Cómo nutrir las plantas cultivadas en agua para que crezcan sanas y fuertes
Las plantas cultivadas en agua, como el Potus o el Bambú de la Suerte, requieren nutrientes específicos más allá del agua para prosperar.
Los consejos para nutrirlas.
Hay plantas como el Potus o el Bambú de la Suerte que se han convertido en las estrellas de la decoración de interiores por su capacidad de vivir en ambientes hidropónicos. Cultivar estas especies en agua es una gran opción.
Cómo nutrir las plantas en agua
Un error común es pensar que el agua del grifo es suficiente para mantenerlas vivas a largo plazo. Las plantas cultivadas en agua visualmente son atractivas y permiten usar recipientes de vidrio transparentes que combinan con cualquier ambiente.
Sin embargo, detrás de esa aparente autosuficiencia se esconde una realidad que muchos aficionados desconocen: el agua por sí sola no contiene los minerales necesarios para sostener la vida de una planta de forma prolongada. En la naturaleza, las raíces absorben su alimento de la tierra; al prescindir de ella, el vegetal depende exclusivamente de lo que nosotros le aportemos.
Para evitar que las plantas detengan su crecimiento o terminen marchitándose, los expertos en jardinería recomiendan seguir una guía básica de nutrición y mantenimiento. Para suplir la falta de suelo, el uso de nutrientes externos es fundamental. La mejor opción del mercado es inclinarse por fertilizantes líquidos diseñados especialmente para hidroponía o para plantas de interior.
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El mayor error que se comete con el cultivo acuático es la falta de mantenimiento. Aunque es verdad que demandan menos trabajo que una maceta tradicional, no se las puede dejar al olvido.
El agua estancada pierde oxígeno y acumula bacterias. El secreto más importante es renovar el líquido por completo cada una o dos semanas.
Por otro lado, las plantas en agua necesitan luz para realizar la fotosíntesis, pero el sol directo es su peor enemigo. Lo ideal es ubicarlas en un espacio con luz indirecta brillante. Hay que evitar a toda costa el sol intenso, ya que este puede calentar el agua del recipiente, cocinando literalmente las raíces y propiciando la aparición de algas.