Hallazgo inesperado: el telescopio espacial James Webb reveló un planeta que desafía la ciencia
Un nuevo hallazgo del telescopio espacial James Webb reveló un exoplaneta extremo, cubierto por magma y rodeado por una atmósfera densa, algo que hasta ahora se creía inviable en este tipo de mundo.
El telescopio espacial James Webb permitió seguir al asteroide 2024 YR4 con una precisión inédita y descartar por completo un impacto sobre la Luna en 2032.
NASA/ESADurante años, los astrónomos sabían de la existencia de TOI-561 b, un planeta ubicado a unos 280 años luz de la Tierra, pero fue un hallazgo del telescopio espacial James Webb el que permitió conocerlo en detalle y revelar que conserva una atmósfera densa, algo que sorprendió a los científicos por su extrema cercanía a su estrella.
TOI-561 b es una supertierra, es decir, un planeta rocoso más grande que la Tierra. Su tamaño es aproximadamente 1,4 veces mayor que el de nuestro planeta y forma parte de un grupo poco común de exoplanetas que giran extremadamente rápido alrededor de su estrella. En este caso, completa una órbita en menos de 11 horas, algo muy poco habitual. Su estrella es apenas más pequeña y más fría que el Sol, pero el planeta se encuentra tan cerca que recibe una cantidad extrema de energía.
La distancia entre TOI-561 b y su estrella es mucho menor que la que separa a Mercurio del Sol. Esa cercanía provoca que el planeta muestre siempre la misma cara hacia la estrella, un fenómeno conocido como acoplamiento gravitacional. Como consecuencia, un lado permanece en iluminación constante y alcanza temperaturas capaces de derretir la roca, lo que da lugar a un océano global de magma, mientras que el otro lado queda sumido en la oscuridad permanente.
Otro aspecto que desconcertó a los investigadores es su densidad inusualmente baja. TOI-561 b orbita una estrella muy antigua, con una edad aproximada del doble de la del Sol, y pobre en hierro, situada en una región de la Vía Láctea conocida como el disco grueso. Este entorno químico distinto al del sistema solar sugiere que el planeta se formó bajo condiciones muy diferentes a las de los planetas rocosos conocidos.
El hallazgo más inesperado surgió a partir de las observaciones realizadas con el instrumento NIRSpec del telescopio espacial James Webb. Al medir la variación de la luz emitida por el sistema cuando el planeta pasó detrás de su estrella, los científicos lograron estimar la temperatura del lado diurno. Según los modelos teóricos, una superficie de roca desnuda debería alcanzar unos 2.700 grados Celsius, pero la temperatura medida fue cercana a los 1.800 grados.
Esa diferencia no pudo explicarse mediante escenarios tradicionales. Tras evaluar y descartar múltiples hipótesis, el equipo concluyó que la única explicación consistente es la presencia de una atmósfera espesa. Este resultado desafía las expectativas, ya que los planetas pequeños que orbitan tan cerca de sus estrellas suelen perder sus gases tras miles de millones de años de radiación intensa.
Los investigadores plantean que esta atmósfera contiene una alta proporción de compuestos volátiles, lo que permitiría vientos intensos capaces de transportar calor desde el lado diurno hacia el nocturno. Además, la presencia de vapor de agua y nubes ricas en silicatos podría absorber y reflejar parte de la radiación estelar, lo que contribuye a regular la temperatura observada.
Según el estudio, existe un equilibrio entre el océano de magma que cubre la superficie del planeta y su atmósfera. Los gases liberados por el material fundido podrían ser reabsorbidos de forma continua, lo que permitiría la persistencia de esta envoltura gaseosa a lo largo del tiempo, incluso en un entorno tan hostil.
Los resultados de este hallazgo fueron publicados el 11 de diciembre en la revista científica The Astrophysical Journal Letters. Aunque TOI-561 b no presenta condiciones compatibles con la vida, su análisis aporta información clave sobre la formación y evolución de atmósferas planetarias y amplía el conocimiento sobre los límites de los planetas rocosos extremos.


