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El motivo por el que la Lepra tuvo un festejo muy medido tras clasificarse a la final en cancha de Maipú

El plantel completo de Independiente Rivadavia se dejó el pasaje a la gran final y la celebración fue medida y respetuosa.

Independiente Rivadavia desborda de alegría tras el pitazo final. El 1 a 0 por el tanto de Matías Reali es un grito de desahogo por parte de un plantel embanderado detrás de un sueño llamado ascenso. Quedaron segundos de espera y agonía con la oreja pegada en la radio hasta consumar la igualdad de Atlético de Rafaela con Chacarita en Santa Fe y bienvenida final.

La Lepra y una alegría interminable.

Esos segundos de alegría, de saberse finalistas por un lugar en la elite del fútbol argentino fueron en el césped del Omar Higinio Sperdutti con un gesto de ambos planteles en un pacto de caballerosidad. Todos los protagonistas se saludaron sabiendo que fueron intérpretes de una campaña memorable para el fútbol de la provincia de Mendoza y la fiesta fue futbolística más allá del triunfo leproso.

Hoy ganó Mendoza, en un duelo memorable que será recordado por mucho tiempo que fue realmente apasionante. Por eso la algarabía medida y contenida, lejos de cualquier tipo de polémica ni disturbio. Sin chicanas ni agravios. Adentro se jugó con uñas y dientes apretados pero luego la bondad desbordó a ambos equipos que siguen rumbo a la ilusión.

Automáticamente concretada la victoria y el boleto para jugar la gran final que se viene, toda la delegación Azul se subió al micro que trasladó al plantel completo rumbo al Bautista Gargantini. Sin bañarse y sin perder tiempo, enfundados en un solo abrazo de alegría interminable, esperando el recibimiento tremendo que los aguardará en La Catedral Azul, que empieza a colmarse de almas leprosas.