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El árbol que se puso de moda en patios chicos: no rompe pisos y da granadas dulces

Este árbol se volvió una opción práctica para el hogar por su crecimiento controlado, su resistencia al calor y su fácil cuidado.

Este árbol es ideal para patios o chicos o terrazas.

Este árbol es ideal para patios o chicos o terrazas.

Elegir un árbol frutal para la casa parece simple hasta que aparecen los detalles que nadie mira al principio. El espacio real. La sombra que va a dar. Y, sobre todo, lo que pasa con las raíces con el paso del tiempo.

Durante años, el limonero fue el clásico de patios y jardines. Hoy, muchas personas están mirando hacia otro lado y están plantando granados. No solo por la fruta. También por cómo se comporta en espacios urbanos.

Un frutal “amigable” con pisos y veredas

El granado tiene una ventaja que en una casa se vuelve decisiva: suele desarrollarse sin empujar con fuerza el suelo de alrededor. Eso reduce el riesgo de encontrarse, a futuro, con baldosas levantadas, veredas marcadas o grietas cerca de un cantero. Por esa razón aparece cada vez más en jardines pequeños, patios con superficie dura, entradas angostas e incluso terrazas donde no se puede improvisar. Es un frutal que convive mejor con el entorno cuando el espacio es limitado.

granado

A esa cualidad se suma algo que también pesa en la vida cotidiana: no demanda una atención permanente. El granado es una especie rústica. Se banca bien los días de calor. Tolera períodos con poca agua. Y no obliga a estar encima con tareas semanales. Para que crezca sano, el combo es simple: un sustrato que drene y no retenga agua de más, buena cantidad de luz y riego sin exagerar. La regla práctica es mirar la tierra antes de regar. Si todavía está húmeda, conviene esperar.

Por qué suma belleza y también sabor

Además de ser práctico, es un árbol que viste el lugar. Tiene un verde agradable y, en temporada, se llena de flores rojas intensas que cambian por completo el patio o el balcón. Esa parte ornamental explica por qué muchos lo eligen incluso antes de pensar en la cosecha. Después llega el premio: las granadas. Son frutos frescos, jugosos, con ese punto dulce que funciona tanto para comer así nomás como para sumar a ensaladas o jugos. También se las valora por sus compuestos antioxidantes, un dato que ayuda a que gane fanáticos en hogares que buscan opciones más naturales.

En cuanto al mantenimiento, no suele ser exigente. No hace falta vivir con tijera de podar en la mano. Tampoco es un árbol que pida “comida” todo el tiempo. Con cuidados normales alcanza. Y, en general, no es de los que se enferman fácil, algo que tranquiliza a quienes no tienen experiencia en jardinería. Si el lugar tiene sol y el riego no se pasa de rosca, el granado suele responder bien.

Cuánto tarda en dar frutos y cómo va en maceta

La paciencia es parte del proceso. Lo habitual es que el granado empiece a producir entre los dos y tres años después de plantarlo, siempre que tenga buena luz y un manejo correcto del agua. No es inmediato, pero tampoco es una espera eterna. Y si no hay jardín, hay una buena noticia: se adapta muy bien a la maceta. La clave es elegir un recipiente grande, con agujeros de salida y una mezcla de tierra que no se apelmace. Después, ubicarlo donde reciba varias horas de sol al día.

En maceta, el riego debe ser regular, pero con criterio. Ni abandono total ni charcos constantes. Un buen truco es tocar la capa superior del sustrato: si está seca, se riega; si está fresca, se deja pasar. Cada tanto, un aporte moderado de abono puede ayudar a que florezca mejor y, con el tiempo, aumente la producción. Con esas pautas, el granado se convierte en ese tipo de planta que acompaña, decora y, cuando llega su momento, también da fruta.