Hablar solo no es estar loco: la psicología explica por qué este hábito puede ser beneficioso
En diálogo con MDZ, una psicóloga explicó por qué este comportamiento podría ser clave para reducir el estrés y ordenar la mente.
Los motivos por los que no debería darte vergüenza hablar solo.
ShutterstockDurante mucho tiempo, se asoció el hábito de hablar en voz alta con la locura. Sin embargo, la ciencia y la psicología demuestran todo lo contrario. Lejos de ser una anomalía, el diálogo interno exteriorizado es una herramienta completamente normal y sumamente valiosa para la mente.
En diálogo con MDZ, la psicóloga Delfina Sosa (M.P. 6139) desmitificó esta conducta y explicó cuáles son sus verdaderos beneficios, en qué momentos puede volverse contraproducente y cuándo se requiere atención profesional.
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"Hablar solo no es algo extraño, es simplemente un método para organizarse y expresar lo que se siente", señala la especialista.
Los beneficios de hablar en voz alta
En primer lugar, esta conducta favorece la autorregulación emocional y el control del estrés. Al escuchar nuestros propios pensamientos ordenados en oraciones, obtenemos una mayor sensación de control sobre nosotros mismos y sobre las situaciones que nos abruman.
Por otro lado, resulta una estrategia clave para organizar ideas y mejorar la concentración. Practicar en voz alta sirve para enfocar la atención y fijar la memoria, siendo un recurso muy utilizado a la hora de estudiar o resolver tareas complejas.
En esta misma línea, la ciencia respalda la eficacia de este hábito. Los investigadores Colin MacLeod y Noah Forrin, de la Universidad de Waterloo (Canadá), publicaron un estudio en la revista Memory titulado "Los beneficios de escucharse a uno mismo", donde concluyeron que la repetición en voz alta de lo aprendido es uno de los métodos más eficaces para fijar conocimientos en el cerebro.
Asimismo, la conversación en solitario ayuda a materializar los proyectos y resolver dilemas. Llevar aquello que nos genera ansiedad al terreno de la palabra nos permite estructurar una respuesta concreta para ejecutarla o tomar una decisión.
Finalmente, este hábito funciona como un excelente entrenamiento para conversaciones difíciles. Practicar en voz alta un discurso o una charla potencialmente incómoda ayuda a ensayar respuestas, modular el tono de voz y ganar confianza antes de afrontar el encuentro real.
¿Cuándo deja de ser un hábito saludable?
Aunque se trata de una conducta positiva, la Lic. Sosa advierte que la clave está en el contenido del discurso. "Deja de ser sano cuando el mensaje es negativo o autodestructivo; cuando en vez de ayudarte a tomar una decisión, hace todo lo contrario y la obstaculiza", detalla la especialista.
Ahora bien, cuando se pierde el contacto con la realidad es momento de buscar a un especialista. El verdadero punto de quiebre ocurre cuando "en vez de hablar solo, pasamos a interactuar con alguien inventado por nuestra cabeza, lo que se conoce como alucinación o conducta desadaptativa", explica Sosa.
En estos escenarios, la persona pierde la capacidad de distinguir entre lo real y lo imaginario. Debido a que quien atraviesa este proceso no suele ser consciente de lo que le ocurre, casi siempre es su entorno cercano (familiares o amigos) quien advierte la desconexión y debe gestionar la ayuda profesional correspondiente.