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Lo que no se vio de la visita de Diego Maradona

La mayoría de la prensa mendocina debió conformarse con mirar el juego por TV, sin contar con el acceso informativo que dichos acontecimientos merecen y a sabiendas que las aristas u ópticas de opinión conciernen en forma pluralista al parecer y decir de la gente.

Estaba claro que la presencia del más grande jugador argentino de todos los tiempos tendría una atracción particular y especial para el público mendocino. Por el solo hecho de observar pinceladas de aquella zurda prodigiosa que desparramó tanta elegancia y bendiciones en los campos del planeta, los “mendohinchas” pagarían su precio.

Y lo hicieron, más allá del circo mediático, plagado de pleitesías y con íconos de grandilocuencia, propio de un primer mundo lejano a nuestro tercero.

Allí estuvieron, trepados a los escalones de la añeja y querida cancha de Talleres, gritando apasionadamente por esas “panzas” con historia que sudaron sin reparo y se ganaron el pan.

Pero algo faltó, algo esencial a la hora de exhibir un espectáculo con escaso antecedente y sospechado de confianza.

Faltó repartir la torta. O darles un pedacito a los utilizados comensales de turno. Sólo vieron y estuvieron cerca de “los ex”, quienes forman parte del staff de un multimedio y por supuesto la cadena televisiva responsable de organizar y facturar con el jueguito.

Gran parte de la prensa mortal de esta tierra debió conformarse con mirarlo por TV, sin contar con el acceso informativo que dichos acontecimientos merecen y a sabiendas que las aristas u ópticas de opinión conciernen en forma pluralista al parecer y decir de la gente.

Nadie fue acreditado, todos los que forman parte del "resto" y no comparten la vereda de “los unos” se sintieron como “los otros”.

Para el arribo de la delegación al aeropuerto y una conferencia de prensa a cargo de uno y con diez más, no hubo objeciones. Estaba claro, debían vender el producto, pero nunca compartir.

Eran exclusivos y las rasgaduras algunas veces expresadas por hechos similares en años atrás por “otros”, se pagaron con la misma moneda.

Ni las Copas del Mundo en cualquier disciplina, ni los Juegos Olímpicos, eventos de dimensiones superiores impiden la labor libre y circulación sin reparos de la prensa.

En MDZ las imágenes fotográficas no estuvieron ausentes, por la peripecia y audacia de los reporteros que la representan, y tampoco la labor gráfica quedó exenta de datos, porque ante todo y por el lector está la información por sobre los bienes gananciales y las apetencias grupales.