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Gimnasia: una clasificación en blanco y negro

El Lobo en modo viejos tiempos: eliminó al cuco de San Martín y quedó a 90 minutos de la gloria.
El Lobo va por la gran final. Foto: Gimnasia y Esgrima
El Lobo va por la gran final. Foto: Gimnasia y Esgrima

Para aquellos que somos un poco más jóvenes, aquel glorioso Gimnasia modo orquesta que tocaba bajo la dirección del Víctor es casi como un cuento. Cuántas veces escuchamos a los más grandes hablar de la gesta del Viejo Gasómetro, del equipo de ensueño, del baile a Potente, de la pegada de Legrotaglie. Pero todo eso quedó allá lejos y hace tiempo, arriba de la sobremesa del domingo, hasta hoy.

El Lobo logró una clasificación como marca el peso de su historia y jugará la gran final del Reducido. Sí, contra todos los pronósticos y las malas vibras, eliminó al peso pesado de San Martín, en su casa y con desventaja deportiva, y ahora va por la gloria máxima ante el Verdinegro sanjuanino.

Lo soñó durante décadas y lo empezó a palpar en una campaña que ya es memorable, desenlace del último capítulo al margen. Fernando Porreta, su presidente, fue clarito: "Nos armamos para ascender", y el anhelo va tomando forma de realidad. Los refuerzos fueron aciertos, la llegada de Medrán terminó con la cocción que había arrancado Alaniz y el equipo adoptó una identidad que ratificó partido a partido.

Silba y el gol de la clasificación.

Y pensar que el arranque con Chaucha Bianco fue bien light. Gimnasia levantó su vuelo y comenzó a solidificar sus bases para convertirse en un equipazo. Con la seguridad de Matías Tagliamonte en el arco cuando el puesto era un pandemonium (pasaron sin éxito Ojeda, Petruchi y Montagnino) y con la solidez defensiva que le dieron Mondino, Padilla y Recalde. A ellos hay que sumarles el contratiempo en el lateral derecho, porque Cortéz, Nadalín y Torres dieron la talla al margen de las lesiones y los imponderables que sufrieron.

Antonio-Antonini formaron el doble cinco para marcar los tiempos del equipo y el tridente de fuego de Romano, Solís y Puch le dio el salto de calidad del medio hacia adelante, donde espera un Silba en modo voraz. Por las dudas, el recambio siempre hizo el aguante: Meritello, Barboza, Rinaldi, Spetale, Ciccolini o Espósito a la orden, como para que la estructura no se resienta ante las variantes.

En el horizonte próximo espera San Martín de San Juan, en duelo/clásico cuyano. Hay solo 90 minutos de distancia con la gloria, para poder coronar una temporada que ya es de ensueño. Mendoza está otra vez en la pelea, como ya lo hicieron Independiente Rivadavia y Deportivo Maipú el año pasado. Y Gimnasia sonríe, porque en la era de Instagram y el minuto a minuto permanente todavía hay lugar para el blanco y negro.