Macarena Rodríguez y Silvina D'Elía, Leonas a fuerza de sacrificio, perseverancia y corazón
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Mañana, estas dos hockistas serán la tapa de los diarios papel. Sus sonrisas y sus lágrimas estarán en los noticieros. Recibirán merecidas felicitaciones de toda la provincia.
D’Elía, nacida para ser Leona
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Desde chica, cuando ya deslumbraba en Marista, el destino le marcaba a Silvina un futuro de Leona. Pero el destino es caprichoso y suele dar sus vueltas.
No es fácil ser Leona y vivir en el Interior. Los viajes a Buenos Aires se repiten una y otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Los viajes y la soledad de los viajes. Y si a eso le sumamos que la Pity empezó en el seleccionado desde muy chica, todo se hace más difícil aún.
D’Elía ya tenía una idea de lo que era ser Leona, porque su hermana mayor, Florencia, estaba en la Selección. Su madre, además, jugó toda la vida al hockey.
Sin embargo, un día, a los 16 años, la Pity se cansó. Renunció a la selección y optó por disfrutar más de su club, de sus amigas, de su familia.
En eso, el entrenador de Las Leonas, Sergio Vigil, ya había tirado una frase pesada que todavía retumba: “D’Elía será la sucesora de Rognoni”, había anticipado Cachito.
Vigil sabía de qué hablaba. Pero D’Elía, en ese entonces, tenía otras prioridades.
El tiempo pasó. Llegó el año 2007 y un nuevo llamado. Gabriel Minadeo, entrenador en aquella época, volvió a convocarla. Y la Pity dijo que sí.
Dejó su querida Mendoza y se mudó a Buenos Aires con un objetivo muy claro: ser una Leona. “Voy a sentirme una Leona cuando juegue un Mundial y un Juego Olímpico”, aseguraba allá, por el 2008, días después de haber ganado su primer Champions Trophy y convertirse en la primera mendocina en obtener el certamen.
Después lo volvió a ganar en el 2009, 2010 y 2012. Y también jugó el Mundial 2010 de Rosario. Y lo ganó. Y se afianzó en la defensa del equipo y pasó a ser una jugadora fundamental.
Hoy, el círculo cerró: se dio el gusto de ganar una medalla de plata en un Juego Olímpico.
Las infinitas horas entre Mendoza y Buenos Aires, la distancia de la Capital Federal y su casa, las tardes junto a sus amigas de Marista que extrañaba, la familia lejos... Todo eso, esta tarde, se convirtió en una medalla olímpica, una medalla que jamás olvidará Silvina D’Elía, una mendocina nacida para ser Leona.
Macarena y el premio a la perseverancia
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Hubo un día en el que Macarena Rodríguez creyó que nunca más jugaría en la selección argentina. Había quedado afuera de la lista de convocadas que irían al Mundial de España en el año 2006. Desde el 2001, que alternaba convocatorias pero no había tenido la chance de jugar un Juego Olímpico ni un Mundial.
Macarena creía que el tren ya había pasado. Cerró un capítulo y siguió jugando en Andino, su club de toda la vida.
Pero la vida te da sorpresas. En el 2009, la selección mendocina ganó el Campeonato Argentino. Macarena, capitana y figura del equipo, la rompió. Y el Chapa Retegui, que hacía poco había tomado las riendas de Las Leonas, supo que la quería de nuevo con la camiseta albiceleste.
Y fue así como Macarena tuvo una nueva oportunidad cuando ya casi no lo esperaba. Más madura y con más experiencia, la volante de Andino no dejó pasar esa última chance.
Se hizo un lugar en el plantel que disputó y ganó el Mundial de Rosario 2010, y se dio el gusto de ganar los Champions Trophy del 2010 y 2012.
Macarena se convirtió en otra jugadora clave en el esquema de Las Leonas y jugó un torneo olímpico para recortar y guardar por siempre.
Así, Maca, la gran referente que tienen todas las niñas que juegan al hockey en Mendoza, hoy luce orgullosa en su pecho la medalla plateada.
Otra muestra más de que en la vida, las oportunidades llegan de la mano del sacrificio y la perseverancia. Silvina y Macarena pueden dar fe.
Declaraciones de Macarena Rodríguez después del empate ante Australia