Mariano Navone: de mandar un WhatsApp en busca de sponsor a vencer a Wawrinka
Mariano Navone jugó su primer partido ATP en febrero de este año. Solo dos semanas después ya estaba en la final del ATP 500 de Río de Janeiro. Perdió en sets corridos con su compatriota Sebastián Báez, pero ¿quién le quita lo bailado? En pocos meses, el argentino de 23 años irrumpió en el circuito y ahora volvió a dar otra muestra de su potencial: venció a Stanislas Wawrinka (tres veces ganador de Grand Slam) y está en unas nuevas semifinales, en el ATP 250 de Marrakech. La historia de un jugador con un vínculo con el tenis desde su nacimiento, que casi deja del deporte y que en un año pasó de sufrir en torneos Futures a ilusionarse con el Top 50.
El 27 de febrero de 2001 nació en 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, un chico llamado Mariano Navone. El primer regalo que recibió fue de parte de su abuela y fue un sonajero con forma de raqueta de tenis. No era un deporte que caracterizara a la familia ni mucho menos, pareció más bien una profecía. Creció jugando al tenis desde pequeño y a los cinco años “ya dominaba todos los golpes”, según sus primeros entrenadores, y su familia contó que en más de una ocasión se durmió al lado de su raqueta. Cuando todavía era un niño le detectaron una desviación en su columna y un médico le aconsejó que comenzara a jugar al tenis con la mano izquierda para “compensar” el esfuerzo. Pero Mariano enseguida volvió a usar la derecha, la que quince años más tarde lo metería entre los mejores 60 tenistas del mundo.
Su abuelo paterno fue corredor de carreras y conoció a Juan Manuel Fangio. Tiene sentido, entonces, que Navone haya dicho en una entrevista: “A mí papá le gustan muchos los autos; me llevó varias veces a ver las carreras. A mí también me encanta el Turismo Carretera”. El papá de su mamá, por su parte, fue docente en la época de Raúl Alfonsín. Hoy, a los 96 años, es ciudadano ilustre de la Nación. Él, en cambio, optó por el deporte de Guillermo Vilas. Tanto, al punto que dejó de ir a su viaje de egresados para jugar un torneo. ¿Podría haber sabido cuánto fruto daría?
Cuando Mariano Navone llegó a la adolescencia, tras una larga infancia empuñando la raqueta, debía comenzar a participar de las giras sudamericanas, ya no solo de las nacionales. Pero su familia carecía del dinero suficiente y, además, tenía otros planes educativos: “La etapa de la gira sudamericana no la hizo porque no había recursos. Siempre miramos mucho lo que hacían las camadas más grandes y, en base a eso, sacábamos conclusiones. Todos teníamos dudas. Y, además, queríamos que terminara la escuela. Nunca le permití que dejara de estudiar inglés extraescolar; hoy habla bien”, confesó alguna vez su madre. A los 16 años, agotado de tanta exigencia y frustrado por algunos malos resultados (pese a ser el 3º mejor argentino de su categoría), Navone dejó el tenis. “No quería quemarme”, reveló. Pero enseguida entendió, en sus propias palabras, que “la adrenalina que le daba el rectángulo naranja no se la daba nada”. Y luego de tres meses volvió a entrenar.
En 2020, durante la pandemia, Mariano Navone, que ya había cumplido 19 años, vivía un presente complejo y no muy esperanzador. Necesitaba dinero para costear sus giras, sus raquetas, su equipo. Y comenzó a buscar sponsors. Por mail, por WhatsApp; Navone envió decenas de mensajes dándose a conocer y pidiendo patrocinio, a pesar de varias respuestas negativas. Finalmente consiguió que le proveyeran 6 raquetas, un raquetero, un maletero, una mochila, algunos grips y 3 tubos de tinta. “Después vemos lo de las cuerdas”, le dijeron. Es que nadie conocía a Mariano Navone. Pero la historia estaba por cambiar.
Durante los años siguientes, comenzó a destacarse paulatinamente y llegó a obtener algunos títulos de la categoría Challenger. En marzo de 2023, todavía jugaba Futures, e incluso acumulaba allí derrotas; y aún no había dado el salto a los torneos ATP. Pero fue en febrero de este año cuando todo cambió: 13 días después de su primer partido en el circuito, venció al vigente campeón en Río de Janeiro, Cameron Norrie, y alcanzó la que obviamente fue su primera final. Desde ese momento, el mundo del tenis comenzó a escuchar con mayor frecuencia su nombre. Esta semana, en Marrakech, dio otro golpe: venció a Wawrinka en tres sets, luego a Aleksandar Vukic, y está en una nueva semifinal. “Es uno de mis ídolos. Cualquier persona como yo, que haya nacido en 2000, 2001, es muy difícil que no haya idolatrado su figura. Los grandes partidos que hizo en su carrera, uno sueña con jugar así. Fue hermoso, disfruté mucho jugar con una leyenda. Jamás lo hubiera imaginado de chico, pero ya estoy acá”, declaró tras su victoria sobre el suizo, como si él tampoco pudiese asimilar lo meteórico de su crecimiento.
Mariano Navone está a dos partidos de su primer título ATP y sus buenos resultados lo dejan al filo del Top 50 del ranking (hoy es 60º). Enfrentará a un complejísimo rival como Matteo Berrettini; pero él, más que nadie, sabe que en el último tiempo vivió más de un milagro. Recordará aquellos mails en busca de sponsor, o lo curioso de su primer regalo; pensará en la vez que casi deja el tenis, o en todo lo que vivió en Río. E intentará demostrarle al circuito que este solo es el prefacio de su historia.

