No es Pipa ni Río: la playa de Brasil que enamora este verano 2026 a los argentinos
Con dólar estable y ganas de calma, muchos argentinos apuntan a Pontal do Atalaia, un paisaje de postal cerca de Arraial do Cabo durante este verano.
Esta playa es una de las más elegidas por los turistas durante este verano 2026.
El verano 2026 volvió a poner a Brasil en el radar de los argentinos, sobre todo por la previsibilidad del dólar y la idea de una escapada con mar. En ese mapa, el nuevo “imán” no pasa por los clásicos de siempre.
Ni Pipa ni Río de Janeiro concentran la conversación. La sorpresa llega unos kilómetros más allá, cerca de Arraial do Cabo, donde una playa de perfil rústico se consolidó como la favorita de la temporada.
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Un ranking que la empujó al centro de la escena
La elección no es solo boca en boca. Pontal do Atalaia fue destacada como la mejor playa de Brasil en un relevamiento realizado entre 1.000 especialistas en viajes. El resultado se refleja en el listado anual de un sitio dedicado a evaluar destinos costeros a escala global. La metodología prioriza elementos como singularidad del entorno, presencia de fauna, conservación del paisaje, sensación sonora natural, facilidad para ingresar al mar, condiciones serenas, baja densidad de visitantes y vistas que valen el viaje.
Arraial do Cabo está relativamente cerca de Río de Janeiro, pero juega otro partido. Es un poblado pintoresco, con construcciones sencillas y un trazado urbano irregular, lejos del ritmo de las grandes ciudades. Ese contraste es parte de su encanto: a su alrededor se encadenan playas de aguas transparentes y orillas muy claras. Para muchos argentinos, el plan suma un plus: naturaleza, tranquilidad y menos ruido que en los centros turísticos más masivos.
Cómo se vive Pontal do Atalaia y qué tener en cuenta durante este verano
Pontal do Atalaia aparece como la gran figura de la zona. En el ranking global quedó ubicada en el puesto 20, un dato que alimentó su fama. Llegar exige algo de paciencia: desde el centro del pueblo hay que avanzar varios kilómetros en auto o taxi por un camino de tierra. En un tramo, el paso vehicular se corta y el final se hace caminando. La incomodidad, dicen los habitués, termina siendo parte de la protección del lugar, porque ayuda a evitar multitudes.
La recompensa se nota apenas se abre el paisaje. La playa es amplia, con arena muy clara y un mar limpio, de tonos que van del celeste al turquesa según el sol. El agua suele sentirse agradable y, en sectores, tiene poca profundidad, ideal para nadar con calma o asomarse al mundo submarino con máscara y snorkel. Alrededor, el marco natural se impone: acantilados, lomas con vegetación y miradores espontáneos que invitan a frenar y mirar.
Como el área conserva un perfil de baja intervención humana, la vida silvestre es parte del paseo. Es común ver aves sobrevolando la costa y, cerca de las piedras, pequeños habitantes marinos como peces y cangrejos. Un consejo práctico para pasar el día sin sobresaltos: llevar agua y algo para comer. La oferta de paradores y servicios es mínima. Para las fotos, las escaleras de madera por las que se baja a la playa se volvieron un clásico, aunque hay varios puntos altos alrededor para capturar panorámicas que parecen armadas con filtro.
El ranking también dejó un contexto interesante: el primer lugar fue para Cala Goloritzé, en Cerdeña, celebrada por su arco natural de piedra caliza, su arena clara y un acceso restringido que la mantiene casi intacta. En el segundo puesto quedó Playa Entalula, en Filipinas, reconocida por su mezcla de selva, rocas y aguas transparentes que invitan al snorkel. El tercer escalón fue para Bang Bao, en Tailandia, valorada por su tranquilidad, su extensión y un nivel de urbanización bajo que preserva el entorno. En ese escenario global, Pontal do Atalaia se ganó un lugar propio y, este verano, también el interés creciente de los argentinos.


