El paisaje argentino que parece el Sahara y esconde una de las dunas más altas del mundo
En Catamarca, este paisaje de arena, montañas y aguas termales reúne dunas gigantes, aventura, historia y una de las postales más impactantes del país.
El paisaje de las dunas de Catamarca también sorprende de noche, cuando el cielo despejado completa una postal de desierto.
La Ruta NaturalArgentina tiene selvas, glaciares, montañas, salares, playas, bosques y también un paisaje de arena que parece trasladado desde otro continente. Ese escenario está en Catamarca, al norte de Fiambalá, donde las dunas de Saujil, Medanitos y Tatón forman uno de los lugares más impactantes del país.
La comparación con el Sahara aparece casi de inmediato. El paisaje combina extensiones de arena clara, pendientes enormes, silencio de desierto y montañas que cierran el horizonte. Allí, el viento cambia las formas de las dunas y convierte al recorrido en una experiencia distinta según la hora del día, la luz y el movimiento de la arena.
Uno de los puntos más conocidos está cerca del pueblo de Saujil, a unos 10 kilómetros al norte de Fiambalá. Allí se encuentra la llamada duna mágica de Saujil, una formación de unos 90 metros de altura y una pendiente cercana a los 45 grados que la volvió especialmente buscada para la práctica de sandboard.
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Más adelante, después de pasar por Saujil y Medanitos, el camino conduce hacia Tatón, donde aparece otro conjunto de dunas monumentales. En esa zona se encuentra la duna Federico Kirbus, considerada una de las más altas del mundo, con una cima que alcanza los 2.845 metros sobre el nivel del mar.
El nombre de esa duna recuerda a Federico Kirbus, periodista, escritor y divulgador de la geografía, la historia y las curiosidades de la Argentina y Sudamérica. Su figura quedó asociada a este paisaje catamarqueño que, pese a su dimensión, todavía conserva una sensación de descubrimiento para muchos viajeros.
La zona también es un punto elegido para safaris fotográficos, travesías en cuatriciclos, salidas en 4x4 y excursiones guiadas. En el bolsón de Fiambalá, las superficies de sedimentos fueron modeladas por el viento hasta formar este desierto blanco, donde la aventura convive con una geografía frágil que exige respeto y cuidado.
El viaje puede completarse con las Termas de Fiambalá, ubicadas a unos 17 kilómetros de la ciudad. En una quebrada al pie de la Cordillera de los Andes, el complejo reúne piletas de piedra con aguas que varían entre los 28° y los 51°, en un entorno de montaña que suma otra cara del mismo paisaje catamarqueño.
Otro recorrido clave es la Ruta del Adobe, un circuito de unos 55 kilómetros entre Tinogasta y Fiambalá, sobre la Ruta Nacional 60. El trayecto atraviesa pequeños poblados, iglesias, capillas, casonas y antiguas construcciones realizadas en adobe, algunas con varios siglos de historia y valor patrimonial.
Para llegar a Fiambalá se toma la Ruta Nacional 60. Desde allí, la Ruta Provincial 34 permite avanzar hacia Saujil y Medanitos, y luego se accede a las dunas de Tatón por caminos de tierra. Por las condiciones del terreno, la recomendación habitual es realizar el recorrido en 4x4 y con guías habilitados, tanto por seguridad como para evitar daños en las dunas.
Fiambalá y Tinogasta funcionan como bases para organizar la visita. Ambas localidades cuentan con alojamientos, campings, restaurantes, proveedurías y excursiones hacia las dunas, las termas y otros atractivos cercanos. Así, este paisaje del norte catamarqueño combina desierto, historia, descanso y aventura en una misma ruta.




