Vivir la calle: el inquietante círculo vicioso que atrapa a los niños
Matías, de 6 años, no debía estar esa tarde de viernes dentro de un contenedor de residuos de calle Arístides Villanueva buscando botellas y latas para que su familia las venda, él debía estar jugando a la pelota con sus amigos en la puerta de su casa. Juan, de 9 años, no debía estar en el centro de Mendoza buscando mesa por mesa en los locales quién quiera compartir con él algo de lo que tienen en su plato, debía estar en casa compartiendo el almuerzo con sus hermanos.
Los anteriores son nombres ficticios, pero ambas son situaciones muy reales a las cuales decenas de niños de Mendoza y miles niños del país deben adaptarse para sobrevivir.
“Vienen un montón de niños a pedir o vender, ¡es una barbaridad! Siempre son los mismos, son niños entre 5 y 13 años”, comparte la encargada de un café ubicado en calle Colón de la Ciudad de Mendoza. La logística es todos los días la misma, la mayoría de los niños pasan por las mesas cerca del mediodía y luego en la tarde cerca de las 17 horas.
"Hay horas pico en las cuales pasa mucha gente pidiendo dinero o vendiendo, es interminable, según cuenta la mesera y agrega: “ofrecen cosas chiquitas”, relata la moza y agrega que en algunas oportunidades es tanta la gente que pasa que incomoda a los clientes, “nos ha pasado que turistas se cansen y cancelen los pedidos, nos dicen: ´me voy porque me hartaron´”.
Hay otros clientes, con un poco más de paciencia y comprensión, que les ofrecen a los menores que pasan por las mesas comprarles algo para que coman. "Cuando son niños muchos veces los ayudan", afirma la encargada de uno de los locales céntricos.
Basta con caminar unas cuadras por el centro de Mendoza o en la Avenida Arístides Villanueva y aguardar tan solo 2 minutos para que se acerquen pequeños a las mesas ofreciendo bolsitas con caramelos, estampas o sahumerios.
“La situación de mendicidad aumenta cuando la situación económica empeora. Mientras son niños la mendicidad es un recurso de gran salida, cuando ya son adultos deja de ser rentable para las familias porque no tienen la misma recepción en el otro”, explica a MDZ Javier López, subdirector de Niñez de la Dirección de Derechos Humanos y Acceso a la Justicia de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
En la mayoría de los casos los menores regresan a dormir a sus hogares; sin embargo, pasan más del 80% de su día en la calle con sus padres mendigando o vendiendo en los principales puntos del Gran Mendoza, dejando de lado sus horas de estudio, de juego y los momentos en familia.

Después de recorrer las mesas de 4 locales, una niña y un niño van hacia dos adultos, que al parecer estaban con ellos. Con mucha soltura la mujer comienza a relatar su historia. Una historia que conmueve a todo el que la escuche.
"Estoy repitiendo mi historia"
Anita tiene 31 años, vive en una villa en Las Heras, en un hogar que se llueve y que durante mucho tiempo estuvo sin un anafe para poder cocinar. Allí vive con sus 4 hijos menores de edad y ella es único sostén de familia. Todos, sin otra alternativa, salen a la calle a vender por las mesas.
La mujer trabajaba algunas horas como empleada doméstica, pero perdió ese trabajo y no le quedó opción que reencontrarse con la calle. Esto no es nuevo para ella, durante muchos años en su niñez y adolescencia tuvo que pasar por esta situación.
“Yo me crié en la calle, volver a pasar todo esto no me gusta, siento que estoy repitiendo mi historia”. Y mientras uno la escucha tiene la misma sensación que ella, Anita vive en loop (bucle o círculo) vicioso que lleva a que vuelvan a vivir la misma experiencia que hace 15 años atrás tuvo que atravesar ella.
La historia de Ana y sus hijos es una de las muchas historias que todos los días circulan por las calles de Mendoza y el resto del país recorriendo cada mesa, aguardando por una ayuda o al menos una mirada que exprese empatía.
En Mendoza 900 mil personas son pobres o indigentes, de acuerdo a los últimos números sobre el tema aportados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec); el 44,6% es pobre y el 7,2% es indigente o está en situación de calle.
Pese a los números que refleja el Indec, el padre Maurcio Haddad, vicepresidente de Cáritas Arquidiocesana Mendoza considera que “es muy difícil acceder a estadísticas para conocer cuál es el número de niños que se encuentran realmente en situación de calle”.
Desde hace tiempo ellos trabajan en el seguimiento de los programas alimentarios que el Estado Nacional provee a través de, por ejemplo, la tarjeta Alimentar. “Nosotros detectamos que el 100% de la ayuda alimentaria para los niños no está siendo volcada efectivamente en ellos", destaca Haddad y añade: "Necesitamos que el Estado nos responda certeramente qué controles hay de que la tarjeta Alimentar se gasta realmente en los niños y si los controles médicos y escolares (que se exigen para poder obtener esta ayuda) se están llevando adelante”.
Más allá de las estadísticas, es una realidad que una alarmante cantidad de niños pasa más tiempo en la calle que en la escuela, hasta inclusive que en sus propios hogares. "Los domingos que salimos a repartir viandas en las plazas encontramos alrededor de 25 niños que tienen diversas estrategias de calle, algunos mendigan o venden estampitas; ellos pasan el 80% de sus días con sus padres en la calle. La mayoría tienen trayectorias débiles en las escuelas, algunos hasta no están escolarizados”, afirma una de las voluntarias de Puente Vincular, ONG que ayuda a personas en situación de calle.
Esta organización como muchas otras que colaboran con personas en situación de calle, trabajan en articulación con Contingencia Social de la provincia. En caso de ver a un niño que esté durmiendo con su familia en la calle, vendiendo o mendigando, se da aviso al organismo para que ellos puedan brindar asistencia y solucionar los problemas o falencias que los llevaron a esas personas, familias o grupos a optar por la calle.
Existen diversos programas de asistencia. Uno de ellos son los hogares en donde se les brinda asilo, que en la mayoría de los casos son hogares exclusivos de hombres y de mujeres solas o con niños; por ello, en muchas situaciones las familias deben separarse. Otra opción, es la ayuda que cada municipio brinda a través de un aporte monetario, "es una cifra mínima para alquilar una vivienda por 6 meses aproximadamente. Lo cual resulta prácticamente insignificante", sostiene Javier López.
Desde el estado se busca asistir a las familias de manera inmediata, pero las consecuencias a veces suelen ser más graves. "Las familias en ciertos casos pueden ser penalizadas, se desvincula a los niños y son ingresados a hogares de menores de la provincia. En muchos casos los vínculos están perfectos, pero hay pobreza estructural que hace que se tomen medidas que tienen que ver más con lo represivo que con lo protectorio”, explica el abogado.
Esto lleva a que las familias pierdan contacto, a que se vivan situaciones dramáticas y, en algunos casos, a que los niños se escapen de estos hogares y vuelvan a la calle. “No hay solución de fondo y los niños vuelven nuevamente a la calle”, afirma la voluntaria de Puente Vincular.
La mujer habla desde sus más de 10 años de experiencia en la ONG, "desde que comencé conocí a niños que estaban en situación de calle y son esos mismos que hasta el día de hoy, de adultos, continúan en la misma situación de fondo”.
No hay solución de raíz
Cada uno de los programas de políticas públicas brinda ayuda, pero ninguno ofrece una solución de raíz y muchos niños en situación de calle continúan en estado de vulnerabilidad social extrema, a pesar de recibir asistencia.
La brecha entre las familias más pobres y las más ricas es cada vez mayor, esto afecta el acceso a la salud, al derecho a la educación, derecho a una vivienda digna, y pone a los niños, niñas y adolescentes en riesgo ante situaciones de violencia, trabajo infantil y, en algunos casos, conflictos con la ley.
Las consecuencias no solo se pueden observar ahora, sino que la falta de soluciones tendrá graves resultados a largo plazo en el futuro de cada niño que vive o sobrevive en la calle.
Cada 12 de abril se celebra el Día Internacional del Niño en Situación de Calle. Fue a partir de una iniciativa de Consortium for Street Children (CSC), una de las redes internacionales más importantes dedicadas a la protección de los derechos de las y los niños de la calle. Una fecha que tiene como objetivo principal lograr que las voces de millones de niños de la calle en todo el mundo sean escuchadas y que sus derechos no sigan siendo ignorados.
