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Ser ofensivo no es amontonar jugadores de buen pie

Trobbiani mandó a la cancha a Ruiz, Iturbe, Lanzini, Centurión y Vietto pero faltó una concepción colectiva de juego.
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Juntar jugadores de buen pie y tirarlos todos a la cancha no significa ser ofensivo o tener asegurada una importante cuota de gol

Si tirás a la cancha, por ejemplo, a Xavi, Iniesta, Messi, Pedro y Fábregas, todas estrellas del Barcelona, pero cada uno intenta lucirse con su jugada y no atina a pasarle la pelota a un compañero, estás complicado.

Alan Ruiz fue uno de los pocos que trató de jugar en equipo.

El entrenador nacional, Marcelo Trobbiani, dijo que pondría un equipo ofensivo. La idea de juntar a Lanzini, Iturbe, Centurión, Alan Ruiz y Vietto es tentadora. Así, Argentina salió a la cancha con una especie de 4-1-4-1.

Sin embargo, alcanzaron pocos minutos para darse cuenta de que la acumulación de nombres no es garantía de éxito.

Los jugadores no generaron sociedades, casi no se buscaron. Sólo apostaron a jugadas individuales, excesivamente verticales, que una y otra vez quedaron en la nada.

Los jugadores no generaron sociedades, casi no se buscaron. Sólo apostaron a jugadas individuales, excesivamente verticales, que una y otra vez quedaron en la nada.

Iturbe agachaba la cabeza y le daba para adelante. Pasarle la pelota a un compañero no se le ocurre como opción. Lanzini, más o menos igual, aunque un poco más solidario. Centurión es puro vértigo y lujo, pero a veces le falta claridad y pausa. Y Ruiz, sin ser una maravilla, fue el único que trató de buscar un compañero y pasarle la pelota. Vietto, arriba, casi no recibió juego.

En ningún momento pudieron sacarle provecho a que Chile jugaba con uno menos y, en los últimos veinte minutos de partido, con dos jugadores menos.

Argentina tuvo un debut para el olvido.

De todas maneras, a pesar de que Argentina decepcionó en el debut del Sudamericano es increíble que los jugadores hayan recibido silbidos e insultos de parte del público que fue al Malvinas.

Esto recién empieza. Al equipo le falta trabajo pero tiene materia prima para apuntar a un juego más solidario y colectivo. El crédito está abierto.

Eso sí, hay que esperar que Trobbiani haya entendido la lección que dejó la derrota ante Chile: acumular nombres tentadores nunca es garantía de éxito, menos aún si a eso no lo respalda una idea colectiva de cómo jugar y no terminar apostando a la jugada individual y salvadora, porque Messi hay uno solo.