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El secreto del norte bonaerense a dos horas de CABA: playas, cascadas y postales históricas

A orillas del Paraná y a pocas horas de la Capital, Ramallo combina naturaleza, historia y playas extensas para una escapada corta.

Al lado del río, Ramallo tiene playas ideales para comer pescado. Foto: Turismo bonaerense

Al lado del río, Ramallo tiene playas ideales para comer pescado. Foto: Turismo bonaerense

Ramallo queda a unos 200 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, sobre la costa del río Paraná, y se consolidó como uno de esos destinos que resuelven un fin de semana sin demasiada planificación. Allí se pueden disfrutar de playas, cascadas y grandes lugares históricos.

Lo que durante años fue un punto de paso del norte bonaerense hoy aparece en el radar de quienes buscan aire libre, tranquilidad y recorridos con valor patrimonial. La cercanía con el AMBA ayuda, pero el atractivo real está en su mix: barrancas, arena, agua calma y construcciones que cuentan capítulos de otra época.

Un castillo en las barrancas del Paraná

Entre las visitas más llamativas está el Castillo de Obligado, ubicado a 20 kilómetros de la ciudad cabecera de Ramallo. La historia tiene un costado romántico: fue el proyecto personal del poeta Rafael Obligado, autor del poema gauchesco Santos Vega, como homenaje a su esposa, Isabel Gómez Langenheim. A ella le gustaban las novelas del escocés Walter Scott, con tonos medievales y góticos, y esa estética terminó impregnando la residencia. La obra se levantó en 1896, en un punto alto sobre el Paraná, y se distingue por sus ventanales ojivales y su estructura de tres niveles.

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Castillo de Obligado

Castillo de Obligado

El edificio fue pensado a lo grande para su tiempo: suma 24 habitaciones y seis baños, con un hall central que marca la entrada y tres tramos de escaleras que ordenan la circulación hacia los pisos superiores. Más allá de la foto, el paseo vale por el contraste: la arquitectura de inspiración europea se recorta contra el paisaje del río y las barrancas, y convierte una salida corta en una postal poco habitual para la provincia de Buenos Aires.

Estancia El Oratorio y un viaje a otro siglo

Para quienes disfrutan del turismo histórico, otra parada fuerte es la Estancia El Oratorio, un campo de alrededor de 5.000 hectáreas con un casco construido por Manuel José de Guerrico entre 1850 y 1860. Está emplazada junto al antiguo Camino Real y cerca del arroyo Ramallo, en un sitio que tuvo un oratorio privado ligado al presbítero Juan Gregorio Solla y dedicado bajo la invocación de la Virgen del Carmen. Esa marca religiosa quedó integrada a la identidad del lugar, que con el tiempo pasó a representar el auge de las estancias en la región.

El casco se reconoce por su impronta italiana y por detalles que hablan de época: mármoles, balaustres y un mirador ubicado sobre el techo más alto. También sorprende por los adelantos técnicos que incorporó en su momento, como agua corriente, malacate, molinos combinados e iluminación a gas de acetileno. Es decir: no solo es una construcción elegante, sino también una muestra de cómo se vivía el progreso en el campo bonaerense de mediados del siglo XIX.

Playas, cascadas y un plan de río para todo el día

El costado más familiar de Ramallo aparece en su ribera. Sus playas sobre el Paraná se caracterizan por una franja de arena dorada que ronda el kilómetro y por aguas serenas, ideales para ir con chicos. Hay paradores con música, opciones gastronómicas y, en el parador municipal, sombrillas gratuitas. Además, se habilitan sectores para deportes náuticos, lo que suma alternativas para quienes buscan algo más activo sin salir del entorno.

En paralelo, existen espacios de naturaleza organizados como el Club de Bosque, instalado en un predio que funcionó como camping a la vera del arroyo Las Hermanas, que desemboca unos cuatro kilómetros más adelante en el Paraná. Allí se ofrecen servicios como proveeduría, alquiler de carpas, pileta, mesas, bancos, parrilleros, quincho cubierto, estacionamiento, canchas de fútbol y vóley, además de seguridad. En ese entorno aparecen las cascadas y manantiales de Ramallo, un plus inesperado para una zona de planicies.

Llegar desde Buenos Aires es parte de la comodidad del destino. En auto, la opción más directa es la Ruta Nacional 9 y el viaje suele demandar unas tres horas. También se puede ir en tren desde Retiro, conectando con la línea que va hacia Rosario, o elegir micros de larga distancia con salidas diarias desde la terminal porteña. Con cualquiera de las alternativas, Ramallo funciona como una escapada simple: poco traslado, mucho río y una combinación de historia y aire libre que se deja disfrutar sin apuro.