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La Vuelta, más allá de los números
Finalizó la Vuelta de Mendoza, la que todos los años da color a las rutas de nuestra provincia. La que deja héroes anónimos y ganadores conocidos. La que después de 32 años está en el corazón de la gente porque es parte de su cotidianeidad.
Ignacio Gili se irguió en su bicicleta, alzó los brazos gesticulando un agradecimiento infinito a sus preciosos gemelos que esperaban lloriqueando en las cercanías del podio, dejó de pedalear por un instante luego de nueve agotadoras jornadas y en el mismo envión cargado de emociones fue alzado por los aires calientes de Maipú por sus fieles admiradores, que elevaron esa figura diminuta a los eternos laureles de la gloria.
Había ganado el Chueco, el chico de los sueños interminables sostenidos por un orgullo y capacidad deportiva incuestionable.
De Alvear abría senderos infinitos, apoyados en la fábrica de ilusiones que la vida no termina de ofrecer al que nunca baja la cabeza y siempre responde con la verdad.
El, sólo él, comprende cuan valioso puede resultar esta porción de imágenes fragmentadas hechas a medida de sus esperanzas.
Y cuando el sol abrasador desparramaba su furia, en el asfalto del departamento mendocino ciclista por excelencia, y el verde complaciente del sitio elegido para la coronación aguardaba el ingreso a las puertas de la victoria de Gili y sus acompañantes, llegaban pedalistas a la línea de sentencia, los nobles humanos que formaron parte de la troupe y que no querían quedar exentos de la fiesta.
Y cuando el sol abrasador desparramaba su furia, en el asfalto del departamento mendocino ciclista por excelencia, y el verde complaciente del sitio elegido para la coronación aguardaba el ingreso a las puertas de la victoria de Gili y sus acompañantes, llegaban pedalistas a la línea de sentencia, los nobles humanos que formaron parte de la troupe y que no querían quedar exentos de la fiesta.
Retrasados en su andar y algo mas relajados porque el fin llegaba por fin, los muchachos de la cola del pelotón se abrían paso entre el gentío para darle un apretón de manos a su vencedor en la prueba, pero compañero en la ruta.
Y ahí estaban todos, sumidos en la más agradable sensación que solo experimentan los que tiraron hasta la última gota de sudor. Estaban sonrientes, admirados de tanta admiración recibida, en una tierra que no pierde ni perderá la pasión por esta disciplina única en la expresión individual.
Resultó ser una Vuelta más, con sus complicaciones derivadas por la repentización. Harta ya quizás nuestra Vuelta de ser tan poco mimada y de que solo recuerden que existe cuando esta por salir de su siesta primaveral. Ella tiene razón, sus más fervientes seguidores, que intentan salvarla del letargo solo en épocas de crisis no son suficientes para impulsarla a crecer. Solo la dejen ser.
Ni casa tiene, no recibe a sus hijos dilectos en el hogar que les gustaría tener. No guardan recuerdos suyos de los pasos que tanta veces dio y a tantos enseñó. No tiene ya clubes que la acojan y se acoplen a su idea de ser como fue.
La Vuelta esta porque su grandeza exime de diagramas y favores políticos de turno, está porque no respira por los poros de los aprovechadores que se acomodan cuando el pedal comenzó a girar.
La Vuelta está por que el pueblo la adquirió a largo plazo en su corazón, porque es parte de la cotidianidad y el folklore de esos mendocinos laburantes que en cosecha salían con sus almas cargadas a saludar el paso de ellos, que son tan parecidos a nosotros, aquí a tu lado.
La Vuelta está, porque la montaña todos los años la espera, sabe de su visita y se pone eufórica con su arribo. Le sonríe picaronamente con su falda larga y blanca y le pide que nunca la deje de visitar.
Está por los que aman como nadie ni nada este fervor popular, esta por Chila, por Curallanca, por Zangheri, Lanzone, esta por; De Marinis, Pizarro, D’Ámbrosio, está por vos, él, ellos y aquellos.
La vuelta está por los que la hicieron única con sus proezas, como Carmeno, Ruarte, Jácamo, Contreras y por los que no decaen en su insistencia, como Gili, Cuni, Camargo o Fernández. Ellos son la Vuelta y con ellos en pie nada se derrumbará.
Pasaron ya 32 años y seguramente será el venidero el último del padre a cargo de ella, un padre que le enseño los primeros pasos, que la vio crecer y aprender, que la acompañó en sus años nóveles, cuando la tentaban para llevársela. Ese padre, ya debe dejarla ir, que consiga su casa, que encuentre nuevos amigos, que se golpee sola y se levante sola como muchas veces lo ha hecho. La educó a su gusto y semejanza y la Vuelta nunca olvidará su mentor.
Ya terminó y la extrañamos.
Queremos que dure todos los días, pero mejor es así sólo que nos seduzca diez días al año y que suframos por su ausencia mucho más. No la abandonemos, resaltemos sus virtudes y comprendamos sus defectos.
Permitamos recordar la guapeza del Chueco, el profesionalismo de Médici, la fuerza de Cuni, los llantos de los que debieron bajarse, la hidalguía de los chilenos, la entereza de los brasileños, la vigencia de los municipales.
La Vuelta es un patrimonio cultural, que esta en la agenda más importante de todas, la agenda de la popularidad.
Mi Jefe de Deportes me había pedido una nota fría, puramente estadística, pero la verdad no pude. Junto a Perico, un amigo, hablamos y…nos salieron cosas como esta. La Vuelta es pasión, es sentimiento, es entrega, sacrificio y satisfacción.
Es simplemente la Vuelta…La Vuelta más Argentina de Todas.
Y ahí estaban todos, sumidos en la más agradable sensación que solo experimentan los que tiraron hasta la última gota de sudor. Estaban sonrientes, admirados de tanta admiración recibida, en una tierra que no pierde ni perderá la pasión por esta disciplina única en la expresión individual.
Resultó ser una Vuelta más, con sus complicaciones derivadas por la repentización. Harta ya quizás nuestra Vuelta de ser tan poco mimada y de que solo recuerden que existe cuando esta por salir de su siesta primaveral. Ella tiene razón, sus más fervientes seguidores, que intentan salvarla del letargo solo en épocas de crisis no son suficientes para impulsarla a crecer. Solo la dejen ser.
Ni casa tiene, no recibe a sus hijos dilectos en el hogar que les gustaría tener. No guardan recuerdos suyos de los pasos que tanta veces dio y a tantos enseñó. No tiene ya clubes que la acojan y se acoplen a su idea de ser como fue.
La Vuelta esta porque su grandeza exime de diagramas y favores políticos de turno, está porque no respira por los poros de los aprovechadores que se acomodan cuando el pedal comenzó a girar.
La Vuelta está por que el pueblo la adquirió a largo plazo en su corazón, porque es parte de la cotidianidad y el folklore de esos mendocinos laburantes que en cosecha salían con sus almas cargadas a saludar el paso de ellos, que son tan parecidos a nosotros, aquí a tu lado.
La Vuelta está, porque la montaña todos los años la espera, sabe de su visita y se pone eufórica con su arribo. Le sonríe picaronamente con su falda larga y blanca y le pide que nunca la deje de visitar.
Está por los que aman como nadie ni nada este fervor popular, esta por Chila, por Curallanca, por Zangheri, Lanzone, esta por; De Marinis, Pizarro, D’Ámbrosio, está por vos, él, ellos y aquellos.
La vuelta está por los que la hicieron única con sus proezas, como Carmeno, Ruarte, Jácamo, Contreras y por los que no decaen en su insistencia, como Gili, Cuni, Camargo o Fernández. Ellos son la Vuelta y con ellos en pie nada se derrumbará.
Pasaron ya 32 años y seguramente será el venidero el último del padre a cargo de ella, un padre que le enseño los primeros pasos, que la vio crecer y aprender, que la acompañó en sus años nóveles, cuando la tentaban para llevársela. Ese padre, ya debe dejarla ir, que consiga su casa, que encuentre nuevos amigos, que se golpee sola y se levante sola como muchas veces lo ha hecho. La educó a su gusto y semejanza y la Vuelta nunca olvidará su mentor.
Ya terminó y la extrañamos.
Queremos que dure todos los días, pero mejor es así sólo que nos seduzca diez días al año y que suframos por su ausencia mucho más. No la abandonemos, resaltemos sus virtudes y comprendamos sus defectos.
Permitamos recordar la guapeza del Chueco, el profesionalismo de Médici, la fuerza de Cuni, los llantos de los que debieron bajarse, la hidalguía de los chilenos, la entereza de los brasileños, la vigencia de los municipales.
La Vuelta es un patrimonio cultural, que esta en la agenda más importante de todas, la agenda de la popularidad.
Mi Jefe de Deportes me había pedido una nota fría, puramente estadística, pero la verdad no pude. Junto a Perico, un amigo, hablamos y…nos salieron cosas como esta. La Vuelta es pasión, es sentimiento, es entrega, sacrificio y satisfacción.
Es simplemente la Vuelta…La Vuelta más Argentina de Todas.