A Daniel Oldrá lo traicionaron
Le clavaron un puñal por la espalda; por eso llora. No respetaron su historia, su dedicación, su amor por los colores; por eso llora. Porque los mismo que decían que lo bancaban ya hablaban con otros a sus espaldas. Otro putea y se va. Él no, llora y se quema por dentro.
Pareciera ser que en los tiempos que corren el buen tipo es más vulnerable que otros.
Hoy no hablamos de rendimiento deportivo, de tácticas o, para el caso, cuestiones superfluas. Hablamos de que, una vez más, el damnificado es una parte grande del Club Deportivo Godoy Cruz Antonio Tomba.
El presidente, José Mansur, se sigue manejando de la misma manera y sigue creyendo que es la forma correcta; lejos de la diplomacia, alejado de los formalismos. Cuando en un curso de escuela primaria, 25 de los 30 chicos tienen conflicto con la "señorita", la culpa no es de los estudiantes.
Todos y cada uno de los técnicos, sin excepción, se van mal de Godoy Cruz. Martín Palermo, Carlos Mayor, Jorge Almirón, Jorge Da Silva, Diego Cocca y así podría seguir hasta llegar a los primeros años de la década pasada.
En el medio del caos, el presidente, siempre arrogante con la prensa, se retira sin dar declaraciones luego del partido ante Arsenal. ¿Tiene obligación de hacerlo? Claro que no. ¿Tiene coraje para enfrentar la situación? Claro que no.
Hasta hace unas horas, José Mansur declaraba por todos los medios que por ningún motivo había hablado con otro entrenador, cuando todos ya sabían de que esto no era así. Aseguraba, además, que Daniel Oldrá seguiría firme en el cargo.
Tal vez los ingenuos seamos nosotros. Siempre que desde la boca del presidente reinó la calma, alguna salida repentina y oscura se venía por calle Balcarce.
El Gato se va llorando y tal vez nunca vuelva. Ellos se encargaron bien de traicionar al más fiel.