El hábito perdido de los años 70 que hacía más fuertes a los niños, según la psicología
La psicología analiza cómo el aburrimiento y la gestión de conflictos en la infancia de los 70, a través del juego en la vereda, forjaban una mayor fortaleza emocional en los niños.
La psicología asocia el juego libre y el contacto cara a cara con habilidades como la resiliencia, la creatividad y la autorregulación.
MDZLa frase "la crianza de antes era mejor" es una de las más escuchadas en las mesas famialires. Sin embargo, la psicología analizó la crianza de antes y determinó que las infancias de 1960 y 1970 tuvieron otras características que hoy ya no existen. Con la vereda como punto de encuentro, los niños de entonces desarrollaron resiliencia y la autorregulación emocional.
Según algunos estudios, esta habilidad se incorporó a través de horas jugando en la vereda sin supervisión constante de adultos y enfrentándose a los conflictos. Ese entorno les enseñó que eran capaces de solucionar problemas por sí mismos y no necesitaban la ayuda de un tercero.
El psicólogo estadounidense Peter Gray, especialista en evolución infantil, sostiene que los niños de antes se aburrían, negociaban reglas con sus pares y toleraban la frustración cuando un juego no salía como querían. Al contrario de los que sucede hoy con la inmediatez digital y la sobreprotección, los niños de los 60 y 70 gestionaban sus emociones en la práctica diaria.
Por qué cambió hoy, según la psicología
Los especialistas explican que el aumento de la inseguridad, el tráfico y el estilo de vida en ciudades hizo que la vereda como espacio de crianza desapareciera. Hoy el juego está hipervigilado por adultos o privatizado dentro de las casas o exclusivamente dentro de una pantalla.
La llegada del celular y los videos cortos alteró el cerebro. El aburrimiento casi se erradicó y ante el mínimo segundo de quietud se busca una pantalla. El cerebro recibe un shock instantáneo de dopamina, por lo que el niño no aprende a tolerar lo aburrido.
Las diferentes ciencias señalan que no es una cuestión de crianza, sino de contexto.


