Yayoi Kusama, el exorcismo de la locura

Yayoi Kusama, el exorcismo de la locura

El arte como refugio, bandera y salvación de una mujer que luchó con sus fantasmas.

María Teresa Andrés

María Teresa Andrés

Yayoi Kusama tiene 92 años y hace 34, en 1977, decidió recluirse en una clínica psiquiátrica. Nació en Japón en el seno de una familia acomodada, sus padres eran comerciantes de semillas. Su madre hacía que espiara las escenas inapropiadas -para usar un término sutil- de su promiscuo padre y, según su propio relato, presenció un acto que le dejó una profunda cicatriz emocional: “El miedo que entró por mis ojos se expandió dentro de mí”.

Era la menor de cuatro hermanos y si “madre hay una sola”, con la suya ¡cartón lleno!. Esta breve introducción explica su enfermedad y su arte.

Su derrotero es vasto y variado. La turbulenta relación de Yayoi Kusama con su madre sumada a la no aceptación de su actividad como artista -ya de niña había comenzado a hacer dibujos exquisitos- provocó una ruptura definitiva. Gracias a los consejos y la ayuda de la artista plástica norteamericana Georgia O’Keeffe (1886-1986), con quien mantenía una relación por correspondencia y a quien admiraba, se fue a Estado Unidos en 1958.

Literalmente quemó las naves destruyendo antes de irse unos 2000 trabajos suyos. No le fue fácil, el mundo de la plástica estaba dominado por hombres, pero logro su espacio en Nueva York, en parte gracias a Donald Judd (1928-1994), escultor estadounidense, quien admiraba su originalidad.

All the eternal love I have for the pumpkins (2016) Dallas Museum of Art

La obra de Yayoi Kusama

Sus obras abarcan pintura, escultura, corrientes imperantes como performance art, instalaciones en estilos diversos, el pop y el minimalismo. Se convirtió en una figura central en la vanguardia neoyorquina, y su trabajo fue exhibido junto al de artistas como Donald Judd, Claes Oldenburg y Andy Warhol.

Las pinturas "infinito net", miles de pequeñas marcas obsesivamente repetidas en grandes lienzos sin tener en cuenta los bordes se proponían, en forma hipnótica, crear la sensación de infinito. Fue una anticipación de lo que fuera el arte minimalista, aunque derivó posteriormente en arte pop y performance art.

La obsesión en su obra, que ella misma define de esa manera, no la abandona en toda su carrera. Sus esculturas blandas en las que los falos en tela blanca se repiten en toda la superficie de la obra: “Accumulation No. 1” (1962) o “La Sala del Espejo Infinito”, “Campo de Phalli” (1965), una habitación con espejos cuyos pisos estaban cubiertos con cientos de falos rellenos que habían sido pintados con puntos rojos. En el tema de la repetición, Kusama utilizaría en sus instalaciones espejos dando la sensación de infinitos planos, recurso que no abandonará en trabajos posteriores.

Acorde a su tiempo su arte fue por el camino del anti sistema, que en ese tiempo era una reacción a la violencia que habían dejado las guerras y las bombas. Una oposición a la escalada belicista, la bandera del amor libre, "Happenings" con la intención de desmontar los límites de la identidad, la sexualidad y el cuerpo. Se puede decir que su participación pública como artista fue intensa.

Regresó a Japón en 1973. Luego de recluirse en un hospital psiquiátrico por voluntad propia siguió su trabajo de manera ordenada y sistemática. Todos los días se traslada del psiquiátrico a un estudio, en un barrio de Tokio,  muy bien organizado con sus archivos de obra, biblioteca y asistentes, trabajando durante todo el día.

En 1989 regresa a la escena internacional con espectáculos en la ciudad de Nueva York y Oxford, Inglaterra. En 1993 representó a Japón en la Bienal de Venecia.

 

Yayoi Kusama en el Jardín de Narcisos, instalación creada para la Bienal de Venecia de 1993.

Entre 1998 y 1999 se exhibieron importantes retrospectiva de sus obras en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en el Walker Art Center en Minneapolis, Minnesota y en el Museo de Arte Contemporáneo de Tokio. En 2006 recibió el Premio Imperial de Pintura de la Asociación de Arte de Japón. En 2012 su trabajo fue el tema de una importante retrospectiva en el Museo Whitney de Arte Americano en la ciudad de Nueva York.

La hemos tenido en Buenos Aires en el año 2013 en el Museo Malba, publicándose un libro en español e inglés con ilustraciones en color de las obras de la muestra, ensayos de Larratt-Smith y Frances Morris, y una cronología de la vida de la artista. Malba y Mansalva editaron el libro Acacia olor a muerte, con dos cuentos y una novela escritas por Kusama, en su primera traducción al español por Anna Kazumi Stahl y su madre, Tomiko Sasagawa Stahl.

Esta niña de 92 años de pelo rojo, con sus obras inmensas y coloridas, espacios que se multiplican con efectos de paralaje, esferas de luz, puntos y lunares que todo lo invaden convirtió su arte en su salvación. 

Yayoi Kusama en Buenos Aires.

 

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