juego sin reglas claras y mezcladas con las de fútbol, dado que ambos deportes eran, desde su origen, la misma disciplina, surgida en las escuelas inglesas y con fuerte desarrollo en los inicios del siglo XIX, pero en el que cada uno de los claustros adoptaban sus propias reglas, siendo la de la prestigiosa Rugby School la que aceptaba correr con el balón en las manos y defender con patadas hacia las piernas del rival.
Con el correr de las décadas, y a medida que las personas egresaban de los colegios y continuaban con las prácticas deportivas en universidades y clubes, la necesidad de unificar el reglamento provocó la lenta división entre ambas corrientes y derivó en la fundación de la Football Association en 1863 y de la Rugby Football Union en 1871, pero las reglas regían fuertemente en Londres, con menor aceptación fuera de la capital y, mucho menos, en otros países como Argentina, en el que se reunían británicos expatriados de distintas regiones y acordaban las leyes básicas antes el match.
La primera pronunciación en nuestro país sobre qué reglamento usar data de 1867, cuando el Buenos Ayres Football Club, “primer club de fútbol establecido en Sudamérica”, anunció su fundación en The Standard el 15 de mayo, con Thomas Hogg como parte del Comité, promoviendo la convocatoria para sumarse y manifestando la adopción de las reglas de la Football Association para sus encuentros.

Sin embargo, en búsqueda de atraer más jugadores, en la Asamblea Anual de 1868 realizaron pequeñas modificaciones en el reglamento, adaptándolo a algunas reglas “rugbísticas” como correr con la pelota en las manos, y llegando al año 1873, donde el Buenos Ayres se refunda tras dos años de inactividad a causa de la epidemia de fiebre amarilla, deciden continuar con el código de reglas adoptadas anteriormente.

En ese año se jugaron cinco partidos, todos en la cancha del Buenos Aires Cricket Club de Palermo, emplazada en donde actualmente se encuentra el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires. El reglamento continuaba siendo un híbrido, incluso, durante el desarrollo del segundo encuentro de la temporada, The Standard resaltó que “un señor estaba innecesariamente ansioso explicando cómo se juega el rugby”, disconforme con estar presenciando un espectáculo deportivo que poco se parecía a lo que conocía de sus tierras.

Fue por ello que en la siguiente Reunión Anual General del club, desarrollada el 7 de mayo de 1874 en el Amateur Fencing and Gymnastic Club, ubicado en la calle Florida 123, el presidente del Buenos Ayres Football Club, Thomas Hogg, expuso el estado financiero de la institución en el último año y se planteó un cambio de reglas por considerar a las usadas hasta el momento como “inadecuadas para la necesidad del juego”, adoptando por votación unánime las Leyes de Rugby Union y dándole inicio a una historia que ya tiene 150 años y que mantiene a Argentina entre las potencias mundiales.
*Por Patricio Fernández, periodista y creador del podcast XV Rugby Club.
