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Luis Brandoni murió a los 86 años: la película de Netflix que lo recuerda y conmueve a todos

La muerte del actor reaviva el interés por Parque Lezama, la película de Netflix que lo reunió con Eduardo Blanco en una historia sobre amistad, memoria y vejez


La muerte de Luis Brandoni volvió a poner en primer plano una película reciente que, vista hoy, adquiere otro peso. Parque Lezama, dirigida por Juan José Campanella y disponible en Netflix desde el 6 de marzo, quedó instalada como una de las últimas grandes actuaciones del actor, fallecido este 20 de abril a los 86 años.

La noticia de su muerte cerró una carrera extensa en cine, teatro, televisión y streaming, pero también empujó a muchos espectadores a volver sobre este film donde compartió pantalla con Eduardo Blanco en un duelo interpretativo de enorme precisión.

Parque Lezama Tráiler OficialNetflix

Un regreso que hoy se resignifica

La película también marcó el regreso de Campanella al cine de ficción argentino. Después de El cuento de las comadrejas y de sus trabajos en televisión y documental, el director llevó al cine una obra que ya había funcionado en teatro y que había construido un vínculo fuerte con el público. El estreno en salas fue el 19 de febrero y luego dio el salto global con Netflix, en una adaptación basada en I’m Not Rappaport, de Herb Gardner. En ese pasaje del escenario a la pantalla, Campanella mantuvo el corazón del relato y apostó a que la fuerza de los personajes siguiera al frente.

Dos hombres, una plaza y una conversación que crece

La historia se apoya en un encuentro simple, casi mínimo. Dos hombres mayores se conocen en el Parque Lezama y empiezan a compartir conversaciones que, con el correr de los días, dejan de ser apenas un intercambio casual. Uno habla sin freno, exagera, fabula, se presenta como un exmilitante comunista lleno de pasado y de versiones sobre sí mismo. El otro escucha más de lo que dice, se mueve con cautela y parece elegir siempre un segundo plano. Entre ambos aparece una amistad inesperada, sostenida por discusiones, ironías, desconfianzas y momentos de intimidad que van revelando heridas viejas, temores presentes y una mirada áspera, pero también sensible, sobre la vejez.

Lo que vuelve especialmente potente a Parque Lezama no es solo lo que cuenta, sino cómo lo hace. Campanella construye una película de diálogos intensos, con un espacio muy reconocible y con una puesta que no necesita grandilocuencia para sostener la tensión. El parque, con sus sonidos cotidianos y su circulación permanente, funciona como un escenario vivo para una historia donde conviven la ternura, el humor, el desgaste físico y la fragilidad. Allí Brandoni y Blanco hacen del cuerpo una herramienta central: la forma de caminar, de detenerse, de mirar o de sostener un silencio dice tanto como las palabras.

La película que queda como testimonio

En este contexto, la muerte de Brandoni modifica la recepción de la película. Lo que hace unas semanas era leído como el retorno de una dupla prestigiosa y el nuevo trabajo de Campanella, ahora también puede verse como un testimonio reciente del oficio de uno de los actores más importantes de la Argentina. No se trata solo de nostalgia. Hay algo más concreto: Parque Lezama concentra varios rasgos que atravesaron su carrera, la potencia oral, la presencia escénica, el manejo del tiempo y esa capacidad de sostener un personaje desde los matices antes que desde el énfasis.

Por eso, en estas horas, la película dejó de ser apenas un estreno reciente de Netflix para convertirse en una forma de volver a Brandoni. Allí está, frente a cámara, en una historia sobre el paso del tiempo, la dignidad, la verdad y los relatos que cada uno construye para seguir en pie. En esa combinación entre amistad, memoria y discusión sobre la vida, Parque Lezama encuentra una nueva dimensión tras su muerte: la de una obra que, sin proponérselo, terminó funcionando como una despedida artística a la altura de su trayectoria.