"No me sorprende este presente de Lanús"
Es uno de esos jugadores que, luego de haber madurado y consolidado su juego, disfruta de jugar al fútbol. Hoy, en el torneo Argentino B, con su querido Atlético Club San Martín; pero ayer con la camiseta de Lanús, institución que lo "mimó" desde los quince años (además de Talleres de Córdoba) y como si fuera poco con la mismísima casaca de la selección juvenil Argentina.
- ¿Cómo fue el debut?
- Fue frente a Murialdo en el ’95. Luego jugamos un partido amistoso con el seleccionado sub ’17. Por aquellos momentos estaba (César) Lapaglia, entre otros, y tuve la fortuna de hacer un gol. Al otro año me citaron para esta selección. Ahí me toca vivir un momento muy lindo, porque juego un Sudamericano y un Panamericano en Uruguay. Esto llevó a que un grupo empresario, comandado por Marcos Franchi, me comprara.
-¿Te acordás de los compañeros de la Selección?
- Sí: Milito, Pereyra, Costanzo, Galletti, Farías y otros pibes que hoy están muy bien en cada uno de sus clubes.
- Me vino a hablar Miguel Micó en el predio de Ezeiza, con Russo, que era el que manejaba todo en las divisiones inferiores. Estaba a punto de cumplir 17 años. Serio, Vázquez un día me llamó y me dijo que me habían vendido. A los tres meses ya habían arreglado mi incorporación a Lanús.
- ¿Cuál fue el sentimiento a esa edad con todo lo que significó dar ese paso?
- No entendía nada, se me hizo complicado. San Martín había ascendido al Nacional B y era una buena posibilidad para el club. Ese fue el pase récord en la historia de la institución. Fueron 125 mil dólares. Por el lado de lo económico de San Martín me fui contento a Buenos Aires.
- ¿Cómo fue la adaptación en el Granate?
- Fui a la pensión y estuve casi un año ahí. Luego me dieron departamento y a los 18 debuté en primera.
- ¿Tenés alguna anécdota que recuerdes mucho?
- Un día jueves me llamó Micó, se había ido Mario Gómez, y me dijo: mirá que jugamos el viernes con Gimnasia y tenés que presentarte en el hotel Bowen. Fui con Carboni a la concentración y al otro día fui al banco de los suplentes. Si bien jugué unos veinte minutos, ese fue un momento impresionante. Y otra ocasión que recuerdo mucho es el primer gol que hago y se lo marcó a Murialdo. Tengo muchas anécdotas lindas y también malas, porque en el fútbol se vive de todo y por ahí las negativas superan a las positivas. Algo feo fue el día que me vendieron, ya que a mi vieja y a mi viejo le hicieron firmar un papel que decía que el 15% de la venta pertenecía al club por lo que éste me había dado. Mi familia siempre fue muy humilde y ese dinero lo necesitaba mucho. Nunca me lo devolvieron, pero a la larga si uno hace las cosas bien, las retribuciones llegan por otro lado.
- ¿Le guardás rencor a la dirigencia de aquel entonces?
- Sí. Mi bronca con Sergio Vázquez es más que sabida. Ahí empieza todo y luego siempre existieron diferencias. Pero la disputa más grande fue cuando empecé a entrenar y me dijo que yo iba a ser su carta de presentación, y llegado el momento no me quiso arreglar para jugar el Argentino A del campeonato pasado. Dijo que no me había contratado porque no estaba bien físicamente. Me costó estar cinco meses sin club.
- ¿Cómo ves este presente de Lanús?
- No me sorprende para nada de lo le está pasando. Cuando uno está dentro y ve que los dirigentes no se equivocan en nada te das cuenta de que en algún momento van a llegar los resultados. No dejan ningún detalle librado al azar. Esto se sabía. Cuando yo estaba, el presupuesto era el mismo para inferiores que para la primera división. Están cosechando lo que sembraron. Esto es muy importante y no todos lo hacen.
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¿Conociste a Ramón Cabrero?
- Sí, cuando se fueGorosito asume Ramón en Lanús. Jugué con él y me dijo que me iba a tener en cuenta pero que sería el cuarto delantero. Luego tuve una propuesta que no se concretó por 200 mil dólares y decidí irme. Fui a Talleres y no me arrepiento, porque hoy gracias a eso estoy viviendo un lindo presente.
- ¿Cuántos amigos te quedaron allá?
- Varios, el Rengo Díaz, Pelletieri y muchos pibes que conocí con los cuales mantengo contacto.
- ¿Qué aspiraciones tenés a esta altura de tu carrera?
- La verdad es que los sinsabores del fútbol fueron todos económicos. Tuve la posibilidad de irme a México y por una diferencia menor entre clubes no pude hacerlo. También me desgarré poco tiempo antes del mundial sub ’17 y esa fue una gran frustración. También hubo alegrías, pero sin duda que el gran anhelo es ascender con el club y tratar de darle una satisfacción a la gente. Ese sería el momento cúlmine de mi carrera. Yo cuando empecé a jugar tenía el sueño de jugar en San Martín y no de hacerlo en River o Boca como lo sueñan casi todos. Siempre lo manifesté así y hoy tengo ese sueño cumplido. Además, tuve la fortuna de hacerles goles a los grandes del fútbol argentino y de jugar en los estadios más importantes del país. Pero…disfruto día a día jugar en San Martín como hacia mucho tiempo no disfrutaba algo.
- Es la primera vez que siento que la gente me quiere y me apoya tanto, mas allá de que muchas veces me lo demostraron. Pero esta vez el sentimiento es mayor y me noto identificado con ellos. Este es el momento más feliz de mi carrera. Mi vida era una encrucijada, porque estuve un año y tres meses sin jugar y era difícil saber como iba a responder en lo futbolístico y en lo anímico. Me tocó en el primer partido la suerte de convertir dos goles y eso me ayudó. Ahora tengo más responsabilidades, pero me siento maduro. Eso me pone muy tranquilo y feliz.
- ¿Cómo viviste todo el campeonato pasado alentando desde la tribuna?
- Fue tremendo, porque no me perdí ningún partido, fui y alenté, pero no pude estar. Cuando descendimos lloré en la tribuna y siempre me expresé en las malas, porque soy hincha. Pero hoy el club, luego de un semestre nefasto, está empezando a resurgir, y como dice la frase: la casa está en orden.