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Gimnasia y un frustrado paso por la B Nacional

El Lobo no pudo aguantar el rigor de la máxima categoría de ascenso. La irregularidad, los contantes errores y la poca competitividad del plantel, lo sentenciaron al descenso.

Gimnasia experimentó lo que es el Nacional B. Vivió en carne propia la exigencia de la categoría de ascenso más importante del fútbol argentino y no aguantó. Fue un año plagado de altibajos para el Lobo, que terminó volviendo al Federal A por varios factores y errores que se repitieron a lo largo de la temporada.

Fuerte de local, muy débil de visitante: La campaña de Gimnasia fue sumamente contradictoria. Fueron dos caras de una misma moneda. Su desempeño como anfitrión fue muy fructífero porque acumuló 40 puntos en 21 partidos, siendo el 6° en esa condición detrás del campeón Atlético Tucumán, de los clasificados al reducido Patronato, Ferro y Santamarina y del equipo de Chacarita. Además logró 6 victorias consecutivas en el parque, una racha superada solamente por el Decano tucumano que logró 7 ganados al hilo.

Pero claro, de visitante el Mensana realizó un torneo desastroso y que sin dudas fue el principal motivo por el cual el Lobo descendió. Fue el peor equipo de todos sumando apenas 8 unidades en 21 partidos y alcanzando las rachas negativas de 9 cotejos seguidos sin sumar y 16 partidos al hilo sin triunfos. Estas cifras forzaron a que el Lobo sea el más perdedor del torneo (22 PP), seguido por Sportivo Belgrano (20 PP).

Sin jugadores a la altura y poco recambio: Los dos ascensos en 6 meses hizo que la gran base del equipo de Gimnasia se mantenga para afrontar la máxima categoría de ascenso. Pero estuvo claro que el Nacional B quedó lejos para la mayoría de los futbolistas que sintieron el rigor del torneo.

Solamente el arquero Matías Alasia, César Carranza (el gran refuerzo) y Fabio Giménez en menor medida, se destacaron por sobre el resto y ayudaron a que el Lobo se mantenga con esperanzas de permanecer en la categoría. El resto de los jugadores no aguantaron el nivel de competencia. Ni hablar de Akerman, que llegó como el súper héroe del gol y terminó siendo el peor de los villanos. Fue un plantel que en general no estuvo a la altura de las circunstancias y que se quedó corto cuando las lesiones aparecieron.

Aquí también falló la dirigencia, que se dio cuenta tarde de que el plantel necesitaba jerarquía.

Defensas bajas y delanteros sin pólvora: Otro de los aspectos que conspiraron para que el Mensana descienda fue la floja defensa y la tibia delantera. Fueron demasiados los goles anotados por rivales producto de desinteligencias en el fondo y errores infantiles. Desde el vamos la defensa empezó a mostrar falencias y por eso trajo del retiro a Pomba, pero la verdad es que prácticamente nunca el Lobo tuvo una defensa sólida. Una muestra son los 53 goles que recibió en la campaña, solamente superado por el descendido Unión (MdP) con 60 y Chacarita con 62.

Por su parte los atacantes se cansaron de errar situaciones. Si hubo algo interesante que tuvo el Mensana en el año fue crear varias situaciones de gol, pero muy pocas fueron capitalizadas por la delantera. Akerman, el histórico goleador de Morón, llegó con todos los pergaminos pero apenas hizo 2 goles, el Tecla Farías fue demasiado irregular y gracias a una rachita alcanzó los 7 tantos. Lastra no rindió lo esperado y Taborda no aprovechó sus oportunidades. El que sin dudas fue lo mejor fue el Ciqui Carranza, que llegó para la segunda parte y se despachó con 6 goles. El Lobo anotó 38 goles en el año, superando a Boca Unidos (37), a los descendidos Sportivo Belgrano (36) y Unión (MdP) (36) y a Gimnasia de Jujuy (35).

Los clásicos, pura decepción: Más allá de la alegría de ver a Gimnasia en la B Nacional, el hincha disfrutó también la posibilidad de volver a chocar contra Independiente Rivadavia luego de varios años sin enfrentamientos en torneos superiores. La espina que tenía clavada el Lobo era muy dolorosa y solamente pensar en el historial contra la Lepra daba dolor de cabeza. Por lo tanto, la emoción de ganarle a su eterno rival era lo que más deseaba el paciente simpatizante Blanquinegro.

Pero fueron dos partidos y lamentablemente dos decepciones más. El primero se disputó en el Legrotaglie bajo una interminable lluvia. El estado del campo de juego les impedía a ambos equipos desenvolverse como querían, pero en ese campo que parecía un pantano la Lepra supo entender por dónde pasaba el juego, se adaptó mejor y terminó ganando por 3 a 1. Fue una herida profunda pero no de muerte ya que había revancha. Tras 21 fechas se volvieron a ver las caras, pero en vez de sacarse toda la bronca y la mufa acumulada, el Mensana fue goleado y hasta puesto en ridículo en un Gargantini repleto. Fue un partido para el olvido donde Gimnasia ni siquiera mostró una gota de actitud.

Fue un año de puro sufrimiento y de números en rojo desde lo deportivo para Gimnasia y Esgrima. El descenso es un resultado indiscutible y el ejemplo más fiel de que los dirigentes, técnicos y jugadores cometieron errores a lo largo de la temporada.

Nuevamente el Federal A será el escenario de combate del Lobo que buscará subir lo más rápido posible, pero antes deberá armar otra base. Por lo pronto el presidente Porretta seguiría al frente ya que fue lo que prometió en caso de que el equipo descienda, pero deberá ratificarlo en una asamblea. Luego vendrá el tiempo para rearmar el plantel y para definir al guía táctico y futbolístico.

El hincha de Gimnasia vivió un año con más decepciones que alegrías. Fueron varios los golpes que sufrió el simpatizante del Lobo. Pero cuando el amor y la pasión por la camiseta son más fuertes, la energía y la esperanza vuelven a brotar, como la vegetación luego del incendio. Y ahí será cuando las tribunas del Legrotaglie vuelvan a nutrirse de aliento y de apoyo al club. Allí comenzará la resurrección hacia el Nacional B.