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Oldrá: "Tengo muy claro el lugar que voy a ocupar en la vuelta al Gambarte"

Viaje al lado B del Gato: la tranquilidad de su hogar, los horarios raros y su faceta romántica. El día a día de un tipo que no cambió en nada sus hábitos con el correr de los años.

El Gato Oldrá responde al WhatsApp con la cercanía de un tipo que parece más un amigo del barrio que el entrenador de un equipo de Primera División. No hay clavada de visto, tampoco oculta el tilde azul. Daniel Walter siempre está al servicio de los medios mendocinos, sin caretas ni fórmulas extrañas. Abre las puertas de su casa y también desnuda un poco su forma de vivir, esa que sigue inalterable al paso del tiempo.

"Sigo siendo el mismo de siempre. Hace 40 años que estoy en el fútbol y no voy a cambiar", responde desde la comodidad de su sillón. En la tele de casa siempre hay fútbol, a veces por partida doble, algo que el míster confiesa. Trata de ver todo lo posible, aunque por ahí, la rutina lo obliga a cambiar. En tiempos de hogar, cuando las concentraciones están lejos en la rutina de la agenda, el Gato cena cerca de las 21 y emprende viaje hacia el sueño, siempre con la radio pegada a su oreja.

A fin de año cumplirá dos años sentado en el banco del Tomba.

Su despertador interno suena a las 4 de la mañana y ahí arranca su jornada. Se levanta en silencio para no despertar a su esposa y comienza con las comunicaciones con su cuerpo técnico: "Me quedó acá en casa aprovechando a hacer las cosas que no puedo hacer cuando llegamos al predio. Aprovecho está soledad del arranque de la jornada para eso". 

Aunque Oldrá intenta despegarse del lado feroz que significa la picadora de carne del fútbol argentino. Lo vivió como jugador, como entrenador y como coordinador, siempre para el lado de su Godoy Cruz, confesando en más de una oportunidad que estar en el banco de suplentes es una circunstancia: "Ya vamos para dos años. Creo que yo y Eduardo Domínguez (de Estudiantes) hemos sobrevivido tanto tiempo", dice, a modo de cuenta. El Gato no se equivoca: a fin de año cumplirá 700 días como DT de manera ininterrumpida.

En la charla hay lugar para recordar a Gabriela, su gran compañera, la que lo banca en las buenas y en las malas: "Trato de aprovechar el tiempo que estamos juntos. Entre viajes, concentraciones y partidos no es mucho. Tengo mi lado romántico y trato de mantenerlo para que siga la llamita encendida", dice entre risas. Compañeros, y no de zaga, se conocen con una mirada después de tantos años como dupla.

Oldrá no sabe vivir sin el fútbol y le fascina, aunque desnuda un lado un tanto oscuro: "Todos piensan que ser futbolista es fácil. Se quedan con las redes sociales, con la forma de vida y lo que se ven en las fotos. Hay un esfuerzo enorme porque la mayoría son chicos que la pelean mucho, que vienen de lugares complicados. Desde chicos trabajan como profesionales, dejando de lado el crecimiento, los cumpleaños, las fiestas. No es todo tan lindo como la mayoría cree".

Ejemplos de esto tiene de sobra: "Yo me perdí el nacimiento de mis primeros dos hijos por estar concentrado. Es más, al primero lo conocí a los treinta días. Pero eso no es todo: un viernes despedí a mi viejita, fuimos al Monumental, le ganamos a River Plate y cuando volví ya no estaba. Son cosas que te marcan para siempre", recuerda con los ojos vidriosos.

En su posible cuenta regresiva, volver a su casa asoma en el horizonte. El Feliciano Gambarte aproxima su reestreno, y el Gato sabe muy bien dónde estará: "Tengo muy en claro que voy a ocupar el lugar que me toque: como entrenador o como hincha, ahí voy a estar como todos los que amamos a este club. La vuelta al barrio va camino a ser una hermosa realidad".