Un estudio revela por qué la fiebre aumenta al caer la noche
El ritmo circadiano y la respuesta inmune explican el aumento nocturno, un patrón habitual que debe evaluarse junto con otros síntomas.
La fiebre corporal varía durante el día y suele alcanzar sus valores más altos entre la tarde y la noche.
Imagen creada con IACuando una infección obliga a sacar el termómetro, la escena suele repetirse: un registro moderado por la mañana y una cifra más alta al caer la noche. Esa variación no implica por sí sola que el cuadro se haya agravado. En muchos casos, responde al cruce entre la fiebre y el reloj biológico.
La temperatura corporal no permanece fija durante las 24 horas. Incluso en una persona sana, suele ubicarse en su punto más bajo durante la madrugada y las primeras horas de la mañana, para luego aumentar de manera gradual. El máximo habitual se registra hacia el final de la tarde o al comienzo de la noche. La actividad física, las comidas, la ropa, el ambiente y el método de medición también pueden modificar el resultado.
El reloj biológico también regula la temperatura
Durante una infección, el sistema inmunitario libera sustancias inflamatorias que actúan sobre el hipotálamo, la región cerebral encargada de regular la temperatura. Como respuesta, aumenta la producción de prostaglandina E2 y el organismo eleva su “termostato” interno.
Por eso pueden aparecer escalofríos: aunque la persona ya tenga temperatura alta, el cuerpo busca generar más calor hasta alcanzar el nuevo nivel establecido. Este proceso se superpone con el ritmo circadiano natural, influido por los ciclos de sueño, la actividad y variaciones hormonales como las del cortisol y la melatonina.
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Qué encontró el estudio más reciente
Una investigación publicada el 5 de agosto de 2026 en BMC Pediatrics aportó nuevos datos sobre este comportamiento en niños. El trabajo examinó 122.890 mediciones correspondientes a 28.620 episodios febriles registrados por familias de 12.454 menores de hasta siete años. La temperatura promedio tocó su nivel más bajo a las 6, con 38,25 °C, y alcanzó el máximo cerca de las 23, con 38,93 °C. La diferencia observada entre ambos extremos fue de 0,68 °C.
Los registros iguales o superiores a 39 °C también fueron menos frecuentes durante las primeras horas de la mañana y se concentraron entre el final de la tarde y la medianoche. Esto indica que una medición más alta por la noche puede formar parte del curso diario esperado y no necesariamente señalar un empeoramiento. Sin embargo, los autores aclararon que se trató de datos cargados por cuidadores y de resultados generales: el patrón no permite anticipar cómo evolucionará cada paciente ni determinar la gravedad de una infección.
La cifra no es el único dato de alarma
La hora ayuda a interpretar el termómetro, pero no reemplaza la evaluación del estado general. Deben considerarse la edad, la duración del cuadro, la hidratación, la respiración, el nivel de alerta y la aparición de otros síntomas. En bebés de hasta tres meses, una temperatura de 38 °C o más requiere una consulta inmediata.
También se necesita atención urgente ante dificultad para respirar, confusión, rigidez de cuello, convulsiones, labios azulados o problemas para despertar a la persona. En adultos, conviene consultar si la fiebre supera de manera persistente los 39,4 °C, dura más de 48 a 72 horas o aparece en alguien inmunosuprimido o con enfermedades crónicas. Más que observar una cifra aislada, lo importante es seguir la evolución completa.
Información verificada con un estudio de BMC Pediatrics publicado en agosto de 2026, la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos y la revisión sobre fisiología de la fiebre de NCBI.