Presenta:

El rugby mendocino en terapia intensiva

Una mirada crítica que invita a levantar la mira, para sacar al rugby mendocino de la crisis actual y proyectar sus valores a la sociedad.
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Llega a su fin la temporada de este año y se puede afirmar con absoluta franqueza que el estado del rugby mendocino sigue en una pendiente descendente y no se avizora para el futuro solución alguna que indique mejoras.

Los problemas que enmarcan el deterioro son variados y concurrentes, y de su correcto análisis y determinación depende -hacia adelante- una tarea que mejore el espíritu y juego de nuestro rugby.

Los equipos más representativos han terminado su participación en el Campeonato Nacional de clubes del Interior y han repetido performances de malos resultados y muy bajo nivel de juego. Replicando el nivel del campeonato local, se suman derrotas ante equipos que en el pasado eran superados con frecuencia, o en el peor de los casos se disputaban partidos emocionantes y de incierto resultado.

Jugadores en su mayoría con deficiencias técnicas, aptitud física insuficiente para la exigencia actual y espíritu débil, trascienden en la mediocridad. Entrenadores poco capacitados, sin pensamiento estratégico moderno y completo, sin liderazgos convocantes y sin poner por encima el más puro espíritu del juego, agravan la crisis.

De postre están los dirigentes. Poco representativos, sin habilidades para el momento. Desplazan o impiden la tarea de otros más capaces. Desde sus puestos de responsabilidad, quienes conducen los clubes son los actores definitivos de esta crisis del rugby local.

Es importante señalar también que en los años de éxitos y pleno crecimiento del juego, los actores en general -pero sobre todo los jugadores y entrenadores- tenían un nivel de conocimiento, condiciones, aptitudes y espíritu, muy superiores a los actuales. Sus calidades se imponían sobre la de los dirigentes, que también en esos tiempos eran tan mediocres como los actuales. Pero el ímpetu, determinación y capacidad de numerosos jugadores y varios entrenadores eran la fuerza, conducta e ideas superiores que llevaron al rugby mendocino a competir de igual a igual en el orden nacional e internacional.

Es necesario recuperar en los jugadores los valores esenciales del más puro espíritu del juego: solidaridad, autoestima, respeto al adversario y al árbitro, autocontrol permanente, alegría para entrenarse y jugar. Juego duro pero leal, equilibrio en las victorias y reflexión inteligente en las derrota, para mejorar, son algunos principios sobre los que hay que insistir y educar.

El rugby como medio y no como fin. Medio para mejorar la aptitud física, la conducta colectiva, el esfuerzo y la vocación solidaria, el respeto, la diversión que devuelve semanalmente el entrenarse y jugar. Medio que nos ayuda a relacionarnos en la diversidad, que nos une y que crea la gran familia del rugby. Familia que debe proyectarse en la sociedad para aportar sus valores y tratar de colaborar en su mejora. Esta enumeración de valores, que puede ser mejorada y engrosada, constituye la verdadera finalidad y espíritu del rugby. Muchos de ellos se han perdido y por ende es necesario, dentro de los nuevos cánones competitivos, recuperarlos y mejorarlos.

El juego es esencialmente para los jugadores. Ellos deben ser los artífices principales de la recuperación y los responsables más comprometidos. Actúen en consecuencia y sirvan de espíritu y motor convocante y realizador. Comprométanse y requieran giras competitivas y exigentes. La actual del seleccionado mayor es la antítesis de lo que es una gira necesaria. Obviamente se deben realizar viajes, pero a lugares y para jugar con equipos que nos obliguen a sacar lo mejor de cada uno y que sirvan de aprendizaje y experiencia. Los viajes requieren mucho esfuerzo de todo tipo. No los desperdiciemos.

Estamos en las vísperas del Campeonato Argentino de mayores. Que sirva de puntapié inicial a la gesta recuperadora.

Jugadores orgullosos, preparados física y espiritualmente por buenos entrenadores y liderados por capitanes ejemplares van a ser el marco contenedor de todos los otros  actores.

El resto, dirigentes, árbitros, colaboradores y público se van a sumar inexorablemente a la gran tarea positiva.

Rugbiers, jugadores… ¡A las cosas!