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El recuerdo de Osvaldo Zubeldía: Estudiantes tricampeón, su relación con Bilardo y las anécdotas más bizarras

A 53 años de la salida de Zubeldía de Estudiantes, anécdotas del DT tricampeón continental: los cambios de camisetas, la amenaza del Gobierno, el vínculo con Bilardo y la enseñanza de cómo tener sexo.

Para los más viejos fue uno de los máximos referentes del deporte y tal vez el mejor entrenador haya visto el fútbol argentino. Para los que disfrutaron del Mundial de 1986, la generación de Maradona, tal vez solo el “padre futbolístico” de Carlos Salvador Bilardo. Y para los más jóvenes, posible y erradamente, el bisabuelo del ex DT de Lanús y Racing, Luis Zubeldía; Pero más allá de ser un gran entrenador y haber influenciado a Bilardo, y de no ser pariente de Luis en absoluto, Osvaldo Zubeldía fue indudablemente mucho más que solo eso. Un entrenador de tácticas innovadoras, consejos bizarros y metodologías inéditas. Un entrenador que dejó una huella indeleble en Estudiantes de la Plata, equipo que dejó el 5 de marzo de 1971.

Osvaldo Zubeldía nació el 24 de junio de 1927 en Junín, provincia de Buenos Aires, pero su capítulo en el fútbol argentino lo comenzó a escribir allá por fines de 1965. Había sido jugador y entrenador, es cierto, (incluso supo ser los dos a la vez, en Banfield y Bohemio), pero su apellido no se había grabado aún en los libros. Asumió en 1965 como entrenador del “Pincha” y revolucionó el deporte que se conocía hasta entonces. Los propios jugadores a los que dirigió, entre los que estaban Carlos Bilardo, Juan Ramón Verón, Ramón Aguirre Suárez y Carlos Pachamé, contaron hace tiempo una historia que refleja (parte de) la filosofía de su DT. A las 8.04 de la mañana ellos tomaban habitualmente el tren, pero un día Zubeldía los citó una hora más temprano. Se juntaron a las siete, observaban la estación; Osvaldo aún no decía nada, hasta que un rebelde rompió el silencio y preguntó si “estaban todos o esperaban a alguien más”. Zubeldía, entonces, les dijo: “Ven, es­tos son los ver­da­de­ros la­bu­ran­tes; se rom­pen el lo­mo to­do el día y só­lo tie­nen el pa­que­ti­to pa­ra co­mer. Us­te­des, en cam­bio, tra­ba­jan de lo que les gus­ta. Y en­ci­ma les pa­gan. Tie­nen la suer­te de ser ju­ga­do­res de fút­bol. Si no ha­cen las co­sas que hay que ha­cer, van a ter­mi­nar así. Si nos en­chu­fa­mos y me ha­cen ca­so, va­mos a ga­nar y va a ser to­do dis­tin­to”.

Logró su cometido, porque verdaderamente los jugadores se enchufaron; tanto, que consolidaron un equipo que más tarde sería dinástico y pionero. Pionero entre los “equipos chicos”, puesto que se consagró campeón del Metropolitano 67 cortando así con una hegemonía que llevaba 36 años. Desde el comienzo del profesionalismo en 1931, solo Boca, Racing, Independiente, San Lorenzo y River habían sido campeones. Pero después de la huella del Estudiantes de Zubeldía, equipos como Ferro, Chacarita, Vélez, Lanús, y muchos otros, pudieron alzar su trofeo.

Verón, Bilardo y un equipazo. (Foto: Efemérides del Fútbol Argentino)

Las formas de Zubeldía no eran tradicionales, para nada. Tan poco lo eran que propios y ajenos lo cuestionaron al principio. Más tarde, obviamente, callaría a sus detractores con, además del título local, 3 Copas Libertadores consecutivas (1968-70), una Copa Interamericana y una Copa Intercontinental, ganada frente al Manchester United en 1968. Zubeldía instauró en el país la táctica del offside. La había extraído de Suecia y era una verdadera novedad: hacía salir hacia adelante a sus zagueros y, así, los delanteros rivales “después de estar cinco veces adelantados ya no se animaban a salir del área”. También fue el primero en proponer el entrenamiento doble turno, cosa inédita por entonces. Era un devoto del trabajo, el sacrificio, la voluntad; características que bien plasmó su equipo en los años posteriores y que le valieron tanto éxito. Atento, minucioso, detallista. Zubeldía, en ocasiones, le cambiaba las camisetas (y así los números) a sus dirigidos para despistar a rivales y periodistas. Y qué decir de los famosos alfileres. No los usaba él, claro, pero los permitía. ¿O los fomentaba?...

Juan Ramón “La Bruja” Verón no fue siempre el ídolo sacro que hoy es en el club de La Plata. Su exceso de gambeta y osadía, en sus primeros partidos, provocó más de una vez el enojo de su propia hinchada. Pero Zubeldía lo cuidaba: lo ponía de wing izquierdo un tiempo y de derecho el otro. Sabía dónde estaban sus críticos y los alejaba de su pupilo. Fuera del fútbol era igual de atento y escrupuloso. Han contado los protagonistas que el entrenador les explicaba cómo debían tener sexo: “El varón, abajo, para no cansar las piernas”, decía. ¡Y cuándo casarse! Bilardo, en primera persona, reveló alguna vez: “Le ganamos a River y entramos en la Copa. Zubeldía nos reunió: `A ver, ¿quién quiere casarse?´, dijo. `Pero ¿cómo?´, respondimos. `Sí. O se casan ahora o se casan el año que viene, durante el año ya no se casa nadie´. Llamamos a nuestras novias y nos casamos siete. Y otros siete el año siguiente”.

Año 1969 y una anécdota que ninguno en ese Estudiantes olvidará. Habían perdido la ida de la Copa Intercontinental en Italia, frente al Milan, por 3-0. La vuelta era en la Bombonera y las chances, escasas. Confesó hace un tiempo el ex arquero Alberto Poletti un suceso que ocurrió previo a la revancha: “Con un triunfo, tapábamos el desorden que tenía el gobierno. Por eso vinieron al vestuario a hablarnos así”. Se refería a la dictadura de Juan Carlos Onganía, que los había amenazado para que ganaran. Lo hicieron, podría decirse. Pero no alcanzó. Fue victoria 2-1, aunque derrota global por 4-2. Al día siguiente detuvieron y encarcelaron en Villa Devoto a Poletti, Eduardo Manera y Ramón Aguirre Suárez. Pasaron un mes en la cárcel. De allí la famosa frase que popularizó Bilardo: “Esto es gloria o Devoto”.

Con Bilardo: una relación muy especial. (Foto: Estudiantes de la Plata)

En la Selección Argentina, antes de su paso por Estudiantes, Osvaldo Zubeldía fue entrenador durante un partido. Fue 1-1 frente a la Unión Soviética. Pero luego, como la AFA no aprobó a uno de sus ayudantes en el cuerpo técnico, renunció. Faltaban 3 meses para el Mundial de Inglaterra de 1966. Más adelante en su carrera dirigió en Colombia y obtuvo dos títulos con Atlético Nacional de Medellín. ¿Las claves? “Revolucioné en el fútbol colombiano porque acabé con la siesta”, aseguró alguna vez. Francisco Maturana, uno de sus dirigidos, recuerda la frase que Zubeldía repetía como un mantra: “Menos cumbia y más doble turno”.

La influencia de Osvaldo Zubeldía es difícil de medir. Los “equipos chicos” tuvieron una realidad distinta en el fútbol local tras su paso por Estudiantes, sus jugadores lo recuerdan como un mentor, un maestro; la afición pincharrata lo rememora como el responsable nada menos que de 3 Copas Libertadores y una Intercontinental. Pero si hay alguien, por sobre todo el resto, que no es capaz de negar el dedo de Zubeldía en su propia vida y carrera, ese es Carlos Salvador Bilardo. Heredó sus hábitos, su metodología, sus valores. Hace tiempo contó “El Doctor” cómo fue, desde joven, impregnándose de la filosofía de su “padre futbolístico”: “Cuan­do íba­mos de gi­ra a Eu­ro­pa y nos da­ba li­bre, yo le pe­día per­mi­so pa­ra ir­me con él, que se jun­ta­ba con los técnicos más im­por­tan­tes de allá. A mí me en­can­ta­ba la tác­ti­ca pe­ro no sa­bía de­ma­sia­do y Os­val­do me en­se­ñó mu­cho. El Bo­cha Maschio, por ejem­plo, a mí me pa­sea­ba por to­da la can­cha y Os­val­do me en­se­ñó a mar­car­lo”.

Osvaldo Zubeldía falleció el 17 de enero de 1982 en Medellín, mientras apostaba en el Hipódromo a una carrera de caballos. Pero impoluto quedó su recuerdo desde entonces. Mírese si no, lo que hace tiempo declaró Bilardo. Era junio de 1986 y Argentina se había consagrado campeona del mundo hacía instantes. Le preguntaron a su técnico en qué estaba pensando. No nombró a su familia, ni a Maradona, ni a la medicina: “En este momento no pienso en mi familia, en nada. Pienso en Zubeldía. Yo creo que siempre estuvo al lado mío, desde que falleció. Él tendría que estar acá”.