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De la cédula al DNI electrónico: así cambió la identidad argentina

De las antiguas libretas al DNI electrónico, la identificación argentina atravesó más de un siglo de cambios legales, técnicos y de seguridad.

El DNI argentino cambió de formato y tecnología a lo largo de más de cien años.

El DNI argentino cambió de formato y tecnología a lo largo de más de cien años.

Renaper

Antes de las tarjetas de plástico, los códigos QR y los chips electrónicos, acreditar la identidad en la Argentina exigía cargar documentos de papel con fotografías, sellos y huellas digitales. La evolución desde las primeras cédulas y libretas hasta el DNI actual acompañó cambios políticos, sociales y tecnológicos durante más de un siglo.

Uno de los antecedentes decisivos apareció en 1891, cuando Juan Vucetich desarrolló un sistema para clasificar y archivar impresiones digitales. La identificación dactiloscópica permitió diferenciar a cada persona mediante sus huellas y se convirtió en la base de los registros posteriores. El Museo de la Identificación del Renaper conserva formularios, máquinas, pasaportes y distintas versiones de esos documentos.

Las libretas que acompañaron la vida cívica

La Libreta de Enrolamiento se consolidó como documento personal de los ciudadanos varones. La Ley 11.386, sancionada en 1926, estableció que debía incluir fotografía, firma, impresión del pulgar derecho, domicilio y un número de matrícula individual. Además de acreditar identidad, concentraba información militar y electoral. Cada ciudadano tenía la obligación de conservarla y presentarla ante autoridades nacionales, provinciales o municipales.

Las mujeres utilizaron la Libreta Cívica, asociada al reconocimiento de sus derechos electorales. Durante décadas, ambos formatos convivieron con cédulas expedidas por organismos policiales y otras credenciales. El sistema estaba fragmentado: la documentación podía variar según el sexo, la nacionalidad, la jurisdicción o la función para la cual había sido emitida. La creación del Registro Nacional de las Personas en 1948 inició una etapa de centralización.

El nacimiento de un documento único

La transformación central llegó en 1968 con la Ley 17.671. La norma otorgó al Renaper la competencia exclusiva para registrar e identificar a las personas y expedir el Documento Nacional de Identidad. Cada habitante pasó a contar con un número fijo, exclusivo e inmutable, destinado a acompañarlo durante toda su vida.

La legislación también dispuso que el DNI fuera obligatorio siempre que una persona necesitara demostrar su identidad. El registro debía reunir datos desde el nacimiento, fotografías, impresiones dactilares y actualizaciones realizadas en diferentes edades. Con el paso del tiempo, el documento conservó su función legal, pero cambió de apariencia: dejó atrás la libreta de papel, incorporó herramientas digitales y finalmente adoptó el formato tarjeta.

El DNI electrónico y la nueva etapa digital

La actualización más reciente quedó regulada por la Disposición 55/2026 del Renaper, vigente desde el 1° de febrero de 2026. El diseño aprobado utiliza policarbonato, impresión láser y un chip sin contacto. Según la información oficial, sigue los parámetros establecidos por la Organización de Aviación Civil Internacional para documentos electrónicos de viaje.

El chip permite almacenar información biográfica y biométrica de manera encriptada, además de facilitar la verificación del documento mediante lectores NFC. El nuevo modelo también incorpora medidas de seguridad visibles, controles que requieren equipos específicos y recursos reservados para análisis forenses. Puede utilizarse como documento de viaje dentro del Mercosur y fue preparado para sumar funciones de identidad digital.

El recambio, sin embargo, no es obligatorio. El Renaper aclaró que los documentos vigentes mantienen su validez y que el acceso al formato electrónico es voluntario. Así, la identificación argentina entra en una nueva etapa sin invalidar de manera automática las tarjetas anteriores: la antigua huella estampada en una libreta deja paso a datos protegidos dentro de un chip.