El rugby perdió la primera batalla contra la violencia
La fecha inaugural del torneo Cuyano dejó un preocupante incidente en uno de los partidos. La doble fractura de Juan Isuani debe ser un llamado a la reflexión y un punto de partida de aquí en más.
Se veía venir. Cuando MDZ denunció los altos niveles de violencia dentro de las canchas de rugby, durante la pretemporada de los equipos de primera, sonaron como gritos agoreros en una soledad cómplice. Más allá de la participación y el debate de nuestros lectores, poco se hizo para evitar lo que ocurrió en la fecha debut del Cuyano.
El sueño de la “prevención” quedó en la nada. Y las consecuencias están a la vista. El próximo jueves, Juan Isuani, apertura de Peumayén, será intervenido quirúrgicamente tras sufrir una doble fractura maxilar durante le partido entre su club y Teqüe. La lesión la generó un golpe de puño recibido durante la gresca originada en los minutos finales del encuentro, que terminó en batahola.
Miles de preguntas pululan el ambiente rugbístico. ¿Qué pasó?, ¿quién o quienes son los responsables?, ¿qué va a pasar?, ¿se pudo evitar?, ¿qué medidas se van a tomar para que no se repita?, y tantas otras conjeturas que generan un hecho de esta magnitud en una primera fecha del torneo de primera.
Criticar el juego que hacen Teqüe o Peumayén, seguramente daría lugar a un largo debate (hasta filosófico) en un hecho que trasciende lo deportivo y que sin dudas muestra la realidad del rugby provincial.
Igual de inútil sería poner en el centro de la discusión la actuación del árbitro, Gustavo Ianchina. A la hora de buscar culpables, los jueces son los “blancos” preferidos de los mismos que generan la violencia, tanto dentro como fuera de la cancha.
Según pudimos averiguar, Ianchina no vio el golpe y el informe no pasaría por las peleas entre los jugadores, sino por los incidentes de violencia generados con simpatizantes y allegados a los dos equipos, con la responsabilidad de los Directores de Partido, de ambos clubes. Ahora, Disciplina deberá tomar una decisión, o como algunos sugirieron, actuar de oficio.
Pero lo peor no fue la fractura de Isuani. No fue la participación de la gente fuera del campo de juego. No fue el paupérrimo espectáculo deportivo brindado, ni el pésimo ejemplo e imagen ofrecida a los presentes. Lo peor fue que se podría haber evitado, y yendo un poco más allá, que este es nuestro rugby. Eso es preocupante.
No se trata de un hecho aislado, ni de clubes específicos, ni de primera división. Es parte de lo mucho que está mal y hay que solucionar. Es tarea de los dirigentes, en primer lugar, y de todos los actores de este deporte, que por esta vía ya está demostrado que transita un camino decadente.
Para los que le preocupa la violencia y aquellos que hablan de una sociedad violenta que se refleja en el deporte, hay que decirles que es correcta la apreciación, pero que todos deben hacer algo para detenerla. Porque un jugador violento, es tan nocivo, como un árbitro que genera violencia con sus fallos, como un dirigente que no crea los mecanismos para evitar la violencia, como un Tribunal de Disciplina que actúa, o un hincha que se cree con derecho a decir o hacer cualquier cosa con la complicidad de que no hay nadie para contenerlo.
La violencia nos abarca a todos. Es uno de los grandes males que aqueja a un deporte que supo tener como principal característica a su honorabilidad.
Ahora, en lugar de preguntarnos ¿qué podemos hacer para mejorar?, nos tenemos que limitar a un triste ¿estamos a tiempo?. Ojalá que sí.
Según pudimos averiguar, Ianchina no vio el golpe y el informe no pasaría por las peleas entre los jugadores, sino por los incidentes de violencia generados con simpatizantes y allegados a los dos equipos, con la responsabilidad de los Directores de Partido, de ambos clubes. Ahora, Disciplina deberá tomar una decisión, o como algunos sugirieron, actuar de oficio.
Pero lo peor no fue la fractura de Isuani. No fue la participación de la gente fuera del campo de juego. No fue el paupérrimo espectáculo deportivo brindado, ni el pésimo ejemplo e imagen ofrecida a los presentes. Lo peor fue que se podría haber evitado, y yendo un poco más allá, que este es nuestro rugby. Eso es preocupante.
No se trata de un hecho aislado, ni de clubes específicos, ni de primera división. Es parte de lo mucho que está mal y hay que solucionar. Es tarea de los dirigentes, en primer lugar, y de todos los actores de este deporte, que por esta vía ya está demostrado que transita un camino decadente.
Para los que le preocupa la violencia y aquellos que hablan de una sociedad violenta que se refleja en el deporte, hay que decirles que es correcta la apreciación, pero que todos deben hacer algo para detenerla. Porque un jugador violento, es tan nocivo, como un árbitro que genera violencia con sus fallos, como un dirigente que no crea los mecanismos para evitar la violencia, como un Tribunal de Disciplina que actúa, o un hincha que se cree con derecho a decir o hacer cualquier cosa con la complicidad de que no hay nadie para contenerlo.
La violencia nos abarca a todos. Es uno de los grandes males que aqueja a un deporte que supo tener como principal característica a su honorabilidad.
Ahora, en lugar de preguntarnos ¿qué podemos hacer para mejorar?, nos tenemos que limitar a un triste ¿estamos a tiempo?. Ojalá que sí.
