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Dormir mal, vivir cansado y la irritabilidad: cuándo el cuerpo empieza a pedir ayuda

En diálogo con MDZ, la médica integral Cynthia Lombardi explicó por qué cada vez más personas viven en un estado de alerta permanente y cuáles son los síntomas.


La rutina acelerada, las exigencias laborales, las preocupaciones económicas y la hiperconectividad hicieron que vivir bajo presión se convirtiera, para muchas personas, en algo cotidiano. Dormir mal, sentirse agotado desde que comienza el día, reaccionar con irritabilidad o tener dificultades para concentrarse suele atribuirse al cansancio normal de la vida moderna.

Sin embargo, detrás de esas señales puede esconderse un problema mucho más profundo. En ese contexto, MDZ conversó con la médica integral Cynthia Lombardi (mat. 12914), profesional con diplomatura en Neurociencias avalada por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y formación en coaching ontológico, para comprender qué hay detrás de un concepto que cada vez aparece con mayor frecuencia en redes sociales y en las consultas médicas: el llamado "sistema nervioso saturado".

Un estado de alerta que el cuerpo no puede sostener para siempre

Lo primero que aclara Lombardi es que "sistema nervioso saturado" no constituye un diagnóstico médico. Se trata de una expresión utilizada para explicar, de forma sencilla, las consecuencias que puede tener permanecer durante largos períodos bajo situaciones de estrés.

"El cuerpo está preparado para responder al estrés, pero no para mantenerse permanentemente en ese estado", explicó la médica durante la entrevista con MDZ.

Según detalló, cuando una persona atraviesa durante semanas o meses conflictos laborales, problemas familiares, presiones económicas o situaciones emocionales intensas, el organismo mantiene activados mecanismos biológicos diseñados originalmente para reaccionar frente a peligros inmediatos.

Dormir mal, sentirse cansado durante todo el día o reaccionar con mayor irritabilidad pueden ser algunas de las señales de un estrés sostenido que merece atención profesional.

En ese proceso aumenta la producción de hormonas como el cortisol y otros neurotransmisores relacionados con la supervivencia. Si esa activación no encuentra momentos suficientes de recuperación, comienza a generar alteraciones que impactan en distintos sistemas del organismo.

"La consecuencia es que el cerebro mantiene encendidos circuitos relacionados con la alerta permanente. Eso termina afectando el sueño, la memoria, la atención, la regulación emocional e incluso el funcionamiento del sistema inmunológico y cardiovascular", señaló Cynthia Lombardi.

Para explicar el fenómeno, Lombardi recurrió a una comparación con la evolución humana. Antiguamente, una descarga de adrenalina permitía escapar de un depredador y luego el organismo volvía naturalmente a un estado de equilibrio. Hoy ocurre algo distinto: las amenazas dejaron de ser físicas, pero fueron reemplazadas por preocupaciones constantes.

"Pasamos de un problema laboral a otro; después aparece una dificultad económica, un conflicto familiar o una preocupación cotidiana. El cuerpo responde igual que hace miles de años, pero nunca encuentra el momento para recuperarse", explicó.

No todos los síntomas significan estrés

Uno de los mensajes que la especialista buscó remarcar durante la entrevista fue la importancia de evitar el autodiagnóstico. Dolor de cabeza frecuente, cansancio permanente, insomnio, irritabilidad, dificultad para concentrarse o infecciones repetidas pueden aparecer en personas con estrés crónico, pero también pueden estar relacionados con enfermedades hormonales, neurológicas, trastornos del sueño, anemias, ansiedad, depresión u otras patologías.

"Ninguno de estos síntomas es exclusivo del estrés. Siempre es necesario realizar una evaluación médica completa para descartar causas orgánicas antes de atribuir todo a una sobrecarga emocional", afirmó la médica integral. Por ese motivo, Lombardi explicó que su enfoque de medicina integral busca trabajar en paralelo tanto la salud física como la emocional. "La persona necesita ser abordada como un todo. No alcanza solamente con decir 'los estudios dieron bien' si el paciente sigue sintiéndose mal. Tampoco hay que ignorar lo emocional cuando existe un problema físico", sostuvo.

Los hábitos que alimentan la saturación del sistema nervioso

Durante la charla con MDZ, la médica enumeró algunos de los comportamientos que, sostenidos durante largos períodos, favorecen este estado de alerta permanente.

Entre ellos destacó el estrés laboral continuo, dormir pocas horas, el uso excesivo de pantallas —especialmente antes de acostarse—, el sedentarismo, la falta de pausas durante la jornada y la necesidad de permanecer siempre disponible.

El estrés sostenido puede alterar el sueño, la memoria, la concentración y el equilibrio emocional si se mantiene durante largos períodos, advierten los especialistas.

También cuestionó la cultura del multitasking. "Socialmente se celebra hacer muchas cosas al mismo tiempo, pero a largo plazo eso termina saturando el sistema nervioso", explicó. Para contrarrestar ese efecto, recomendó incorporar pequeñas pausas reales durante el día, aunque sean de pocos minutos. "Salir al sol, caminar, tomar un mate mirando el paisaje, dejar el teléfono lejos durante un rato o simplemente detenerse unos minutos pueden ser herramientas muy valiosas para darle al cerebro un espacio de recuperación", indicó la doctora Lombardi.

Cuándo es momento de pedir ayuda

Para Lombardi, una de las principales dificultades es que muchas personas naturalizan síntomas que deberían llamar la atención. "No es normal vivir con dolor de cabeza todos los días. Tampoco es normal sentirse constantemente enojado, dormir mal durante meses o reaccionar de manera desproporcionada frente a cualquier situación", aseguró.

La especialista explicó que es recomendable consultar cuando esos síntomas persisten durante varias semanas, afectan el desempeño laboral, las relaciones personales o el descanso, o cuando aparecen ataques de pánico, crisis de ansiedad, tristeza persistente, pérdida del interés por actividades que antes generaban placer o la necesidad de consumir sustancias o medicamentos para poder afrontar el día.

En esos casos, insistió, la intervención temprana resulta clave para prevenir consecuencias más importantes. "Aprender a pedir ayuda también forma parte del tratamiento. Muchas personas esperan hasta que el cuerpo ya no puede más, cuando en realidad cuanto antes se intervenga, mayores son las posibilidades de evitar complicaciones", afirmó.

Finalmente, Cynthia Lombardi dejó una reflexión que resume el eje central de su trabajo: el problema no es sentir estrés, porque se trata de una respuesta natural del organismo, sino permitir que ese estado de alerta se vuelva permanente. "Escuchar las señales antes de que el cuerpo tenga que gritar es una de las mejores decisiones que una persona puede tomar para cuidar su salud", concluyó.