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Ni Caribe ni Polinesia: la playa de Brasil de aguas turquesas que enamora a todos

Escondida entre acantilados, esta playa del norte brasileño permite a los turistas compartir el mar con cetáceos en un entorno de aguas mansas y cristalinas.

Esta playa es una de las más pintorescas del nordeste de Brasil. 

Esta playa es una de las más pintorescas del nordeste de Brasil. 

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Cuando pensamos en una playa de Brasil, la mente suele viajar directo a la agitación de Copacabana o a los resorts all-inclusive del nordeste. Sin embargo, hay un rincón en el estado de Rio Grande do Norte que ofrece una experiencia completamente distinta, mucho más ligada a la conexión íntima con la naturaleza que al lujo hotelero.

En la famosa localidad de Pipa, existe una bahía que parece desafiar las leyes del turismo masivo. Allí no hay motores de lanchas ruidosos ni música a todo volumen; lo que reina es el sonido del mar y la respiración de sus habitantes más famosos: los delfines.

Una playa que se destaca por sus paisajes

La Baía dos Golfinhos, o Bahía de los Delfines, hace honor a su nombre de una forma literal que sorprende a cualquier viajero desprevenido. No se trata de un parque acuático ni de un show montado para vender entradas. Es un ecosistema vivo donde estos mamíferos marinos se sienten tan cómodos que comparten su espacio con los humanos. Las aguas de esta playa son famosas por su calma y temperatura agradable, funcionando casi como una inmensa piscina natural al aire libre. Esta tranquilidad es, justamente, lo que atrae a las manadas que buscan refugio y alimento cerca de la costa.

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Lo que vuelve a este sitio un destino imperdible es la accesibilidad de su mayor atracción. En muchos lugares del mundo, ver delfines implica contratar costosas excursiones mar adentro, con la incertidumbre de si aparecerán o no. Aquí, la rutina es diferente. Los animales se acercan a la orilla, a escasos metros de donde la gente está parada, para cazar peces y jugar. La interacción es espontánea y libre. Es común estar flotando relajadamente y ver surgir una aleta dorsal al lado, regalando una anécdota imborrable.

Para quienes disfrutan de actividades como el kayak o el stand-up paddle, el escenario es aún más mágico. Los delfines suelen acompañar el trayecto de las tablas, nadando por debajo o saltando a los costados. Al ser animales salvajes pero habituados a la presencia humana, son inofensivos y curiosos. La transparencia del agua en esta zona facilita verlos en todo su esplendor, convirtiendo un día de playa común en un documental de la vida silvestre en primera persona.

La aventura de llegar (y salir a tiempo)

Sin embargo, acceder a este paraíso no es tan simple como bajar del auto y pisar la arena. La naturaleza protege sus tesoros y este caso no es la excepción. La Bahía de los Delfines está aislada por paredes de acantilados que impiden el acceso directo desde el pueblo. La única manera de llegar es caminando por la playa desde sus vecinas, la Playa del Centro o la Playa de Madeiro. Pero hay una regla de oro que todo turista debe respetar: la tabla de mareas.

El mar es el portero de este lugar. El paso solo se abre cuando la marea está baja. Si el agua sube, las olas cubren la arena y chocan contra las piedras, dejando el camino intransitable. Esto obliga a los visitantes a planificar su día con reloj en mano. Quedarse atrapado no es una opción segura. Una vez en la playa, la infraestructura es mínima pero suficiente: algunos puestos rústicos ofrecen sombra, agua de coco y tragos para refrescarse, manteniendo el ambiente virgen y poco intervenido que caracteriza a la zona.

Pipa: mucho más que delfines

Si bien la bahía es la estrella, el entorno de Pipa ofrece un abanico de opciones para completar el viaje. La geografía del lugar es impactante, dominada por acantilados rojizos y una vegetación tropical densa. Un punto obligado es el Chapadão, una enorme meseta sobre el mar que funciona como mirador natural. Desde allí, los atardeceres son un espectáculo aparte, tiñendo el cielo y el océano de colores vibrantes.

Para los que buscan un poco más de acción y adrenalina, la vecina Praia do Amor es el contrapunto ideal a la calma de los delfines. Sus olas fuertes la convierten en la favorita de los surfistas. Además, el Santuario Ecológico de Pipa permite adentrarse en la selva atlántica a través de senderos seguros, donde es posible avistar monos y aves exóticas. Así, este destino logra mezclar relax, aventura y fauna en estado puro, consolidándose como uno de los puntos más fascinantes del mapa brasileño.