Limpieza de alfombra: tres trucos caseros que sí funcionan
Alfombras sin manchas: tres remedios simples que muchos ignoran. El método casero para salvar tu alfombra de manchas difíciles.
Limpia tus alfombras con estos trucos.
Sufres cuando a la alfombra le cae café, vino o barro y crees que será una mancha eterna. Sin embargo, en casa hay aliados baratos y potentes para la limpieza. Vinagre, bicarbonato, sal o agua con gas logran resultados que sorprenden. Con pocos pasos y estos trucos, la alfombra vuelve a lucir limpia y sin rastros.
Trucos para la limpieza de las alfombras
Las alfombras acumulan polvo, restos de comida y ácaros. Un estudio de la Universidad de Arizona halló que un metro cuadrado de alfombra guarda miles de bacterias. Por eso limpiar manchas en el momento es lo mejor.
El primer truco usa dos clásicos del hogar: bicarbonato y vinagre blanco. Espolvorea bicarbonato sobre la mancha y deja reposar media hora. Luego mezcla una cucharadita de vinagre con un litro de agua caliente en un pulverizador. Rocía la zona y deja actuar una hora. El contacto entre ambos afloja la suciedad.
Tras ese tiempo, frota con un cepillo suave. Hazlo en la dirección de las fibras para evitar daño. Luego retira la mezcla con un paño seco. Este método resulta útil para manchas secas o antiguas. El bicarbonato absorbe olor y el vinagre ayuda a soltar la suciedad atrapada.
El segundo truco sirve para manchas recientes. Café, refresco o vino caen y dejan rastro. Primero retira el exceso con papel absorbente, sin frotar. Después mezcla jabón neutro con agua con gas fría. Humedece un paño limpio y da pequeños toques desde el borde hacia el centro.
El gas ayuda a levantar la mancha de la fibra. El jabón limpia sin dañar el tejido. Deja actuar unos minutos y seca con un paño limpio. Este método rápido evita que el líquido penetre en la alfombra y reduce el rastro que queda tras el accidente.
El tercer truco mezcla sal y bicarbonato. Antes de empezar aspira la alfombra para quitar polvo. Luego rocía agua fría con un pulverizador. Espolvorea una mezcla de sal y bicarbonato en la zona húmeda. La sal ayuda a absorber la suciedad mientras el bicarbonato neutraliza olores. Después frota con un cepillo para que el polvo penetre en la fibra. No empapes la alfombra; basta con humedad ligera. Tras el secado, aspira los restos.



