Los signos de la risa que revelan tu salud emocional
Existe un consenso médico ya muy instalado en el imaginario popular que indica que la risa es sana para nuestra mente y cuerpo. Incluso hay infinidad de canciones, poemas y otros textos que le rinden tributo a la risa. Incluso una máxima sostiene que un día sin sonrisas es un día perdido. Pero, ¿sabías que existe una tipología para clasificar nuestro modo de reírnos y que puede denunciar patologías? La película de Joker graficó uno de estos trastornos provocado por ataques abruptos de risa.
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Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, el sonido, la duración y los intervalos entre las carcajadas emitidas pueden confirmar si una persona se encuentra sana o atraviesa un cuadro depresivo.
Rafael Lahoz-Beltra, investigador de la casa de estudios española explicó que la risa opera como una "huella" por lo que revela sobre el ánimo. Pero no se trata de algo fijo como la huella dactilar sino de algo cambiante, que ofrece las señales del proceso interno, espiritual y emocional.
Este trabajo indicó que la persona sana muestra valores equivalentes en la frecuencia, duración y tono de las primero cinco carcajadas emitidas. Sin embargo, el informe reveló que quienes atraviesan depresión no siguen esta regla. La clave parece estar en el quinto episodio de risa, con un valor más bajo en las personas que padecen depresión, con respecto a la primera carcajada.
La risa contribuye a desterrar el estrés y alivia la depresión. También fortalece la autoestima y la confianza en uno mismo. Combate miedos y fobias, así como la timidez. Pero también existe una risa patológica.
Cuando alguien se ríe de la nada, sin un motivo claro, padece una patología ya que la risa no es proporcional al estímulo emocional que la desencadena, es inapropiada, desenfrenada, incontrolada. En el caso de la película Joker, el protagonista padece este trastorno, el síndrome pseudobulbar, que se caracteriza por episodios de risa.
La risa puede provocar en algunos casos estados de cataplejía, esto es quedarse sin fuerza en los músculos y que, atraídos por la ley de la gravedad, caerse sin poder hacer nada por impedirlo.