Pinos, mar y calma real: la playa argentina perfecto para bajar un cambio
Entre dunas preservadas y calles arboladas, este balneario ofrece playa amplia, naturaleza a pleno y una gastronomía ideal para quedarse un rato más.
Esta playa tiene uno de los paisajes más pintorecos por sus bosques y arena.
Turismo Buenos AiresHay destinos que se sienten apenas uno baja del auto. En Costa del Este pasa eso: el aire huele a resina, la playa cerca y el bosque aparece donde no suele aparecer en la costa. En vez de carteles, parlantes y movimiento constante, manda otra cosa.
La sombra de los pinos, las calles de arena y una calma que no se finge. Por eso se volvió una elección cada vez más común para quienes quieren descansar de verdad, sin resignar playa.
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Un tramo de costa que conserva su propia lógica
La localidad se ubica entre Mar del Tuyú y Aguas Verdes, y mantiene un perfil diferente al de otros balnearios más explosivos. No hay grandes avenidas ni torres que tapen el cielo. El pueblo creció con discreción y se nota: todo queda a mano, el tránsito es más lento y caminar se vuelve la mejor forma de moverse. Las dunas cuidadas son parte central de esa identidad: sostienen el paisaje, protegen la vegetación y ayudan a que el lugar conserve un aspecto natural, incluso en pleno verano.
El sello del destino es el entorno forestado. Pinos, eucaliptos y otras especies dibujan un corredor verde que atraviesa el pueblo y le da un clima particular, como si la playa quedara “adentro” del bosque. Hay senderos internos y calles blandas donde se camina sin apuro, a veces con el sonido de las ramas por encima y el canto de los pájaros como fondo. En ese marco, es común ver señales de vida silvestre: algún animal cruzando, huellas en la arena, movimientos entre los arbustos. No hace falta irse lejos para sentir naturaleza; acá está en la puerta.
Playa extensa y mar para disfrutar sin empujones
La costa es amplia y eso cambia todo. Hay espacio para instalar la sombrilla sin quedar pegado a otros, para jugar, para leer o simplemente mirar el horizonte. También es un lugar perfecto para caminar: la orilla larga invita a ir y volver con la cabeza más liviana, con ese ruido del agua que acomoda el día. Incluso en temporada alta, el ambiente suele ser más tranquilo que en otras zonas, un detalle que valoran mucho parejas y familias que buscan playa, sí, pero sin el agobio de la masividad.
Para quienes no se conforman con tirarse al sol, el entorno ofrece planes simples y disfrutables. El mar suele prestarse para actividades como kayak o paddle surf cuando las condiciones acompañan. Y el bosque suma su parte: bicicleta, caminatas suaves, paseos cortos al atardecer, paradas para sacar fotos o quedarse un rato mirando cómo cambia la luz entre los árboles. Es una mezcla rara y atractiva: verde intenso por un lado, azul abierto por el otro.
El centro acompaña ese estilo sin romperlo. Hay restaurantes, cafeterías y panaderías artesanales con propuestas que van de lo clásico de la costa a opciones más elaboradas, siempre en un clima relajado. La invitación es clara: comer bien y sin prisa, alargar la sobremesa, volver caminando. En Costa del Este, lo mejor no suele ser “hacer mil cosas”, sino recuperar el ritmo propio: escuchar el mar, sentir el bosque cerca y dejar que el día avance sin empujar.


