A 30 años de un Superclásico marcado por dos muertes y la “caída” del Abuelo
Era una espectacular tarde de sábado. El marco era colorido, ruidoso y estaba lleno de expectativa, como suele suceder en la antesala de todos los Superclásicos. River visitaba a Boca por la 6º fecha del Torneo Clausura con la difícil misión de revertir la historia: hacía ocho años que no lo vencía en la Bombonera. Pero un equipo encabezado por dos jóvenes surgidos del club, Ariel Ortega y Hernán Crespo, estaba listo para el impacto. Lamentablemente para ellos y para todos los que aman el fútbol, su proeza quedaría relegada por lo que ocurriría luego del partido: una emboscada de la barra de Boca acabaría con el asesinato de dos hinchas millonarios y otros varios heridos.
El arquero de River se llamaba Javier Sodero y hasta entonces era poco conocido. A los 12 minutos del primer tiempo, el cordobés que había llegado desde Belgrano empujó a Sergio Martínez y el árbitro del encuentro cobró penal para Boca. Daniel Passarella, entonces DT de River, le dio a su arquero una indicación mediante el Huevo Toresani: “Que se tire a la derecha, decile”. Pero Sodero estaba dispuesto a rebelarse, si eso lo inmortalizaría en el recuerdo del hincha de River. Y así fue: el Manteca abrió la cara interna de su pie derecho, pero el 1 adivinó la intención y le contuvo el penal, abajo y a la izquierda. Después, los dos delanteros del conjunto visitante, Ortega y Crespo, brillaron y anotaron un gol cada uno para la victoria por 2-0. River cortó así una racha de ocho años sin triunfos en cancha de Boca.
Del festejo a la barbarie
Pero lo más recordado solo estaba por venir. La alegría de los hinchas de River era total, la esperada luego de semejante triunfo, y así, cantando y saltando, se retiraron de la Bombonera. Paralelamente, una facción de la barrabrava de Boca, encabezada por el histórico líder José “el Abuelo” Barrita, preparaba una emboscada. Se juntaron en una zona cercana a las vías, en las inmediaciones del estadio, y tomaron armas de fuego que, según la investigación posterior, habían escondido allí previamente. Se escondieron detrás de una cancha de paddle y aguardaron que los hinchas de River, que caminaban por Avenida Ingeniero Huergo, se subieran a un camión; al que esperaban para atacar.
Finalmente, lo hicieron. Y una vez arriba del transporte, comenzó lo que, se desearía, jamás lo hubiera hecho. La barra de Boca empezó a dispararle a la camioneta. Uno de los que allí viajaban, de nombre Walter Vallejos y de solo 19 años, en medio del tiroteo se cayó del vehículo y murió atropellado. Enseguida, el conductor del camión bajó la velocidad, tal vez consternado por lo sucedido. Fue entonces cuando los de Boca los rodearon y comenzaron a disparar nuevamente. Cinco, diez, quince, veinte balazos. Uno de ellos tuvo como destinatario a Ángel Delgado, de 25 años, que se convirtió en el segundo asesinado de la noche. Varios metros más adelante, los riverplatenses se detuvieron, bajaron el cuerpo ya muerto de Delgado y se unieron a una pelea en la esquina entre Huergo y Brasil, que terminaría con siete graves heridos.
El principio del fin para el Abuelo
La policía llegó para intervenir, pero nadie fue detenido. Los responsables solo fueron cayendo con el tiempo, por declaraciones de testigos o entregándose. Hasta que el Tribunal Oral Nº17 llevó a juicio al líder de la 12, José Barrita, y otros siete integrantes: Jorge Freddy Cáceres Romero, Juan Daniel Silva, Jorge Darío Almirón, Edgardo Allende, Marcelo Fabián Aravena, Mario Bellusci Martínez y Miguel Santoro. Estos tuvieron sentencias diversas, de entre cinco y veinte años de prisión. Pero el Abuelo Barrita, aunque perdió su liderazgo en la barra de Boca, fue sobreseído, al no poder comprobarse que fuera el ideólogo de la emboscada, ni que hubiese estado en el lugar de los hechos. De todos modos, sí fue condenado en 1997 a 13 años de prisión (que pasarían a nueve) por asociación ilícita y extorsión. Allí pasó los últimos 48 meses de su vida, hasta que murió tras las rejas, en 2001, a raíz de una neumonía.
La sentencia que recibió Barrita se debió a lo siguiente: en 1989 había protagonizado varias amenazas hacia los dirigentes de Boca, incluido un piedrazo a la hija de Carlos Heller, por entonces videpescente del club. Y había extorsionado al presidente Antonio Alegre para que le diera entradas a cambio del cese de violencia. En el día de su entierro, en el cementerio de San Justo, la barra de Boca lo despidió cantando: “Abuelo querido, la 12 está contigo”. El tinte trágico eclipsó la que debería haber sido una fiesta millonaria, tres décadas atrás. Aquel 30 de abril de 1994 podría haber significado una tarde inolvidable para los hinchas de River. En realidad, lo fue... Pero por los motivos que nadie hubiera querido.