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Las extrañas "visitas" de los hinchas al entrenamiento de la Lepra

Las visitas de barras/socios a los jugadores marcaron la semana en Independiente Rivadavia. Para los dirigentes, que autorizaron las reuniones "amistosas", está todo bien. Pero, más allá de las vagas explicaciones, nada justifica el "apriete" al plantel.
La hinchada azul está disconforme con el rendimiento del equipo. Foto: Archivo / MDZ
La hinchada azul está disconforme con el rendimiento del equipo. Foto: Archivo / MDZ
¿Cuál es el límite? ¿Se puede aceptar, y hasta justificar, la visita de barras/socios a un entrenamiento para "exigir" que los jugadores tengan más "actitud"? ¿Cómo se sentirán los futbolistas al escuchar que los dirigentes aprueban ese hecho? ¿Los barras/socios actuaron por su cuenta o fueron incentivados por las autoridades?

Son días difíciles en Independiente Rivadavia. El equipo no encuentra el rumbo, y los simpatizantes y dirigentes se impacientan. Aunque todo pasa muy rápido: si bien contra Tiro Federal y Defensa y Justicia el rendimiento fue malo, recién van dos fechas tras el reinicio en la B Nacional, el técnico es nuevo y la Lepra está a sólo ocho puntos del ascenso cuando quedan 51 en juego.

Entonces parece hasta exagerado que los dirigentes critiquen públicamente al plantel, y acepten la visita "amistosa" de los barras/socios a las prácticas para "apretar" a los jugadores. Porque lo que pasó el martes y miércoles fue claramente eso, un apriete autorizado por la dirigencia azul.

Está claro que en Independiente Rivadavia nada pasa sin el aval de sus dirigentes, que implementaron la asociación obligatoria de los simpatizantes que deseen ingresar a la popular para ver los partidos, y por eso hoy hablan de estos hinchas como "socios".

Lo bueno: saben quienes fueron los barras que se reunieron con los jugadores. Lo malo: no hicieron nada para impedirlo. Lo impresentable: hasta lo justificaron.

Afirman que no hubo violencia y que la charla fue en buenos términos, aunque siempre se dice eso. Los barras/socios aseguran que fue una reunión simplemente para pedirle "más huevos y actitud dentro de la cancha", pero nunca se sabrá si sólo fue eso o hubo algo más, porque los jugadores, por temor, después no blanquean la realidad.

Ahora, ¿hace falta que los barras/socios vayan a pedirle más compromiso a los futbolistas? Tal vez hayan tomado como bandera la frase del presidente de la institución, Daniel Vila, quien tras el 0-3 ante Defensa y Justicia dijo que "hay jugadores que tienen que entender el valor de la camiseta que se han puesto".

Que esa frase la diga públicamente el presidente en un momento de calentura hasta es entendible. Que acepte que los barras/socios lo intenten imponer en una charla con los jugadores, no tanto.

Según las declaraciones de las autoridades del club del Parque, el límite es la violencia. O sea, los barras/socios pueden ir a hablar con los jugadores siempre que sea en "buenos términos". Pero nada garantiza que esa charla no se descontrole y se convierta en una conversación en "malos" términos. O tal vez, la dirigencia está muy segura de que tiene controlada a la hinchada...

Pero las recriminaciones que le hicieron en la cara a Ariel Ortega y a César Carignano el martes, o la bandera donde se le pidió al jujeño que regresara a River si no quería jugar en Independiente Rivadavia, demuestran que no todo está tan controlado. El partido de mañana ante All Boys será el termómetro exacto para comprobar cómo es la situación en la hinchada leprosa.

"No pasó nada", señaló Vila ayer tras la reunión. "No hay que confundir violencia con las tremendas ansias de ascender que tenemos todos" fue la ¿explicación? de Nicolás Becerra, otro alto dirigente azul.

Insuficientes y vagas, las explicaciones no convencen. Porque algo pasó en la Lepra, por más que se intente minimizar el hecho. Y porque dejar que los barras/socios "aprieten" al plantel también es violencia, aunque no se haya tirado una piedra o pegado un golpe.