Dónde queda la Pampa del Leoncito y por qué el daño ambiental podría durar décadas
La Pampa del Leoncito está en Barreal, San Juan; una camioneta ingresó al suelo húmedo, dejó surcos profundos y reabrió el debate sobre su protección ambiental.
La superficie clara y arcillosa de la Pampa del Leoncito se vuelve extremadamente vulnerable después de las lluvias.
ShutterstockDesde lejos parece una extensión blanca, firme e interminable bajo la cordillera de los Andes. Sin embargo, después de una lluvia, esa postal cambia por completo: la superficie de la Pampa del Leoncito pierde consistencia y cualquier vehículo puede abrir surcos capaces de permanecer visibles durante varias generaciones.
Este paisaje, conocido también como Barreal Blanco, se encuentra unos 20 kilómetros al sur de la localidad de Barreal, en el departamento Calingasta, al sudoeste de San Juan. La planicie tiene aproximadamente 12 kilómetros de largo y cinco de ancho y se accede por la Ruta Nacional 149. Aunque comparte el nombre y está cerca del Parque Nacional El Leoncito, no se trata exactamente del mismo espacio: la Pampa es el gran barreal utilizado, bajo condiciones controladas, para actividades como el carrovelismo. Su horizonte despejado y el viento casi constante explican tanto su atractivo turístico como las condiciones excepcionales para los deportes a vela.
Cómo ocurrió el daño en la Pampa del Leoncito
El episodio que volvió a poner al lugar en el centro de la atención ocurrió durante el segundo fin de semana de agosto. Una camioneta ingresó al sector pese a que la circulación estaba restringida desde julio por las precipitaciones, las heladas y la humedad acumulada. El vehículo avanzó cerca de 1,5 kilómetros y quedó encajado.
Las maniobras posteriores para intentar liberarlo habrían ampliado el sector afectado: se registraron tramos recorridos en reversa, el uso de una rampa metálica y nuevas marcas atribuidas a una moto. El relevamiento difundido por las autoridades locales mostró huellas que alcanzaban aproximadamente 25 centímetros de profundidad.
Por qué las marcas pueden durar tantos años
El problema no se limita a una alteración visual. El Barreal Blanco posee una superficie fina y arcillosa que, cuando se satura de agua, se deforma bajo el peso de personas y vehículos. Una vez que el terreno vuelve a endurecerse, los surcos quedan incorporados al paisaje y no pueden borrarse con maquinaria sin provocar un impacto todavía mayor.
El intendente de Calingasta, Sebastián Carbajal, estimó que las huellas más profundas podrían necesitar cerca de un siglo para desaparecer. Ese plazo debe entenderse como una proyección basada en daños anteriores y no como el resultado de un nuevo informe técnico definitivo publicado sobre este episodio.
Restricciones, investigación y posibles sanciones
La camioneta quedó retenida mientras avanzan las actuaciones destinadas a establecer responsabilidades. El municipio presentó la denuncia y planteó que el caso no quede reducido a una contravención, mientras se analiza impulsar sanciones más severas para quienes deterioren sitios patrimoniales. En paralelo, el Gobierno de San Juan mantuvo restringido temporalmente el ingreso vehicular. La Dirección de Patrimonio Cultural calculó que el terreno necesitará alrededor de 30 días de condiciones favorables para completar su secado, aunque la reapertura dependerá del clima. También se anunciaron controles reforzados y un nodo informativo en el acceso para explicar a residentes y turistas por qué no se puede circular cuando la superficie está húmeda.
La diferencia entre esos plazos es central: un mes corresponde al tiempo estimado para que el suelo recupere dureza suficiente y pueda evaluarse una reapertura; las huellas ya producidas podrían permanecer durante décadas. La Pampa del Leoncito continúa siendo uno de los paisajes turísticos más singulares de San Juan, pero su apariencia desértica no la vuelve indestructible. Respetar la cartelería, estacionar únicamente en los sectores habilitados y consultar las indicaciones oficiales antes de viajar son medidas indispensables para que el disfrute del lugar no se convierta en otro daño permanente. Antes de partir, conviene comprobar si la restricción permanece vigente.