Le debemos tanto a Guardiola: el fin de un ciclo inolvidable
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“Ganar queremos todos,
pero sólo los mediocres no aspiran
a la belleza”. (Jorge Valdano).
Y el hombre clave en esta historia, entre tantos hombres extraordinarios, es Guardiola.
Pep es quien mejor asimiló la escuela holandesa que revolucionó el fútbol en la década del 70. Rinus Michels fue el padre de la criatura al frente del Ajax. Después marcó a la selección holandesa con su fútbol total, inolvidable a pesar de no haber sido campeona del mundo. Luego, Michels desembarcó en el Barcelona, plantó una semilla y siguió camino. Y en el club catalán todo floreció cuando un discípulo de Michels, Johan Cruyff, fue técnico en la década del noventa y tuvo entre sus jugadores a un tal Guardiola.
El ex volante catalán es el último eslabón de la evolución del fútbol desde la revolución holandesa. Guardiola llegó al Barcelona para marcar la historia del fútbol, hacerle un tajo y generar un fenómeno contracultural.
Cuando el fútbol venía de parir una Italia campeona del mundo 2006 con el defensor Fabio Cannavaro como figura, Guardiola surgió para romper los moldes con un equipo que tenía como religión el dominio de la pelota, el pase corto, pensar siempre en el arco contrario; volver a buscar, aunque parezca mentira, esa belleza que el fútbol estaba perdiendo.
No hace falta recordar decenas de partidos y situaciones en las que nos quedamos con la boca abierta mientras el Barcelona hacía del fútbol un arte excelso. Todos lo vimos.
Guardiola fue el hombre que potenció a Messi, fue el hombre que siempre trató de desdramatizar el fútbol, fue el hombre que hizo coincidir siempre sus palabras con sus actos. Guardiola enseñó, entre tantas cosas, que el deporte es una herramienta para tratar de ser mejores personas.
Hace un tiempo, el parlamento de Cataluña reconoció a Guardiola con la medalla de oro. El discurso del ahora ex entrenador del Barsa es para guardarlo y verlo hasta que ardan los ojos.
Con su simpleza habitual, Guardiola da una clase excepcional. Recomendamos el video y resaltamos un par de ideas para tratar de entender un poco más a este hombre.
Dice Guardiola: “(...) Me gustaría hacer una pequeña reivindicación a la maravilla que es el fútbol, el deporte en general. A mí mis padres me educaron. Bastante bien, muy bien diría yo. La escuela me ha ayudado, por supuesto. Pero lo que más me ha educado es el microclima que es un equipo de fútbol, un equipo de gente que está unida. Lo que a mí me ha dado todo lo que soy como persona, lo que me ha formado, es haber hecho deporte. Allí aprendí lo que significa ganar, y a celebrarlo con muchísima moderación. Y allí también aprendí lo que significa perder, y que duele mucho de verdad, pero este perder es lo que te hace aprender a levantarte y a valorar lo que luego cuesta ganar. He aprendido que un entrenador decidiera que hoy yo no juego, porque el entrenador piensa por todos y yo nomás pensaba por mí. He aprendido que un compañero es mejor que yo y merece jugar. Y que los reproches y las excusas no sirven absolutamente de nada. Que cuando pierdes es responsabilidad tuya. Que cuando las cosas no salen, es responsabilidad tuya. El deporte, desde pequeño, o el Barça que es en esencia donde más tiempo he estado, es todo lo que me formó como persona y todo lo que soy hoy”.
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Luego, cuenta intimidades de su trabajo y nos muestra lo que es ponerle pasión y amor a los que hacemos día a día.
“Al final, todo se reduce a instantes, en cada una de nuestras profesiones y nuestros oficios, todo acaba en un instante. Los trabajos que tenemos siempre tienen un instante que nos satisfacen plenamente. Que disfrutamos, que nos da alegría. Yo lo quiero compartir con ustedes. Me gustaría que la gente lo supiese. Antes de cada partido que jugamos, un día antes o dos, yo me voy al sótano del can Barça. Subterráneo. Allá no hay luz exterior, es una oficina pequeña, que me he arreglado, he puesto una alfombra, una luz que no está mal. Y allí me encierro. Me encierro por una o varias horas. Me llevo dos o tres dvds. Carles, Dome y Jordi, que son gente que me da una mano, como tantos otros en esta aventura, me dan unos videos sobre el equipo rival con el que tenemos que jugar de acá a uno o dos días.
“Me siento, agarro hojas, un bolígrafo y pongo el dvd. Y empiezo a ver y a ver a este equipo contra el que jugaremos. Y empiezo a escribir. Coño, el extremo derecho, el central derecho juega mejor que el izquierdo, el extremo derecho es más rápido que el izquierdo, este juega todos balones largos, este así, este asá, estos suben a la montaña por este lado, estos por el otro. Y voy apuntando todas las cosas buenas que hacen los contrarios. Mientras al mismo tiempo escribo sus debilidades. Estos se frenan por aquí, a estos les podemos hacer daño por allá, si juega Messi por allí, si este otro por allá. Hasta que llega un momento, diría acojonante, fantástico, que es el que le da sentido a mi profesión. Créanme que soy entrenador por este instante. Todo lo demás es un añadido que uno evidentemente tiene que afrontar. Pero está este momento máximo de satisfacción, cuando te das cuenta. A veces dura un minuto veinte, a veces un minuto treinta. A veces un minuto solo. A veces tengo que ver dos partidos del contrario. Pero llega un momento en el que dices: los tenemos. Ya hemos ganado. No sabes por qué, puede ser una imagen, unas cosas que has visto que te hacen decir que mañana, contra este equipo, ganaremos.
“Pero atención, no se vayan a pensar que yo creo tener la fórmula mágica. No, porque esto siempre lo he pensado antes de cada partido, y algunos los hemos perdido. Con lo cual, se hundiría toda esta teoría. Pero se los cuento por la pasión que siento por mi oficio, que imagino que es la misma pasión que tienen ustedes por sus profesiones, y toda la gente: médicos, panaderos, doctores, maestros de escuela, paletas (albañiles), como era mi padre. Cualquier persona. Llega un momento en sus oficios y yo reivindico ese momento en sus oficios. Yo reivindico el amor a este oficio. Yo amo mi trabajo por este instante. Y después me encargo de transmitírselo a los chicos, y les digo que tenemos que hacerlo así, y a veces sale y a veces no. Pero aquel momento es el que le da sentido a mi profesión. Y entonces podrán decirme: ¿Es suficiente? ¿Es poco? ¿Es mucho? Es lo mío. Es lo que me corresponde”.
Guardiola es mucho más que un entrenador de fútbol. Es mucho más que el tipo que hizo jugar al Barcelona de manera maravillosa. Guardiola es un tipo que nos enseña. Del deporte y de la vida. Y por eso hoy, los que amamos la verdadera esencia del fútbol sentimos un vacío casi infantil. Nuestro héroe se fue en busca de nuevos rumbos.
Fuente: Revista El Gráfico.