La psicología lo advierte: la tranquilidad extrema en situaciones de crisis puede no ser una fortaleza
La psicología advierte que el apego evitativo, manifestado como tranquilidad extrema, puede derivar en ansiedad o depresión si no se aborda terapéuticamente.
La tranquilidad extrema podría ser consecuencia de hechos dolorosos en la niñez.
ShutterstockMuchas veces, cuando una persona permanece calmada ante situaciones críticas, se le atribuye una personalidad fuerte y templada. Sin embargo, diversos estudios en psicología señalan que esa aparente paz exterior no siempre es síntoma de equilibrio, sino el resultado de vivencias pasadas atravesadas por el dolor, la inseguridad o el abandono emocional.
Esta conducta ha cobrado relevancia en el último tiempo por sus implicancias y consecuencias en la vida adulta. Diversas investigaciones indican que muchos niños aprenden a desactivar sus emociones incluso antes de que se manifiesten. Esto suele vincularse con infancias donde no hubo espacio para el juego, el error o la validación afectiva. Como consecuencia, al crecer son vistos erróneamente como personas invulnerables o "seguras" a las cuales recurrir en momentos de crisis.
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Los efectos de este mecanismo de defensa rara vez se manifiestan de forma inmediata; suelen aflorar con el paso de los años. La supresión prolongada de las emociones se relaciona con una menor satisfacción social, el paulatino distanciamiento de los vínculos afectivos y una desconexión con el propio mundo interior. Con el tiempo, este aislamiento puede derivar en cuadros de ansiedad o depresión.
En psicología, este patrón se conoce como apego evitativo: un tipo de vínculo inseguro donde la persona prioriza una autosuficiencia extrema para protegerse y esquiva la intimidad emocional por miedo al rechazo. La buena noticia es que esta dinámica se puede transformar mediante procesos terapéuticos, los cuales permiten identificar estos comportamientos, aceptar la vulnerabilidad y aprender a conectar con los demás de manera genuina y sin temores.