Presenta:

Panacea (Las sociedades anónimas y el fútbol)

¿Está dispuesto a un nuevo fracaso Macri, ya no como presidente de Boca, sino de todos los argentinos? ¿Seguirá el Estado sosteniendo una ficción llamada el deporte más popular del mundo?
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Del latín panacēa, y este del griego πανάκεια panákeia.

1. Medicamento a que se atribuye eficacia para curar diversas enfermedades.

2. Remedio o solución general para cualquier mal.

El fenómeno no es local aunque aquí tenga varias derivaciones, por lo menos, insólitas. La locura se ha apoderado del futbol, de su manejo y administración, en todo el planeta. No hay motivos para separar a países altamente desarrollados con otros pelotones de naciones que pugnan por algún lugar de dignidad en sus indicadores sociales y económicos. Sucede lo mismo en Inglaterra, Uruguay, Italia, España o Argentina: el fútbol no es capaz por sí mismo de sostener su andamiaje económico.

La panacea que se baraja hoy en el fútbol argentino es recurrir a la reconversión de los clubes de fútbol en sociedades anónimas. La idea tuvo como pionero al entonces presidente de Boca, Mauricio Macri, y en estas semanas recobró fuerza, a partir de la aparición de un brazo ejecutor, el del mendocino Daniel Vila. Quizá Macri vuelva a fracasar en esta nueva oportunidad, aunque ahora como jefe de Estado.

Claudio Ramos, hijo de quien fuera creador del diario "Ambito Financiero", conocedor de los laberintos de AFA y de administración de clubes (estuvo a cargo de San Miguel, aunque su sueño es presidir Boca Júniors), es taxativo en este asunto:

En todo el mundo dan pérdidas las empresas futbolísticas, ¿en qué mejorarían aquí?



El mercado del fútbol se ha vuelto loco. Transcribo lo que opina sobre la Premier League, Timothy Bancroft-Hinchey, Editor de Deportes del Pravda: "Tan inflado está el mercado que los jugadores mediocres hoy se venden por 50 millones de libras esterlinas. Pero con un acuerdo de televisión de 5.100 millones de libras, los clubes tienen dinero para gastar y esta temporada ya doce clubes han roto sus récords de gastos. 

Los precios inflados y el movimiento frenético de los jugadores muestran que el fútbol es una industria en crecimiento: en 2006, el gasto colectivo de los clubes de la Premier League fue tan sólo 260 millones de libras esterlinas


En Argentina sufrimos este problema en doble proporción: en los últimos años cada uno de nosotros ha sostenido un sistema perverso, por el cual se ha subsidiado a clubes con cientos y cientos de millones de pesos (además que se nos bajaba línea en cada transmisión televisiva como si estuviéramos en la cadena oficial de la Guerra de Malvinas), y hemos visto el florecimiento de una casta privilegiada. Dirigentes hacerse millonarios de la noche a la mañana, delante de nuestras narices y con nuestros dineros, ¿a cambio de qué?

Nuestro país es el mayor exportador de futbolistas, junto a Brasil, del mundo. Varias de esas operaciones no soportarían el rigor de la ley, en caso que hubiera sido una decisión poner la lupa allí: deudas previsionales, impositivas, fuga de capitales, evasión fiscal y un largo etcétera. 

No parece sorprendernos que dirigentes, como la mano derecha de Aníbal Fernández, Meiszner, o empresarios como Alejandro Burzaco o Pablo Cosentino, estén presos por delitos vinculados con algunos de estos ítems. Un gol, salvador, suele borrar el desatino que impera en el fútbol argentino, peor aun cuando se relaciona con las cuentas y arcas del Estado. 

Lo increíble es que vamos perdiendo por goleada, casi al ritmo de un país que se conmueve (¿se conmoverá tanto?) por sus índices de pobreza e indigencia


La torta del futbol, más que postre, plato principal de dirigentes ricos y clubes pobres. 

El proyecto de sociedades anónimas, devenidas dueñas de clubes no ha sido explicado en detalle. Es lícito formularnos varias preguntas:

¿Cuál sería en tal caso la participación del Estado? O en términos más entendibles para la popular: ¿cuánto dinero más deberemos seguir "invirtiendo" los argentinos para tapar deudas millonarias, irresponsables y fraudulentas?

¿Cuántos son los clubes que realmente lograrían seducir a inversores? ¿Y qué hacemos con el resto, los que no tienen capacidad deportiva, infraestructura ni base societaria consistente? ¿Desaparecen, de un día para otro?

Conviene repasar lo que sucede en España con el Málaga, propiedad del jeque Al-Thani, que suele prescindir hasta de sus hombres más de confianza  -el caso reciente lo protagonizó su ex asesor Ahmed Al-Rajehi- cuando los números no cierran (para Claudio Ramos no cierran nunca, en ningún club del mundo) y los resultados deportivos quedan lejos de las pretensiones y objetivos. 

Tampoco habría que irse tan lejos: Independiente Rivadavia y Gimnasia y Esgrima, aquí, son muestras del funcionamiento de sociedades anónimas casi de hecho, sin rumbo en lo organizacional y discontinuas en su desempeño en resultados deportivos.

¿Cuál es el precio que Macri está dispuesto a pagar para avanzar en un sueño que bosteza?

¿El fútbol debería seguir siendo una ficción en una Argentina con prioridades más elementales?

La realidad no es redonda ni cuadrada, sino inevitable. El presidente debería saberlo y ser consecuente: cambiar algo para que nada cambie es gatopardismo, justo lo contrario para lo que fue elegido al frente de la Casa Rosada.