Dos playas de Brasil para escapar del frío en junio sin hacer un viaje eterno
Búzios y Praia do Rosa aparecen entre las alternativas más elegidas por los argentinos que buscan clima agradable, playas y tarifas más baratas en junio.
Junio ofrece playas con temperaturas templadas y menor movimiento turístico en varios destinos del litoral brasileño.
Las primeras heladas, las mañanas que obligan a salir con abrigo y los días cada vez más cortos suelen despertar la misma idea en muchas personas: hacer una escapada hacia algún lugar donde el invierno todavía no haya tomado el control. Y no hace falta viajar demasiado lejos para encontrar estas playas.
A pocas horas de Argentina, dos destinos de Brasil vuelven a aparecer entre los favoritos de quienes buscan cambiar el frío por playas, temperaturas agradables y un ritmo mucho más relajado. La ventaja de viajar durante junio es que la temporada alta todavía parece lejana.
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Eso se traduce en playas menos concurridas, hoteles con mayor disponibilidad y, en muchos casos, tarifas más accesibles que durante el verano. En ese escenario, Búzios y Praia do Rosa destacan como dos opciones diferentes entre sí, pero con algo en común: ofrecen una pausa del invierno sin necesidad de cruzar medio mundo.
Búzios, el clásico que sigue enamorando
Ubicada en el estado de Río de Janeiro, Búzios mantiene desde hace años un lugar privilegiado entre los destinos preferidos de los argentinos. Su combinación de playas, gastronomía y vida al aire libre la convierte en una alternativa atractiva prácticamente durante todo el año.
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Durante junio, las temperaturas máximas suelen ubicarse entre los 24 y los 27 grados. El clima permite caminar junto al mar, recorrer sus calles comerciales o disfrutar de excursiones sin el calor intenso que caracteriza al verano brasileño.
El acceso también resulta relativamente sencillo. Los viajeros suelen volar desde Buenos Aires hasta Río de Janeiro en un trayecto de aproximadamente tres horas y luego completar el recorrido por tierra hasta Búzios, un viaje que puede demandar entre dos y tres horas adicionales.
Praia do Rosa, una opción más tranquila
Para quienes prefieren naturaleza y menos movimiento turístico, Praia do Rosa aparece como una alternativa cada vez más popular. Este destino ubicado en Santa Catarina conserva un perfil más relajado y alejado de las grandes concentraciones de visitantes.
En junio, las temperaturas máximas suelen oscilar entre los 21 y los 23 grados, condiciones ideales para caminar por la costa, recorrer senderos naturales o simplemente descansar frente al mar. Aunque el agua ya no tiene la temperatura del verano, el paisaje mantiene gran parte de su atractivo.
La forma más habitual de llegar es mediante un vuelo hacia Florianópolis y luego un traslado terrestre de aproximadamente una hora y media. Esa relativa cercanía explica por qué tantos argentinos lo incorporaron a sus planes de viaje durante los últimos años.
Menos turistas y precios más amigables
Uno de los principales atractivos de viajar en junio es que la demanda turística disminuye considerablemente respecto de enero y febrero. Eso suele traducirse en mejores oportunidades para encontrar alojamiento y promociones en distintos servicios.
En Búzios, por ejemplo, es posible encontrar hoteles y posadas con valores más bajos que durante el verano, mientras que Praia do Rosa mantiene una oferta variada de cabañas, hosterías y alojamientos boutique que aprovechan la menor ocupación para ofrecer tarifas competitivas.
Para muchos viajeros, esa combinación de clima agradable, menor cantidad de turistas y costos más moderados termina siendo tan importante como el destino en sí. Y en un contexto donde cada gasto cuenta, elegir el momento adecuado para viajar puede marcar una diferencia importante.
Por eso, cuando el invierno empieza a hacerse sentir en Argentina, Búzios y Praia do Rosa vuelven a aparecer entre las opciones más buscadas. No prometen calor tropical extremo ni playas repletas de movimiento, pero sí algo que muchos valoran cada vez más: unos días de sol, tranquilidad y temperaturas mucho más amigables que las que quedan del otro lado de la frontera.


