ver más

¡Mirá que te bobo!

Con las estiradas de Dibu Martínez en modo Goyco más un Messi intratable con los pies y la lengua, Argentina sacó a un chivo Países Bajos en los penales y sueña en grande. ¡Vamos todavía!

A la cara de habitual de pocos amigos de Louis Van Gaal se le estrellan, todas juntas, las palabras de Dibu Martínez y Leo Messi post victoria. El entrenador, viejo zorro, picanteó la previa del partido y el tiro le salió por la culata: su Países Bajos no corría con ventaja en los penales y Messi no es uno menos al momento de defender (en realidad, nunca).

Esas declaraciones fueron pasto para las fieras, porque activaron el nervio del 10 y del arquero, que dieron la cara para salvar al equipo en una parada brava de cuartos de final. Por ellos, y por un esfuerzo colectivo enorme, Argentina se metió entre los cuatro mejores del planeta y va con Croacia en semis. Alegría nao tem fim.

Fue un partido casi perfecto, y ese casi no es total por los quince minutos finales, cuando la marea naranja llenó de torres el área argentina y los centros eran imposibles de desactivar.

En 74 minutos se vio un equipo sólido, y acá hay un acierto de Scaloni: con Di María entre algodones, el cambio de esquema a cinco defensores lo hizo mejor en el funcionamiento.

Romero, Otamendi (gracias por tanto, General) y Lisandro formaron una muralla de arriba y de abajo, devorándose a un Depay desconocido.

Molina, de enorme primer tiempo, y Acuña, de soberbio complemento, le dieron vuelo por las bandas y fueron claves en los dos goles. El lateral derecho coronando un pase NBA de Leo para abrir la historia, y Huevo, con una enorme jugada que terminó en el penal del segundo tanto.

Van Gaal leyó bien el partido en la previa y retrasó a Gapko para que encimara a Enzo Fernández. Así, Argentina no tuvo salida limpia del fondo en los pies sensibles del ex River.

La mitad de la cancha fue un tres versus tres porque también tuvo los duelos De Paul-De Jong y Mac Allister-De Roon. De ahí se explica la paridad en la posesión de pelota (51-49 % en favor de los europeos).

Acá el tema es Messi, que se vuelve a caer del pizarrón. El 10 flotó entre los volantes y la línea de tres rival e hizo lo que quiso. Asistencia top a Molina, gol de penal y la desfachatez de su potrero inagotable para aguantar la pelota y que el equipo respire con la tenencia, algo que se quebró en ese final de montaña rusa.

Al entrenador neerlandés le quedaba una carta y la usó a la perfección. Sin encontrar los caminos con el juego asociado que pregona en su discurso ("Habla mucho del juego y terminó con pelotazos", Messi dixit) armó un 4-2-4 con dos torres de doble nueve con los ingresos de De Jong y Weghorst. Por afuera, wines a pierna cambiada: Gapko, derecho a la banda izquierda y Berghuis, zurdo en la raya diestra, para minar de centros el área albiceleste. Y la fórmula le dio resultado.

Scaloni equivocó los cambios. Con el 2-0 se confió: sacó a Cuti Romero y a Acuña por un desorientado Pezzella y un dubitativo Tagliafico. Las amarillas no son excusa porque los dos eran de los puntos más altos del equipo.

Para colmo de males, por el lado de Tagliafico llega el centro del descuento y el defensor del Betis hace la falta evitable que deriva en el empate cuando la eternidad de tiempo adicionado por Lahoz se escurría.

Hasta la variante de Lautaro Martínez por Álvarez es errónea, no por el Toro sino porque Julián, tácticamente, estaba haciendo un partido perfecto en lo defensivo tapando las subidas de Dumfries por derecha.

Países Bajos levantó un resultado imposible.
 

Y llegó el alargue. Con una cabeza derrumbada por el mazazo inesperado, sobrevivir a los primeros quince minutos era clave. Argentina bancó el cimbronazo y dio sintomas de estar vivo.

En la segunda mitad lo pudo ganar. Adentro Di María para quemar las naves. Lo tuvo Enzo con un remate que se desvió, Martínez también (por duplicado) y Angelito con un córner casi olímpico. Ya con los penales a escasos segundos, Fernández metió una bomba en el poste y a seguir sufriendo.

Hay penales como en 2014 y hay también un manojo de nervios que se devora cuanta uña de por ahí. Dibu Martínez era desventaja, según Lucho Van Gaal, y qué equivocado estaba: estirada en modo Goyco para sacarle los remates a Van Dijk y Berghuis de arranque. Nosotros hicimos los de Leo y Paredes. Ellos descontaron con Koopmeiners y el bobo de Weghorst.

Montiel (justo un 9 de diciembre) dejó el partido match point pero hasta ésto parecía guionado, porque Enzo Fernández desvía el remate de la gloria.

Y los fantasmas de nuevo con el gol de Luuk de Jong y esa responsabilidad de un penal que pesa un iceberg para Lautaro, que no falla e inicia la carrera de todos desde la mitad de cancha hacia la eternidad.

Dibu se acordó de Van Gaal.

¡Estamos en semifinales, carajo! Después del porrazo ante Arabia, de ganarle a México, Polonia y Australia y de sufrir en cuartos con un partido de esos que se van a repetir hasta el hartazgo durante los próximos cincuenta años cuando se hable de gestas mundialistas.

Con el hambre de Dibu, con un Messi único en lo que hace y maradoneano en lo que dice y con un equipo que nos ha devuelto las ganas de sonreír mientras el país se incinera. Ahora, que se venga Brasil. Ah no, cierto.