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Por qué los mosquitos pican más a algunas personas y qué dice realmente la ciencia

La explicación no pasa por una sola causa: el cuerpo, el olor de la piel, el aire que exhalamos y hasta la ropa pueden volver a una persona más visible para los mosquitos.


Cuando empieza la temporada de calor, la escena se repite en patios, plazas y dormitorios: hay personas que terminan llenas de picaduras mientras otras casi ni se enteran de que había mosquitos cerca. Durante años eso se explicó con frases sueltas, desde “tenés la sangre más dulce” hasta “siempre te eligen a vos”.

La ciencia, sin embargo, fue por otro camino. Hoy se sabe que los mosquitos no actúan al azar y que su atracción por ciertos cuerpos responde a una mezcla de señales químicas y físicas. Entre ellas aparecen el dióxido de carbono que exhalamos, la temperatura corporal, el olor de la piel y la actividad de la microbiota cutánea, es decir, los microorganismos que viven sobre ella y modifican el aroma que emitimos.

Lo que detectan los mosquitos antes de picar

Uno de los factores más claros es el dióxido de carbono. Los mosquitos pueden usarlo como una pista para ubicar a sus huéspedes, por eso quienes exhalan más suelen resultar más llamativos para ellos. Esa es una de las razones por las que el tamaño corporal o el embarazo aparecen de manera frecuente en los estudios sobre atracción.

A eso se suma el calor: estos insectos también responden a señales térmicas y, una vez que se acercan, combinan la información del ambiente con la temperatura de la piel para elegir dónde posarse. El olor corporal completa ese mapa. Distintos trabajos científicos encontraron que algunas personas producen compuestos cutáneos que las vuelven especialmente atractivas, en particular ciertos ácidos presentes en las emanaciones de la piel.

El papel de la piel, el sudor y hasta la ropa

El cuerpo humano emite una firma química propia y ahí también aparece otra variable importante: la microbiota de la piel. Las bacterias que viven sobre la superficie cutánea transforman sustancias del sudor y ayudan a formar olores que los mosquitos son capaces de detectar. Algunos estudios incluso observaron que la composición bacteriana puede alterar de forma significativa el atractivo de una persona frente a estos insectos.

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Además, entran en juego compuestos presentes en la transpiración, como el ácido láctico y otras moléculas volátiles. No todo termina ahí. La ropa también importa: los mosquitos usan señales visuales y se acercan con más facilidad a ciertos colores, sobre todo tonos oscuros que resaltan más y suelen absorber más calor.

Otro dato que circula desde hace tiempo tiene que ver con el grupo sanguíneo. Algunas investigaciones sugirieron que las personas con tipo O podrían atraer más mosquitos que quienes tienen otros grupos, aunque las revisiones científicas remarcan que la atracción humana es un fenómeno complejo y que no depende de una sola variable. Es decir, el grupo sanguíneo puede formar parte del rompecabezas, pero no alcanza por sí solo para explicar por qué alguien termina siendo el blanco preferido en una reunión al aire libre. La evidencia más consistente sigue apuntando a la combinación entre olor corporal, microbiota, CO2, calor y otras señales que cambian de una persona a otra.

A la hora de prevenir picaduras, las recomendaciones con mejor respaldo siguen siendo bastante concretas. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos aconseja usar repelentes registrados, cubrir la piel con ropa de manga larga, pantalones y medias, y reducir el agua estancada, ya que allí se reproducen los mosquitos. También resultan útiles los mosquiteros y los ventiladores, porque las corrientes de aire les dificultan el vuelo y complican que lleguen hasta la piel. En zonas con circulación de enfermedades transmitidas por mosquitos, estas medidas cobran todavía más importancia y no conviene reemplazarlas por soluciones improvisadas.

El caso de las cáscaras de naranja

En ese punto aparece uno de los trucos caseros más repetidos: usar cáscaras de naranja para espantar mosquitos. La idea se apoya en el olor cítrico y en los aceites naturales de la fruta.

Eso no significa que el aroma no pueda resultar molesto para algunos insectos en situaciones puntuales, sino que no hay respaldo suficiente para presentarlo como una alternativa confiable frente a productos evaluados por organismos de salud. Dicho de otro modo, puede formar parte de una costumbre doméstica, pero no conviene ponerlo al mismo nivel que las medidas de prevención recomendadas por agencias oficiales. La ciencia, por ahora, es bastante más firme para explicar por qué a algunos los pican más que para avalar remedios caseros como solución principal.