Para qué sirven las bolas de cemento que aparecen en las veredas
Se llaman bolardos y separan el tránsito vehicular de las áreas peatonales, aunque su ubicación debe respetar las condiciones de accesibilidad.
Los bolardos de cemento funcionan como una barrera física entre los vehículos y los espacios reservados para peatones.
Parecen parte de la decoración urbana, pero están colocadas para resolver un problema concreto. Las esferas de cemento que aparecen junto al borde de muchas veredas funcionan como barreras entre peatones y vehículos. Su tarea es impedir avances indebidos, ordenar la circulación y reforzar la protección en espacios donde calle y acera quedan demasiado próximas.
Estas piezas reciben el nombre de bolardos y forman parte del mobiliario urbano. Aunque las esferas de hormigón son una de sus versiones más reconocibles, también existen modelos con forma de poste, cono o pequeño monolito. El Manual de Diseño Urbano de la Ciudad de Buenos Aires los define como mojones destinados a separar áreas vehiculares y peatonales, especialmente cuando ambas se encuentran a un mismo nivel.
Por qué se colocan junto a las veredas
Cuando no existe una diferencia marcada de altura entre la calzada y el sector peatonal, una señal pintada puede resultar insuficiente para detener el ingreso de un auto. El bolardo agrega un límite físico que impide o dificulta esa maniobra. De esta manera, desalienta el estacionamiento sobre la vereda, evita el avance de vehículos sobre espacios de circulación peatonal y ayuda a distribuir con mayor claridad los distintos usos de la vía pública.
Su aplicación está prevista principalmente en calles con circulación restringida y proyectos de prioridad peatonal. También pueden delimitar zonas de permanencia, cruces o sectores en los que resulta necesario impedir el acceso vehicular sin levantar un muro continuo. La separación entre las piezas debe ser suficientemente reducida para que un automóvil no pueda atravesarlas ni utilizar el espacio como estacionamiento. Al mismo tiempo, el diseño tiene que conservar un recorrido cómodo para quienes caminan.
Qué condiciones debe cumplir un bolardo
La elección del material no responde únicamente a una cuestión estética. Según los criterios técnicos del Gobierno porteño, estas estructuras deben resistir el impacto de vehículos, la exposición permanente a la intemperie y el desgaste del uso cotidiano. También necesitan poco mantenimiento y una base estable. Para eso, se recomienda instalarlas sobre una fundación de hormigón armado que impida desplazamientos o inclinaciones.
Los modelos pueden fabricarse con hormigón armado, hierro fundido o materiales galvanizados. Sus dimensiones varían según el proyecto: algunos tienen una proporción vertical y otros son bajos y anchos, como las conocidas bolas de cemento. La instalación debe evitar la línea de las canaletas pluviales, ya que allí resulta más difícil construir una base adecuada sin interferir con el drenaje. Una pieza mal fijada puede perder estabilidad y dejar de cumplir su función.
La ubicación también debe garantizar accesibilidad
Aunque fueron diseñados para proteger al peatón, los bolardos pueden convertirse en una barrera cuando ocupan el espacio destinado a la circulación. Las especificaciones técnicas para veredas de la Ciudad establecen que la banda de paso debe tener al menos 1,20 metros de ancho y permanecer libre de objetos o interferencias. Por lo tanto, estas estructuras tienen que ubicarse fuera de ese recorrido.
La regla busca asegurar el paso de sillas de ruedas, cochecitos y personas que necesitan desplazarse con asistencia. La Ley Nacional 24.314, dedicada a la accesibilidad al medio físico, también dispone que el mobiliario urbano no debe transformarse en un obstáculo para personas ciegas o con movilidad reducida. La visibilidad, el contraste con el entorno y una distribución previsible resultan especialmente importantes en los modelos de baja altura.
Las bolas de cemento, entonces, no están colocadas al azar ni funcionan como simples adornos. Son una de las distintas formas que puede adoptar un bolardo dentro del diseño urbano. Bien instaladas, establecen hasta dónde pueden avanzar los vehículos y generan una protección permanente que no depende de controles constantes. Su eficacia, sin embargo, surge del equilibrio entre dos objetivos: frenar invasiones de autos y mantener una vereda continua, reconocible y accesible para todas las personas.