El día que Kobe Bryant se convirtió en ‘La Mamba Negra’

El día que Kobe Bryant se convirtió en ‘La Mamba Negra’

Kobe Bryant empezó a recibir su apodo por todos conocido tras un grave suceso que provocó un cambio de imagen.

MDZ Deportes

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Kobe Bryant, el sensacional jugador de los Lakers de Los Ángeles, se retiró al final de la temporada 2015/16 como uno de los grandes anotadores de la historia del baloncesto y con cinco títulos de campeón de la NBA en su bolsillo. Pero Kobe también será recordado por aquellas devastadoras alegaciones de delito sexual que amenazaron seriamente con destruir su excepcional carrera deportiva durante la pasada década.

Los hechos ocurrieron en 2003. Una empleada del Lodge and Spa at Cordillera, un hotel de Colorado en el que se alojaba Kobe mientras esperaba operarse de su rodilla lesionada, le acusó de haberla violado. Bryant, por su parte, siempre sostuvo que hubo sexo entre los dos, cierto, pero que aquello fue algo consensuado por ambos protagonistas. Sin embargo, se presentaron formalmente cargos de delito sexual contra él y sólo un acuerdo extrajudicial con la supuesta víctima le permitió salir airoso de aquel espinoso tema.

Aunque posteriormente Kobe y sus Lakers jugarían tres Finales de la NBA, ganando dos de ellas de manera consecutiva, el impacto de aquellas alegaciones siguió proyectando una larga sombra de duda durante el resto de su carrera. El propio jugador admitió que su mujer perdió al bebé que estaba esperando debido al estrés que le generó aquel episodio y aseguró también que aquellos hechos supusieron un «punto de inflexión» en su carrera y en su vida. Bryant, por cierto, seguía casado con su primera mujer y es padre de dos hijas.

Kobe perdió muchos patrocinadores -que le reportaban pingües beneficios, por cierto- en los días posteriores a los hechos, vio como las ventas de su camiseta caían a plomo y su imagen, antes limpia e impoluta, quedó borrada de la mente de los aficionados y de los patrocinadores para siempre.

Cambio de imagen: de la pulcritud al desafío

Fue Nike, la compañía, el patrocinador y el consejero que contribuyó a salvar a Kobe Bryant -al personaje Kobe Bryant, mejor dicho- de sí mismo.

Su anterior patrocinador de ropa y zapatillas deportivas, la marca alemana Adidas, había creado para él una imagen pulcra y casi neutra. Como Nike había hecho con Michael Jordan unos años antes. Pero a Adidas, y al entorno de Kobe, se les fue tanto la mano en eso de la pulcritud que el público consideraba a Kobe un personaje falto de carisma y de punch; en otras palabras, su imagen no vendía zapatillas.

La compañía estadounidense Nike, que ya era el patrocinador principal de Kobe durante el nefasto affaire de Colorado, siempre se mantuvo al lado de su estrella al revés que otros sponsors. Los creativos de Nike -y los de Wieden & Kennedy, la compañía de publicidad siempre asociada a Nike- decidieron crear para él una imagen mucho más desafiante; mucho más cercana al perfil de antihéroe que al de héroe. Surgió entonces el apodo que lo cambió todo. Surgió The Black Mamba.

Pero, tal y como se estudia en la primera clase del primer día del primer curso de la carrera de Económicas o de Business, ninguna estrategia de mercadotecnia funciona con un deportista de élite si éste no gana partidos. Y como los Lakers empezaron no sólo a ganar partidos sino a conquistar títulos de campeón de la NBA también, Kobe pasó de ser villano a ser héroe a ritmo de trofeos Larry O’Brien conquistados.

Y así, tan solo siete años después del tremendo episodio de Colorado, justo en 2010, Kobe Bryant se convirtió en el deportista más popular de Estados Unidos. Y, por cierto, Kobe nunca ha dejado de estar en el top-10 de este ranking desde entonces.

Es cierto que, alguna que otra vez, las alegaciones contra Kobe, el recuerdo de aquel nefasto día, vuelve a la superficie. Recuerdo que cuando los Lakers eligieron a Larry Nance júnior en 2015, al chaval no se le ocurrió otra cosa que escribir un tuit que hace que los mensajes entre el barcelonista Piqué y el madridista Arbeloa parezcan felicitaciones de Navidad, dicho sea de paso. El hijo del gran Larry Nance escribió en Twitter algo así como: «Espero que Kobe tenga las manos quietas en Denver cuando vayamos a jugar allí».

Nance Jr. pidió perdón públicamente por su metedura de pata y el propio Kobe estuvo muy benévolo con su bisoño compañero de equipo alegando que «[Nance Jr] es solo un crío. Todos hemos dicho y hecho cosas de las que luego nos arrepentimos».

Kobe lo sabe mejor que nadie.

Esta historia del tuit de Nance, a pesar de su limpia resolución, no deja de ser un recordatorio, uno más, de cómo toda historia tortuosa nunca acaba por enterrarse del todo. Pero también es un ejemplo de cómo la imagen de Kobe Bryant se recuperó totalmente.

La corporación Nike, una vez más, demostró ser la mejor de las empresas vinculadas al mundo del deporte a la hora de crear una estrategia de apoyo a una de sus estrellas. El patrón es siempre el mismo: Nike hace florecer a un personaje -casi siempre falso- a la vez que oculta con éxito las miserias de la persona que habita tras ese personaje irreal. Nike lo ha hecho con Michael Jordan, lo hizo con Tiger Woods y lo volvió a hacer con Kobe Bryant, entre otros.

El lado oscuro de los ídolos… y de Kobe Bryant

Es un hecho probado, es una estrategia de la empresa, de hecho, que Nike sólo abandona a su suerte a los deportistas a los que patrocina cuando éstos han traicionado manifiestamente a su deporte: bien por vía del dopaje, como en el caso de Lance Armstrong o de María Sharapova; o bien cuando las declaraciones del deportista son tan escandalosamente brutales que simplemente tornan al personaje en un ideal absolutamente indefendible: como en el caso del boxeador Manny Pacquiao.

Kobe Bryant, el sensacional jugador de los Lakers, compró su libertad firmando un cheque de seis cifras a su acusadora. También dejó tirado a su compañero de equipo Shaquille O’Neal cuando la policía detuvo al gigante y le tuvo bajo custodia en las dependencias policiales. Pero Kobe cambió su número de camiseta, ganó un par de títulos de campeón de la NBA y abrazó su lado oscuro creando junto a Nike el personaje de Black Mamba. Y entonces toda la oscuridad pareció ocultarse en el olvido.

Esto, tal vez, nos haga cuestionarnos la moralidad -o la falta de moralidad- en el mundo del deporte; mucho más que nos interpela acerca de la moralidad -o la falta de moralidad- del propio Kobe Bryant. Pero esa no es la esencia de esta historia. En realidad la moraleja de esta historia es que el mundo del deporte, y en gran medida los aficionados al deporte, casi siempre olvidan, y casi siempre perdonan, el lado oscuro de sus ídolos. Y supone también la constatación -una vez más desde su fundación en 1964- de que Nike siempre estará con sus patrocinados; pase lo que pase y hagan lo que hagan (salvo que esos patrocinados admitan que se han dopado, o salvo que sus declaraciones sean tan políticamente incorrectas que no haya defensa posible alguna).

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