Lechuga saludable: el lavado de cara de Alaniz a Gimnasia
En épocas arduas de inflación galopante que el precio suba nunca es un buen síntoma. La excepción a la regla es este Gimnasia del Lechuga Alaniz que lavó sus hojas con la impronta del deté y tiene lugar asegurado en la góndola. Propuesta saludable, jugadores de buen pie y la idea clara de ir siempre al frente forman parte del menú para que el hincha blanquinegro se ilusione. La mensana está servida.
De aquel equipo lento y predecible del debut con Bianco a este protagonista que toma las riendas hay un abismo. Alaniz tiene varios puntos fuertes que respaldan su idea, más allá de los resultados (que también acompañan). De atrás para adelante, encontró solidez en Ojeda, el primer acierto. El arco fue el punto flaco en el arranque y hoy tiene un nombre propio, al menos, dejó de rotar de nombres en un puesto clave.
Los laterales Cortéz y Recalde le dan vuelo y amplitud por las bandas, dejando a veces, a los dos centrales como única referencia defensiva. El entrenador busca tener la posesión y hacer ancho el campo para inocularse en campo rival el mayor tiempo posible, por eso es vital el rol de los marcadores de punta. Padilla de segundo zaguero fue otro punto positivo. Con Bianco jugó de 3 y para Alaniz es número puesto en la cueva. Experiencia y salida limpia, parte del convite del ex Boca.
De mitad de cancha para adelante bienvenida la revolución ofensiva. Antonio (la rompió contra Gimnasia y Tiro) es el termómetro de un equipo que aglutina pies sensibles en Ciccolini, Puch y Solís, más el vértigo de Romano y la referencia de un nueve faro que hoy es Spetale (pero tiene a Silba esperando en las gateras).
Alaniz cumplió diez partidos de un interinato que parece eterno: ganó cinco, empató tres y perdió solo dos. Incluso sus derrotas (ante CADU y Aldosivi) fueron injustas. Claro que esto no se trata de merecimientos, pero sí es importante destacar que aún en la mala, el Lobo mostró su propuesta inalterable más allá del score. Bienvenida sea.
