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Crianza: qué hacer cuando los niños reclaman un celular o móvil

Son muchos los momentos durante la crianza en los que solo queremos que los niños y niñas permanezcan por un momento inmóvil y recurrimos a los dispositivos tecnológicos. Esto puede traer arrepentimientos. Aprende a lidiar con esta situación.
Foto: Pixabay
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Los dispositivos móviles han invadido la vida de todo el mundo y tienen un protagonismo esencial en nuestras rutinas diarias. Sin embargo, existen muchos temores acerca del uso que le dan los niños y niñas. Sobre todo, por la cantidad de información a la que pueden acceder a través de ellos y también por el impacto que puede traer en su salud y desarrollo el sedentarismo y la dependencia. Estos consejos pueden ayudarte a saber cómo actuar.

Un informe elaborado por UNICEF nos provee de información muy importante acerca de la crianza de los niños y niñas en este momento y de cómo deben actuar los padres cuando los pequeños reclaman un dispositivo móvil u otro tipo de tecnología.

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Al estar tan presentes en la vida cotidiana, los teléfonos móviles, tablets o computadoras son una verdadera atracción para los niños y niñas, sobre todo, por la cantidad de estímulos que estos dispositivos le ofrecen. Sin embargo, un uso inadecuado puede tener sus consecuencias.

De 0 a 6 años

Según la UNICEF, el uso excesivo de internet durante esta etapa de desarrollo no solo que no aporta grandes beneficios, sino que también “distrae” a los pequeños de otras actividades que sí son beneficiosas como jugar al aire libre, usar la imaginación o estar en contacto con amigos o familiares.

Por lo tanto, una presencia mínima de pantallas es lo más adecuado. Claro que esto también tiene su complicación ya que, cuando los padres deben realizar tareas o están ocupados pueden hacer uso de dispositivos tecnológicos para evitar que los niños estén en riesgo.

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Consejos:

  • Disminuir el uso del teléfono celular delante de los niños
  • Estimularlos con otro tipo de actividades físicas
  • Acompañar y supervisar el uso de internet
  • No usarlo como recompensa
  • Establecer horarios definidos
  • No convertir otras actividades lúdicas como “castigo”