La pregunta de todos: ¿Por qué Messi juega mal en la selección?
Con la clasificación a Sudáfrica 2010 complicada, las críticas hacia la selección nacional no tardaron en llegar. El primer blanco de periodistas e hinchas fue el técnico Diego Maradona, que perdió en poco tiempo el crédito y su aura divina entre los argentinos. Y después viene Lionel Messi, el crack del Barcelona que sufre más de lo que disfruta cuando se pone la camiseta celeste y blanca.
¿Por qué el mejor jugador del mundo en la actualidad no marca diferencias jugando para la selección? La pregunta invade hoy todas las discusiones futbolísticas en un país que mira con pesimismo el futuro de un equipo de últimamente sólo conoce de fracasos y decepciones.
En otra de sus imperdibles columnas en el diario La Nación, Juan Pablo Varsky tituló: "Tenemos un problema, pero no es Messi".
"Por su experiencia personal, Diego sabe que sin equipo no hay estrellas. Y en este contexto es imposible que Messi se luzca. Sobre todo si, en lugar de jugar simple, quiere resolverlo todo por su cuenta. Pero sigo pensando que, bien rodeado adentro y bien aconsejado desde el banco, Messi es la solución. Hace rato que en el seleccionado argentino el todo es menos que la suma de sus partes. Compartido por los jugadores y por el DT, aquí está el verdadero problema", concluye el reconocido periodista en su opinión.
Algo de eso puede haber. Lo cierto es que hay un Messi jugando para el Barcelona y otro jugando para la selección. Son las mismas personas, pero muy diferentes. Allá es ídolo, y acá lo miramos con recelo. Allá lo miman, acá lo criticamos. Allá hace goles maravillosos, acá no le sale una. Allá gambetea a todo lo que se le ponga en el camino, acá lo intenta pero se la quitan fácilmente.
La diferencia es que en Barcelona, Messi está rodeado de grandes jugadores, y en la Argentina está aislado de otros grandes jugadores. Con la azulgrana, todos juegan para él, y él juega para todos. Con la albiceleste, quiere jugar solo y nadie (o pocos) quiere jugar con él.
Lo que no se le puede criticar a este pibe de 22 años que vale como 300 millones de euros es su ansiedad por brillar en la selección. Inclusive se ganó algunas críticas en España porque pidió no jugar un partido de la liga con el Barcelona para llegar mejor preparado al duelo ante Brasil, el clásico soñado para deslumbrar, que terminó en un pesadilla.
Pero esa ansiedad es contraproducente para la "Pulga". Cada vez que toma la pelota, siente que debe repetir su golazo ante el Getafe para ganarse el corazón de los hinchas argentinos que lo ven y sienten como un extraño. Tal vez porque nunca jugó en nuestro país, o porque aún no tuvo un gran partido en la selección, o porque no apareció cada vez que se lo buscó como un "salvador".
En el Barcelona, Messi juega como un volante adelantado por la derecha, con un centrodelantero que distrae marcas y dos magníficos futbolistas comos Xavi e Iniesta que le hacen la vida más fácil adentro de una cancha.
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En Argentina, el rosarino no tiene un puesto determinado. Ha jugado de todo, y no ha jugado nada. No tiene "compinches". Con Tévez no se pasan una pelota, con Agüero no pueden importar su buena relación personal al rectángulo, con Riquelme se llevaba mal afuera y adentro de la cancha. Tal vez el único que lo entienda sea Verón, pero no alcanza.
Maradona intenta llenarlo de confianza, y sólo logra colmarlo de presiones. El heredero de la 10 está en deuda, y lo sabe. Pero todavía está a tiempo. Si quiere ser tan ídolo en Argentina como lo es Cataluña, éste es el momento para que demuestre todo su categoría con la albiceleste, una camiseta que, hasta el momento, le pesa una tonelada cada vez que se la pone.


