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A la Lepra la hunde su propio entrenador

Las palabras de Pablo Quinteros son totalmente desafortunadas. No hacen más que golpear a una institución al borde del nocaut.

Independiente Rivadavia será una especie de juez en la definición de la B Nacional. La Lepra jugará ante uno de los candidatos al primer ascenso, Patronato. El otro equipo en cuestión es Atlético Tucumán, puntero del campeonato.  Ante esta situación, el DT del Azul, Pablo Quinteros, salió a dar declaraciones: 

Si viene Atlético Tucumán y me ofrece plata para ganar, acepto.

Desafortunadas, erradas y con una falta de criterio y prudencia importante fueron las palabras del entrenador de Independiente, el cual debería estar más preocupado por el presente y el futuro del equipo que por crear una polémica innecesaria.

Además, Quinteros arremetió y dijo no estar arrepentido por lo dicho. Quinteros debería saber que este comportamiento está fuera de lo permitido dentro de las leyes en las que se rige el fútbol profesional. 

Analicemos la frase. De esta manera, Quinteros estaría aceptado un incentivo, cuestión que está penada por el reglamento. Pero, además, podemos hacer una lectura mucho más profunda que sería la siguiente: Ante este soborno y el análisis de su entrenador, el equipo podría rendir más, beneficiando a Atlético Tucumán y perjudicando a Patronato; esto significaría que, sin dicho soborno, el equipo no estaría entregando en la cancha el 100% del rendimiento. En consecuencia, una falta de profesionalismo de parte de cada uno de los jugadores y también del mismo entrenador, incapaz de transmitirle a sus futbolistas el verdadero valor deportivo de entrar a un campo de juego.

Demasiadas falencias ha demostrado Independiente Rivadavia para que, esta vez, sea el propio Quinteros el que busque y encuentre un problema donde no lo había, dejando a la institución mal parada.