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Gimnasia, a 90 minutos de pintar el presente de blanco y negro

El Lobo tiene una cita para seguir alimentando su rica historia y empezar a gestar un futuro soñado.
El Víctor, en algún lugar, debe estar sonriente.
El Víctor, en algún lugar, debe estar sonriente.

Hay tantos nombres ilustres en la historia de Gimnasia que harían falta un millón de caracteres para poder citarlos con nombre propio. Es que justamente Gimnasia es eso, un pasado tan fuerte que marcó al fútbol mendocino para siempre. Hoy, todo ese riquísimo pretérito perfecto simple puede pasar a conjugarse en presente, para darle a estos tiempos de 2.0 un baño de blanco y negro.

Cuántas veces se alargó la sobremesa del domingo con las gestas del Lobo del 70, con las locuras de un tal Víctor a la cabeza. Cuántas veces escuchamos, lo más jóvenes, a Los Compadres humillando a San Lorenzo en el mismísimo Viejo Gasómetro con un árbitro parando el partido para evitar que la hecatombe futbolera siga. Los jueguitos de Legrotaglie con las mandarinas, el Coca-Cola a Potente y los goles de tiro libre, inagotables, que se repiten como un loop interminable.

La galería de ídolos no tiene final del pasillo porque también es eterna: Documento Ibáñez, Cachorro Aceituno, Juan de Dios González, Polaco Torres, Darío Felmnan, Cochina Olguín, Chueco Vicino, Panza y Pancita Videla, el Mago Oga. No alcanzan los dedos para tanto talento junto repartido a lo largo del tiempo.

El equipo que recuperó la memoria indeleble del club.

Todos, claro, con el Maestro guiando desde el cielo. Que jodido, el destino, digo. Justo ese Dios de carne y hueso con el 8 en la espalda al que aferran los mensanas no estará al costado de la cancha mordiéndose las uñas de los nervios. Donde sea que habite, seguro tendrá, desbordando de sus comisuras, la sonrisa picaresca de siempre.

A ese cielo apunta el Lobo de los milagros. Mirá que pasó agua turbia por debajo del puente. Mirá que hubo descensos y partidos fuleros para archivar rápidamente en el olvido. Entrenamientos sin agua caliente, humedad y techos que se llovieron. Maniobras para poder pagar sueldos, ingeniería para conseguir sponsors y jugadores que se fueron perdonando deuda.

El pasado de Gimnasia tiene tanto oro que encandila, aún con lo malo del tiempo más reciente y borrascoso. El "Lobo toque" como un slogan imborrable que penetró las generaciones para volver a estallar en esta campaña gracias a un equipo que encendió la ilusión e hizo entusiasmar nuevamente a su pueblo. Después de la mala reciente, asoma un futuro prometedor. Un futuro que será, pase lo que pase, en blanco y negro. Como siempre.