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Algo obvio
Pensaba con preocupación, que todos nuestros actos por pequeños que sean -involuntarios o no- siempre entrañan una o a veces muchas, consecuencias. Si digo que el medio ambiente se está deteriorando, que la erosión aumentó, que los desiertos crecen, o que las inundaciones están afectando nuestras poblaciones no descubro nada y si a ello le agrego que “la culpa la tiene el hombre”, completo lo que llamamos “bingo”. Hasta allí llega lo que todos solemos argumentar por repetición automática y con convicción, pero, si avanzamos más allá de lo enunciado e indagamos en las causas tomando ejemplos regionales y locales, que pueden considerarse pequeñeces frente al universo de desatinos medioambientales que existen, vamos a empezar a acordar (o tal vez no) y probablemente podamos entendernos en el futuro, en un acuerdo no muy lejano.
¿Por qué “antrópica”?
La actividad del hombre por sobrevivir al principio de su historia y por organizarse y prosperar mas acá en el tiempo no es más que un equilibrio o balance de energía (en el verdadero sentido) y que se transforman en economías (de energía) y economías en moneda, si a aquellas les asignamos un valor. Con ello pretendo decir claramente –espero lograrlo- que la subsistencia y el crecimiento de la economía de la humanidad está en primer lugar en la escala de valores de todos, pero luego viene la parte en donde deberíamos discutir cómo se apropia cada uno de los bienes que necesita. Así entramos en ese terreno espinoso que ha llevado y seguramente llevará a guerras entre los pueblos. Personalmente creo que no será ese el destino entre pueblos hermanos (de una misma región, país o grupos de países) sino que más bien ello ocurrirá –tal como se ve- a otros niveles en la escala mundial en donde se juegan posicionamientos ventajosos y diferenciados en cuanto al poder mismo que representan, pero no menos influyentes en términos de “economía energética” y monetaria y que pueden terminar involucrándonos a todos aunque no sea ese nuestro objetivo.
¿Qué hay a nuestro alrededor?
Esto no pretende ser una arenga “antibelicista”, aunque de hecho lo sea, sino que es un simple relato de lo que nos pasa a diario y como impacta en nuestras vidas. Hace unos días pasó por Mendoza –no por la ciudad, sino por “las afueras”- viajando a dedo, desde el sur hacia San Juan el joven periodista marplatense Juan Villarino http://www.acrobatadelcamino.blogspot.com), en su periplo hacia Alaska; su objetivo es, recoger mostrar e intercambiar experiencias con actores y poblaciones que hacen al diario vivir y de las que no habla nadie (o muy pocos lo hacen). Su experiencia es muy rica porque trae sobre su espalda la fenomenal recorrida “a dedo” que hizo desde Irlanda hasta Afganistán, atravesando territorios (Europa del Este, Turquía, Irak e Irán) que de acuerdo a la “prensa previa” resultarían ser absolutamente hostiles y que sin embargo fueron todo lo contrario. Digo que vale su experiencia porque apenas partió en su aventura por la costa de los ríos secos en La Pampa (Salado-Chadileuvú y Atuel) para luego continuar por los mismos ríos, también secos, en Mendoza se mostró más que impactado. Así es que pudo rememorar una experiencia vivida justamente antes de emprender el viaje desde Santa Rosa (La Pampa), cuando habiendo ido a visitar a un amigo en una localidad cercana, al regresar a Santa Rosa (siempre a dedo) fue levantado por una familia que viajaba en plena mudanza, proveniente de General Alvear (Mendoza); todo un símbolo de lo que deberíamos tener en cuenta. Caben aquí las preguntas: ¿cuántas familias hacen eso en el año? ¿Cuáles son sus destinos? ¿De dónde provienen? ¿Qué actividad dejaron? ¿Cuál fue el fracaso? ¿Por qué? Personalmente le anticipé al periodista viajero, que la realidad con la que se encontraría en el desierto del noroeste pampeano y del sur mendocino se resume perfectamente en aquella breve y simpática experiencia familiar; y no creo que sean diferentes en cualquiera de los “nuevos desiertos”.
¿En pos de “qué objetivo” nos movemos?
Sin dudas que todo ello responde a una realidad económica (equilibrio y balance energético) que hace que ocurran esas migraciones, y que dejan al descubierto –por lo menos- una utilización demasiado ineficaz e ineficiente de los recursos; y digo eso porque de otra forma no se entendería porque frecuentemente decimos “un país que tiene todo por hacerse”, “que tiene todos los recursos”, “comida es lo que sobra” “somos x habitantes por kilómetro cuadrado” etc. Y así, volviendo a los ejemplos regionales –casi pueblerinos- y, habiendo muchos para mostrar, existe uno muy cercano: ¿por qué no indagar más en una cuenca hidrográfica que está muriendo de a poco? Me refiero a la cuenca del Desaguadero Salado Chadileuvú Curacó que irónicamente siendo la más grande del país con más de 220.000 km2, no posee agua en la mayor parte de su extensión. Mientras, en su agonía arrastra no solamente a muchos pobladores y sus culturas ancestrales, y además “seca en vida” el futuro de otros, cronológicamente más recientes, que también tienen derechos.
Ese futuro, que puede albergar a todos, sólo es posible si estudiamos a fondo y valoramos el recurso. Los ríos San Juan, Mendoza y en menor medida el Bermejo, formaban el páramo fluvial y lagunar que se conoce como Guanacache (o Huanacache), una serie de lagunas encadenadas de cuyo desborde final, nace el río Desaguadero. Este, en su recorrida hacia el sureste primero y directo al sur mas abajo hace de límite entre Mendoza y San Luis, para ingresar a La Pampa y unirse al río Atuel. Decir que “unión o confluencia” es pura imaginación ya que raramente ha ocurrido ese fenómeno, en los últimos 100 años y es algo que no ocurre debido a la interrupción permanente del Atuel e intermitente del Desaguadero, aunque éste para no ser menos acaba de pasar a igual categoría en este verano que finaliza.
¿Quiénes pierden?
Todos. Todos quienes habitamos la región, las provincias y también el país, perdemos. Las vastas áreas e interfluvios delimitados por estos cauces y sus múltiple brazos están secos y obstruidos por voladuras y avance del monte, de modo que si esporádicamente llega alguna suelta de agua (motivada obligadamente por tormentas arriba) suelen salirse del mismo y resultar a menudo un problema, antes que una solución o un paliativo. El desplazamiento que la agricultura, está haciendo de la ganadería, supone y así se verifica, un incremento de cabezas de vacunos, en estas tierras áridas y semiáridas (de La Pampa, Mendoza y San Luís); allí las fuentes de bebidas son escasas y provienen de aguas subterráneas de alumbramiento costoso y muy mala calidad; paradójicamente las pasturas naturales ofrecen buenas posibilidades pero, sin disponer de buen agua, el manejo ganadero se dificulta y la productividad obtenida no se acerca ni de lejos a la potencial. Es entonces cuando el problema pasa a ser de todos (o debería): La Pampa perdió un millón de bovinos en el último año y medio en su mayoría de cría, y no pocos de ellos estaban sobre la cuenca. Y, si bien son muchas las causas de una pérdida como esa, es obvio que se está desatendiendo una potencial fuente de obtención de terneros, que reúne además condiciones sanitarias excelentes y que debería preocupar a alguien más que a las autoridades pampeanas, que mucho más no pueden hacer por ellas si no pueden contar con el agua de sus ríos. El reclamo oficial, hasta donde se conoce públicamente, nunca excedió lo que por derecho corresponde; es “un pedido o aspiración” de mínima cuando se dice “recibir al menos un caudal fluvioecológico” (por el Atuel) y un mínimo caudal en el Salado (Desaguadero) buscando con ello garantizar agua de bebida ganadera (que no supere 8 o 9 gramos/litro), y recuperar algo de la avifauna y flora.
Lo que está ocurriendo
La realidad es que desde octubre de 2009 el Desaguadero no ha superado 3 m3/s (el18/03/10 es de 2.3 m3/s) con una salinidad superior a la del mar (35 gramos por litro) mientras que el Atuel (brazo arroyo de la Barda) permanece absolutamente seco desde agosto de 2009, con un pico de 10 m3/s durante tres días a causa de la tormenta que azotó San Rafael y Alvear. Por otra parte, las lagunas que forman el complejo Guanacache (o Huanacache) están en franco retroceso junto con las nacientes del Desaguadero, signado su cauce por una fuerte erosión retrógrada. El sistema se encuentra en la categorización internacional de “sitio RAMSAR” y las preguntas que caven son: ¿si existe una real preocupación por saber que está ocurriendo en esta cuenca? y ¿si es bueno lograr dicho “status” internacional, en la condición que fuera o si será mejor acordar entre quienes vivimos en ella, un uso compartido, consensuado, equitativo, moral y sinceramente justo?
Queda planteada la pregunta y es posible que no se demore demasiado tiempo el debate que busque respuestas.